Tuesday, January 10, 2017

Trump, ¿lo mejor que nos pudo haber pasado?



Eduardo Torreblanca
En la semana anterior el presidente electo en Estados Unidos hizo referencias muy específicas a la industria automotriz en su país. Lanzó amenazas a General Motors, la Ford prometió replantear una planta que tenía considerada para ubicarse en Sas Luis Potosó y por último le dio un 'jalón de orejas' a la Toyota.

El empresario incursionado a la política de su país no comprende el papel relevante que juega la industria automotriz apoyándose en el TLC norteamericano. Diríamos que es el sector productivo mejor acabado del concepto trilateral.

Proporciono algunas cifras: el comercio entre las tres naciones dentro del ámbito automotor alcanza cifras, al cierre de 2015, de 243 mil millones de dólares. El 77 por ciento de las autopartes que vende Estados Unidos al mundo lo hace tanto a Canadá como a México. El tercer socio de la Unión Americana es China que le compra 3.0 por ciento siguiendo Alemania con 1.7 por ciento y luego Japón con 1.6 por ciento. El 40 por ciento de lo que Estados Unidos compra en autopartes lo hace a México. Si agrega a Canadá a sus socios comerciales compra 55 por ciento del total de sus adquisiciones.

El 40 por ciento de un vehículo que se ensambla en México es de contenido de piezas que tuvieron como origen la Unión Americana.

Hay cantidades importante de empresas de autopartes que hoy juegan un papel relevante para el complejo automotor trilateral. No se hicieron de la noche a la mañana. Esos proveedores fueron desarrollados a lo largo de más de una o dos décadas.

Eso Trump no alcanza a entenderlo. Pero en su 'nacionalismo' económico el futuro presidente encierra una lección que debemos de asimilar. Permítame ofrecerle una anécdota para explicar el título de esta colaboración.

La anécdota me la platicó un productor de mermelada de manzana que en su momento fue apoyado por Fonaes, cuando era una institución que apoyaba a muy pequeños productores a lo largo y ancho del país y el director general era Ángel Sierra Ramírez.

Este personaje compartió a Universo Pyme la situación trágica a la que se enfrentó en 2010 cuando estaba cercano a 'levantar la cosecha' de sus manzanos en las hectáreas de la propiedad de su familia.

Era evidente que las manzanas estaban listas para ser cortadas, por lo que citó a sus colaboradores para que a la mañana siguiente, a las cinco les dijo, se dieran cita para hacer las tareas necesarias para recoger la cosecha.

Esa noche cayó una granizada que en su momento fue clasificada como una de las más intensas en una década. La granizada afectó a toda la manzana lista para ser cortada unas horas más tarde. A las cinco de la mañana ante todo el personal de apoyo este agricultor reconoció que la cosecha, toda, se había echado a perder. Todas las manzanas estaban afectadas.

La noticia cundió rápido entre la familia y la abuela del personaje habló a su nieto para conocer los detalles. El joven le dijo que todo se había perdido. Iba a ser una de las mejores cosechas en muchos lustros. Estaba, me contó, devastado. Reconoció que incluso lloró mientras contaba a su abuela las condiciones de las manzanas, la mayor parte de las cuales habían ya caído y las pocas que estaban sujetas al árbol estaban en pésimas condiciones.

La abuela le consoló y le recomendó recoger todas las manzanas en el suelo y recobrar las pocas que estaban en los árboles. A eso de las doce del día la abuela dio las instrucciones al personal de cómo tendrían que cortarse las manzanas, todas.

Antes de que dieran las ocho de la noche de ese día, la abuela con la colaboración del personal, convirtió esa cosecha 'echada a perder' en millares de frascos de exquisita mermelada de manzana.

Ese productor, que se pensaba perdido, al borde del suicidio, nunca más vendió la manzana en fresco. El fruto convertido en mermelada le ofrecía mayores ventajas pero sobre todo muchas más grandes utilidades.

De lo que se contempló como una desgracia, surgió una oportunidad que cambió el giro de la empresa del agricultor. Nunca más vendió una manzana en fresco.

Algo así pudiera surgir con la llegada de Donald Trump. Quizá nos veremos en la necesidad de encontrar nuevas vertientes de comercio exterior que no hemos aprovechado hasta el momento porque hemos preferido mantenernos en la 'zona de confort' que nos representa el mercado estadounidense.

México cuenta con una red de diez tratados de libre comercio con 45 países, 32 acuerdos para la promoción recíproca de las inversiones con 33 países, nueve acuerdos de alcance limitados (o acuerdos de complementación económica) y otros acuerdos de alcance parcial. Pero 85 por ciento de nuestro comercio lo realizamos con una sola nación a la que ahora llega un presidente enarbolando un 'nacionalismo' económico mal entendido.

Momento de hacer mermeladas. Trump pudiera ser lo mejor que le haya pasado a México.

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