Wednesday, February 1, 2017

Trump y la CNN

Trump y la CNN

Juan Ramón Rallo considera que aún así CNN no tenga derecho de hacer preguntas, la razón por la cual Trump decidió negarle una pregunta es peligrosa.
Me preocupa que algunos liberales justifiquen la actitud de Trump de negar el turno de pregunta a la CNN. No porque crea que la CNN tiene un derecho a preguntar (que desde luego no lo tiene) sino porque el argumento que ofrece Trump para denegárselo es tremendamente peligroso: la CNN no tiene el turno de palabra porque ha publicado noticias falsas sobre Trump.
Y es verdad que el último informe anti-Trump al que la CNN ha dado cierta credibilidad no debería haber sido publicado jamás por un medio serio, por cuanto el informe está lleno de inexactitudes y ni siquiera se halla verificado. Pero eso no justifica que Trump se erija como juez y parte para condenar a la CNN y denegarle la palabra. Justificará, como mucho, que los ciudadanos comenzamos a desconfiar de la CNN y dejemos de utilizarla como portal de referencia: no que un político adquiera la potestad de zafarse de las preguntas de un periodista alegando que miente.



Los medios de comunicación no son ángeles: tienen sus sesgos, su ideología, sus intereses y sus agendas. Pero los políticos no están para controlar, poner coto y marginar a los medios de comunicación que les resulten desagradables o incómodos: están para ser controlados (entre otros) por esos medios de comunicación imperfectos y, en muchas ocasiones, criticables. Que un político (cualquier político) utilice alguna excusa para vetar a aquellos medios de comunicación que le molestan constituye un precedente, como poco, inquietante.
Trump, y cualquier político, tiene la obligación de someterse a la fiscalización de la ciudadanía, de la prensa, de los tribunales, de la oposición política, de Wikileaks, etc. Los políticos deben estar tan maniatados y supervisados como sea posible. Son ellos los que renuncian al derecho a no ser supervisados una vez entran en política.
Si en España nos llevábamos las manos a la cabeza cuando Podemos proponía vigilar desde los tribunales a aquellos medios de comunicación que mentían, si incluso nos preocupa que una empresa privada como Facebook pueda implementar algún protocolo que filtre y censure "noticias falsas", no deberíamos jalear que el presidente electo de EE.UU. se arrogue la potestad de mandar callar a un periodista porque, en su personalísima opinión, miente. Aunque mienta, él no es quien para evitar que le formule preguntas que no le gusten: su cargo exige que le sean formuladas para tratar de poner coto al enorme poder que detenta.

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