Tuesday, March 7, 2017

Cuando Pancho Villa atacó a Columbus


Cuando Pancho Villa atacó a Columbus


Por Daniel González
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Un ejército de 500 hombres encabezados por Pancho Villa, el bigotón revolucionario mexicano más famoso de la época, avasalló el pueblo fronterizo de Columbus, Nuevo México, y marcó –hace 100 años- la única vez que se ha invadido suelo norteamericano. A su paso por el pueblo mataron 18 norteamericanos, incendiaron edificios, robaron caballos, y se llevaron armas y municiones.

Dicho asalto se convirtió –y es hasta la fecha- en la más importante de todas las incursiones fronterizas, producto de una época políticamente inestable tanto en el Norte de México como el Oeste de Estados Unidos.

Pero el ataque, que se conmemoró recientemente en Columbus, es también un recordatorio que la frontera Estados Unidos-México ha sido durante mucho tiempo fuente de conflictos y tensiones. De vez en cuando, hay estallidos y confrontaciones. En enero de este año, por ejemplo, elementos armados de la Guardia Nacional se toparon con personas armadas –presuntamente mexicanas- cerca de El Sásabe, en el Sur de Arizona, y se les criticó por retirarse y evitar una confrontación a tiros.





“Hay algunas buenas similitudes en el sentido de que en el lado mexicano imperaba el desorden y ausencia de la ley, y mucho de eso se transfirió a los Estados Unidos. Ahora tenemos a los principales carteles de la droga disputándose los corredores que llegan a los Estados Unidos”, dijo James Carafano, un historiador militar de Heritage Foundation.

No obstante, hay marcadas diferencias entre las incursiones actuales de supuestos narcotraficantes e inmigrantes indocumentados, y el ataque militar de Villa sobre Columbus. “Creo que son dos sucesos completamente distintos. Aquello fue un evento político, no actos delictivos”, dice el historiador Friedrich Katz, un experto en el tema de Pancho Villa.

Sin embargo, véase a través del lente que se vea, la incursión villista es mucho más que una simple cita histórica para los residentes del pequeño poblado fronterizo de Columbus, y en las relaciones entre ambos países. No hay que olvidar que a principios de 1900, Estados Unidos emergía como potencia mundial, mientras México estaba inmerso en una sangrienta revolución, y Europa estaba hundida en la Primera Guerra Mundial.

En este contexto y al principio del conflicto revolucionario mexicano, Estados Unidos se había aliado con Villa en su lucha contra la Ciudad de México. El ex bandido, conocido por usar sombreros de ala ancha y cananas cruzándole el pecho, se había convertido en el líder revolucionario más importante del Norte de México.

Pero Villa se sintió traicionado cuando Estados Unidos, al mando del presidente Woodrow Wilson, cortó el abasto de armas y empezó a apoyar al régimen del presidente mexicano Venustiano Carranza, con la esperanza de volver a restaurar la estabilidad de México. Villa se enfureció todavía más cuando Estados Unidos permitió que las tropas de Carranza viajaran en trenes norteamericanos de Tejas a Douglas, Arizona. Como resultado de esto, Villa sufrió grandes pérdidas durante una batalla en Agua Prieta, al otro lado de Douglas.

Puesto que hacía menos de 70 años que los Estados Unidos -siguiendo la creencia popular del Destino Manifiesto para expandirse de costa a costa-, se habían quedado con la mitad del territorio mexicano (dichos terrenos se convirtieron en los actuales estados norteamericanos de California, Nevada, Utah, Arizona, Colorado, y Nuevo México), Villa tenía razones para creer que su vecino del norte estaba tratando de colonizarlo.

Al respecto dice Jolane Culhane, profesora de historia en Western New Mexico State University, que Villa “probablemente tenía una justificada desconfianza ya que no sabía cuáles eran nuestros objetivos”. “Nosotros (Estados Unidos) estábamos demostrando nuestra fuerza e interviniendo en cualquier parte de Latinoamérica que nos diera la gana”.

