Thursday, January 12, 2017

¿Y si subieren el precio del dólar y del petróleo? ¿Qué dirían?

Tal cual

Ángel Verdugo
Sería bueno preguntarnos acerca del peligro que representa —para una economía, en los tiempos que corren— una visión así.
Hoy, la volatilidad es la constante; lo imprevisto, de presentarse y por inusitado que fuere, posiblemente a nadie sorprendería. Ante un panorama así, ¿qué podríamos decir de los que desean que ésta o aquella variable permanezca sin cambio, o baje? ¿Que son unos ingenuos, cínicos y sinvergüenzas? ¿O mentirosos contumaces e irredentos?
Al margen de lo que pudiéremos opinar de ellos, de ésos que sueñan con una estabilidad que hace mucho desapareció, y de las razones que los han llevado a desear que las cosas permanezcan estables, sería bueno preguntarnos acerca del peligro que representa —para una economía, en los tiempos que corren—, una visión así.



¿Por qué planteo lo anterior, y a qué me refiero concretamente? Trataré de explicarme. Hoy, quien está al frente de la política fiscal y de gasto y su equipo —junto con el que estuvo en esa posición—, y sin duda, apoyados por el Presidente mismo, han planteado un esquema de precios de los combustibles que integra dos elementos acerca de los cuales, pensar que permanecerán sin cambio o bajarán su precio en las próximas semanas o meses, podría ser una peligrosa ilusión. Me refiero al precio del dólar, y al del barril de los crudos marcadores (West Texas Intermediate y Brent).
En un país donde la carga fiscal impuesta a los combustibles fuere razonable y, por ello, acorde con el ingreso de los consumidores y las posibilidades reales de los agentes económicos privados, el que aquellos dos elementos —dólar y petróleo— subieren de precio, no representaría para la economía en su conjunto, un problema imposible de procesar.
Por el contrario, cuando la carga fiscal impuesta a los combustibles fuere desproporcionada, y no guardare relación alguna con el ingreso de los consumidores y la situación de los agentes económicos privados, cualquier incremento —por pequeño que fuere—, de los precios del dólar y del petróleo, podría significar un rechazo cuyas consecuencias podrían, de no manejarse de manera adecuada, generar una situación de inestabilidad social.
Hoy, nuestro país se encuentra en este último caso. La carga fiscal de los combustibles es desproporcionada porque, ante las necesidades crecientes del gobierno —en lo que se refiere a recursos para financiar el elevado costo financiero de la deuda y un gasto público creciente—, no ha dudado en extraer más recursos de la sociedad en vez de ajustar significativamente el gasto público.
Busca, con miras a ocultar las razones de la alta carga fiscal impuesta en los precios de los combustibles, hacernos creer que el incremento se debe a la supresión de unos subsidios los cuales, a partir del 1 de enero del año 2016, no existen más en el precio de aquéllos.
¿Imagina usted, en este panorama volátil y con la economía de nuestros principales socios comerciales marcada por la inestabilidad, lo que generarían precios más altos de los combustibles? ¿Qué pasaría, de reflejarse en los precios locales de los combustibles las alzas del dólar y del petróleo?
Los que hoy no se cansan de repetir una mentira burda en materia de carga fiscal en el precio final de los combustibles, ¿qué dirían y harían mañana, ante una elevación de los precios del dólar y del petróleo, y su correspondiente impacto en los precios de los combustibles?
¿Aceptarían que nos mintieron, o defenderían la mentira que aún hoy, insisten en vender como verdad axiomática? ¿Son tan ingenuos, que aún piensan que los Pactos funcionan?
¡Pobre país!

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