Sunday, March 5, 2017

Economía en tiempos de guerra...Ayer y hoy

por Alan Reynolds

Alan Reynolds es Académico Titular de Cato Institute.
Hace una década, cuando George Bush padre era presidente, la economía también se vio afectada simultáneamente por guerra y recesión. Pero la situación actual es un tanto diferente de la de 1990 y, en algunos aspectos, mejor. Lo más importante es que los precios del petróleo y las tasas de interés son mucho más bajas, y los negocios han podido deshacerse de inventarios excesivos todo el año.
Hace una década, cuando George Bush padre era presidente, la economía también se vio afectada simultáneamente por guerra y recesión. Pero la situación actual es un tanto diferente de la de 1990 y, en algunos aspectos, mejor. Lo más importante es que los precios del petróleo y las tasas de interés son mucho más bajas, y los negocios han podido deshacerse de inventarios excesivos todo el año.



La última recesión empezó en agosto de 1990, justo mientras Irak invadía Kuwait. Una de las razones es obvias: el precio del aceite subió más del doble en tres meses, de US $17 el barril en julio a US $36 en octubre. De hecho, han sido alzas bruscas en los precios del petróleo lo que ha precedido las recesiones de las últimas trés décadas, incluyendo esta. La diferencia ahora es que los precios de ese insumo han venido cayendo, pasando de más de US $34 en noviembre del año pasado a US $22 por estas fechas. Esas son las buenas noticias, las malas son que la demanda de energía cayó porque la producción ha declinado mes a mes durante todo un año.
En 1990, la producción industrial de Estados Unidos no ha empezado a  caer sino hasta septiembre, y luego sólo durante seis meses. Irónicamente, la diferencia puede hacer que el futuro sea un poco más fácil de manejar. A diferencia de 1990, los negocios ya han estado recortando inventarios y empleos por meses, por lo que hay menos necesidad y espacio para más recortes. Ninguna tienda con estantes vacíos puede vaciarlos por segunda vez; y, el hecho de que empezamos esta batalla con operaciones de manufactura por abajo del 75 por ciento de su capacidad, hace que sea ridículo preocuparse por estirar demasiado a la economía con muchas "pistolas y manteca".
La recesión actual no empezó el 11 de septiembre; empezó antes de marzo de este año, es probable que desde octubre del 2000. Las primeras debilidades aparecieron en ganancias y en inversión, no en el gasto de consumo. Las pocas ganancias obligaron a las compañías a reducir primero la inversión en inventarios y equipo, y luego a despedir a trabajadores.
Durante el último año, un alza en los costos de mano de obra, de energía y de intereses, exprimió el margen de ganancia. La energía y los intereses están claramente bajando y la mano de obra también lo hará. Estos costos subieron a una taza de 8.9 por ciento anual durante el último trimestre del año pasado, incluso después de un ajuste para productividad. Con los precios de los negocios subiendo únicamente un 1.5 por ciento y los costos de mano de obra un 8.9 por ciento, algo tenía que ceder. Afortunadamente, parece que la paga y los beneficios se han moderado, minimizando la única alternativa (despidos). La recuperación económica reducirá aún más los costos al aumentar el número de unidades producido por cada trabajador (productividad).
Así como energía más barata es buenas noticias para las industrias que usan mucho combustible o electricidad, el crédito más barato es bueno para aquellas compañías que se endeudaron demasiado. Los precios del petróleo bajaron también después de octubre de 1990, lo cual ayudó a terminar la recesión, pero las tasas de interés fueron más lentas en moverse.
En 1990, la Reserva Federal mantuvo la tasa de sus fondos arriba de 8.2 por ciento en septiembre y la redujo muy gradualmente. La tasa de los fondos no se redujo a 3 por ciento sino hasta diciembre de 1992-21 meses después de que la recesión terminara. En contraste, tenemos que ahora la tasa de los fondos ya bajó a 2.5 por ciento y muchos piensan que bajará todavía más. Eso tiene que hacer una diferencia enorme. Las familias y las firmas pueden refinanciar sus deudas antiguas a tasas más bajas, y aquellos sentados sobre fondos del mercado de dinero tienen un incentivo más fuerte para invertir.
Antes del 11 de septiembre, mientras algunos reaccionarios seguían debatiendo si la recesión había empezado, algunas estadísticas clave indicaban que más bien se acercaba a su término. Indicadores claves habían subido durante algunos meses y el estudio de septiembre de la Asociación Nacional de Administradores de Compra (NAPM, por sus siglas en inglés) resultó en 47-menor fraccionalmente que agosto, pero significativamente mayor al 42.1 de mayo y al 43.6 de julio. Hace una década, ese mismo estudio de la NAPM bajó de 46.1 en agosto de 1990 hasta 39.2 en enero del año siguiente. Cuando el estudio se presentó el mes siguiente, sin embargo, señaló que el fin de la recesión llegaría en tan sólo otro mes.
Si usted quiere saber lo que se aproxima, mantenga el ojo en medidas como la producción y las ganancias, no el empleo o la "confianza". Enfóquese sobre el lado de la oferta, que es el que en última instancia determina la demanda.
El desempleo es un indicador notorio de desaceleración que subió un punto porcentual mucho después del fin de la recesión. La confianza del consumidor reacciona a las noticias económicas, no las causa. El estudio de confianza de la Conference Board alcanzó una baja cíclica de 55.2 en enero de 1991, mucho menor que hoy. Sin embargo el gasto de consumo subió durante el mes siguiente a ese estudio sombrío y siguió aumentando en un 3.1 por ciento durante el año siguiente.
Precios más altos en el petróleo y en las tasas de interés siempre han empujado a la economía a la recesión. Precios más bajos en el petróleo y tasas de interés más bajas siempre han tenido el efecto opuesto. ¿Por qué habría hoy de ser diferente? Sí, es cierto que los consumidores pueden posponer algunas comprar un par de meses, pero comprar menos hoy o más después sólo hace del siguiente un año más fuerte, y cuando la gente gasta menos en una cosa invariablemente gasta más en otra.
Los mercados de capital a la alza siempre son seguidos por un alza en la confianza del consumidor; afortunadamente, sabemos lo que le sucede normalmente a los precios de las acciones poco después del pánico inicial de una guerra. Cuando Irak invadió Kuwait el 2 de agosto de 1990 el mercado recibió un golpe fuerte, pero EE.UU. no respondió sino hasta el 17 de enero de 1991. Al día siguiente, un titular del New York Times leía "Las acciones suben y el petróleo cae tras noticias de guerra". En el término de dos meses, el Dow había subido en 19.8 por ciento, como, de manera similar, subió en un 21.3 por ciento dos meses después de la Crisis de Mísiles de Cuba. Acciones firmes evidentemente  inspiran confianza.
Poco después del 9/11, prominentes escritores económicos aconsejaron la compra de acciones por razones patrióticas. A juzgar por lo que pasó en los meses después de situaciones similares, incluso ese consejo prematuro pagará dentro de poco. Los patriotas no tienen que sentirse culpables por invertir en los Estados Unidos, pues ese es estilo americano.

No comments:

Post a Comment