A las agresiones formales y presuntas, Villa respondió atacando a los norteamericanos que vivían en México. En enero de 1916, sus soldados, conocidos como “Dorados”, asaltaron un tren en Chihuahua y mataron a 18 empleados de la empresa minera Asarco. Las tensiones se inflamaron todavía más cuando un guardia de una cárcel en El Paso les prendió fuego con un cerillo a prisioneros mexicanos rociados previamente con petróleo, quienes ardieron vivos. Las condiciones para el ataque de Villa a Columbus se habían dado.

Ataque desastroso

Para evitar ser detectados, los villistas cruzaron la frontera al oeste de Palomas, al otro lado de Columbus.

El general villista Ramón Banda Quesada utilizó un lugar cerca de Kotes Hill, en la esquina sudoeste de Columbus, como área de organización del ataque. Dividió a los villistas en cuatro grupos. Dos avanzaron hacia el pueblo desde diferentes direcciones. Los otros dos atacaron un destacamento de la Caballería de Estados Unidos estacionado en Camp Furlong, uno de una serie de campamentos ideados para proteger la frontera de los bandidos. Uno de los primeros disparos impactó un reloj en la estación del tren, deteniendo el tiempo a las 4:11 a.m.

Los villistas allanaron todos los negocios, excepto tres de ellos, saqueándolos y llevándose armas y municiones. Se robaron los caballos del establo de la caballería, e incendiaron la Tienda Mercantil Lemon and Romney, de donde las llamas se propagaron al Hotel Comercial y a dos casas.

Pero esta mal aconsejada incursión fue un desastre para los villistas.

Un teniente de caballería rápidamente organizó algunos elementos de la tropa e instaló una ametralladora en la Calle Broadway entre el Hotel Hoover y el Banco Estatal de Columbus. Otro oficial, el teniente John Lucas, instaló junto con sus hombres otra ametralladora en la Calle Main. Los villistas quedaron atrapados en un fuego cruzado y, al llegar el día, retrocedieron hacia México, seguidos por la caballería norteamericana.

“Básicamente iban corriendo al otro lado de la frontera para ‘salvar el pellejo’”, dijo Richard Dean, presidente de la Sociedad Histórica de Columbus, Nuevo México. Su bisabuelo, James T. Dean, resultó muerto en el ataque. Al finalizar la batalla habían muerto 18 norteamericanos. Villa perdió entre 80 y 90 hombres en Columbus, y un número no determinado durante la retirada hacia México.

La respuesta del presidente Wilson fue rápida, Menos de una semana después, envió un contingente militar de 10 mil tropas al mando del general John J. Pershing para invadir México y cazar a Villa. Pershing permaneció en México durante 11 meses. Una confrontación con tropas federales mexicanas en el pueblo de Carrizal, puso a México y los Estados Unidos al punto de guerra.

Ante la inminencia de la guerra contra Alemania se forzó el regreso de Pershing, con las manos vacías, a Estados Unidos. Villa, quien continuó su lucha, finalmente negoció la paz y se retiró. Posteriormente fue asesinado.

Las conmemoraciones se dividen

En Columbus, algunos residentes siguen amargados por el ataque de Villa, y se sienten ofendidos que un parque estatal lleve su nombre.

“Los neoyorquinos no le pondrían el nombre de Osama bin Laden a un parque en Manhattan,” dice Dean, el presidente de la sociedad histórica. “Entonces, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros aquí cuando estamos en presencia de alguien que vino y saqueó el pueblo?”

El 10 de marzo, dicha organización privada leyó los nombres de los 18 norteamericanos muertos debido a la invasión villista, durante un servicio en honor de aquellos.

Ese mismo día, funcionarios del Parque Estatal Pancho Villa conmemoraron el evento de una manera diferente: con una fiesta y desfile destacando una cabalgata. La llamada “cabalgata de la amistad” conmemora los lazos culturales e históricos entre Estados Unidos y México, no la destrucción del ataque de Villa, dijo Sylvia Brenner, una educadora del parque.

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