Sunday, February 12, 2017

Capitalicemos nuestra indignación




 David Noel Ramírez
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La llegada del nuevo Gobierno de los Estados Unidos ha generado una tremenda indignación.

Propongo que canalicemos toda esa energía para sanar el rostro maltratado de nuestra nación, para desterrar aquello que nos impide ser un buen socio estratégico del país vecino o de cualquier otro.

En México hay impunidad, corrupción, desempleo, pobreza, desigualdad, ilegalidad, indiferencia, irresponsabilidad, ausencia de respeto a los derechos humanos, líderes cínicos. Aceptémoslo.

Supongamos que queremos hacer negocios, ¿qué atributos nos gustaría que tuviera nuestro socio potencial? No hay duda que queremos que sea ético, justo, honesto, íntegro, responsable.

Y si ese socio potencial está seguro de contar con todos esos atributos, pero nosotros no lo percibimos así, ¿qué tiene que hacer? ¿Desgarrarse las vestiduras y molestarse con nosotros o trabajar en sí mismo y su persona para corregir sus errores y ser percibido de manera distinta?

Hablamos de un muro físico que nos molesta, ¿acaso en nuestras comunidades no abundan los muros de exclusión? ¿Acaso no rechazamos a quienes no piensan como nosotros o a aquellos que no pertenecen a nuestra clase social? Cuidado. Vemos la paja en el ojo ajeno y no miramos la viga que tenemos en el nuestro.

Hay que unirnos, claro, pero no en contra de una persona o de un país. Hay que unirnos para transformar a México, para erradicar todo aquello que destruye valor y nos impide ser una nación competitiva. Basta de lamentaciones, asumamos nuestra responsabilidad como mexicanos.

Si queremos lograr ser percibidos como un socio digno de cualquier nación, necesitamos luchar con mucha pasión, incansablemente y con una auténtica ciudadanía para:

· Que impere el Estado de derecho, premisa fundamental para restablecer la confianza, detonar la inversión y con ello propiciar un desarrollo económico que genere un mejor nivel vida.  Por ningún motivo podemos permitir que las personas que roban, secuestran o asesinan caminen libremente por las calles, mucho menos que nuestro sistema judicial los solape, cuando se debe a la población, a México.

· Erradicar la corrupción y la impunidad que han generado un daño inmenso e irreparable.
  Como ejemplo tenemos el fuero político, que no debe seguir existiendo. Si nuestros gobernantes sirven y crean valor a los ciudadanos, no tienen de qué preocuparse.

· Que el Gobierno, en todos sus niveles y poderes, se vuelva eficiente, ético y austero. Que renuncie a la cultura de subir impuestos y precios a sus servicios, y nos demuestre cómo se compite con ética y eficiencia.
  Es inaceptable que aumenten la gasolina y los impuestos, al mismo tiempo que en los últimos dos años se ha gastado más de lo presupuestado. A pesar de que se anuncian recortes, se siguen realizando gastos superfluos.

· Fortalecer la democracia ejerciendo una ciudadanía auténtica y responsable que obligue a los partidos políticos y a sus dirigentes a reinventarse, para estar a la altura del pueblo que pretenden gobernar, y sacudirse todo aquello que ha propiciado la pérdida de credibilidad en ellos.

· Atraer el mejor talento del mundo sin importar su nacionalidad.
  Ahora que en los Estados Unidos priva una fuerte cultura discriminatoria es la oportunidad para apuntalar la migración de México a la economía del conocimiento. 
En el Tecnológico de Monterrey, a través de Distrito Tec, estamos apostándole a ello. No tenemos duda que, si nuestro País es fuerte y seguro, el talento querrá vivir aquí, y con su llegada contribuirán a detonar la prosperidad.

Mucho se ha hablado de la riqueza de nuestro País en cuanto a recursos naturales y talento. Es el momento de unirnos como sociedad para delinear y poner en marcha una real y profunda transformación social que permita que todos los mexicanos tengan verdaderas oportunidades para una vida digna.

No necesitamos amenazas e insultos de ningún país para demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de liberarnos de todo aquello que nos impide evolucionar como sociedad.

Urge que cada uno de nosotros sea mejor, y con nuestro testimonio, como auténticos ciudadanos, que contagiemos e inspiremos a los demás.

Una sociedad mejora y se hace fuerte a partir de la suma de seres humanos íntegros, responsables y productivos.

Las crisis son oportunidades. No nos lamentemos más. Aprovechemos este momento para reinventarnos, para girar el rumbo, corregir lo que hemos hecho mal y abrirnos a nuevas y mejores ideas.

No condenemos a nuestros hijos a vivir en un país lastimado y herido. Transformemos a México en un hogar digno.


El autor es Rector del Tecnológico de Monterrey

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