Friday, January 13, 2017

REINVENTANDO EL GOBIERNO



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
 
Desde los pronunciamientos de la carta magna, las revoluciones mas importantes de la historia como la americana, la francesa, la rusa, la mexicana, hasta las publicaciones de La Rebelión de las Masas de Ortega y Gasett, y La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, encontramos un muy claro y común denominador; el levantamiento de los pueblos ante los gobiernos opresores. Desde el advenimiento de la Iglesia Católica como la fuerza económico política que dominó al mundo por siglos; hasta la rebelión de Martín Lutero. Desde el asenso de Lenin hasta la caída del muro de Berlín, la humanidad ha atestiguado la lucha entre el ciudadano común y los gobiernos abusivos. 


Ante la avenida del cambio tan esperado por el pueblo mexicano y prometido por nuestro nuevo y carismático presidente, nunca en la historia de nuestro país la oportunidad de finalmente construir nuestro gobierno sobre las verdaderas bases que vigoricen a nuestra sociedad, había estado tan a la mano. Es hora de finalmente regresar el poder que el estado le arrebató a la sociedad civil, y ha tenido secuestrado durante los primeros casi doscientos años de vida republicana. Es hora de establecer un gobierno del pueblo y para el pueblo.

El pensador americano Thomas Paine escribió: “El gobierno, aun en su mejor forma, no deja de ser un mal necesario; en su peor forma, algo realmente intolerable.” Paine al igual que muchos otros pensadores de su época, entendía que la esencia del gobierno es la coerción. Sin embargo, necesitamos el gobierno y sus coercitivos poderes para proteger nuestros derechos naturales a la vida, libertad, y propiedad. La protección de esos derechos es la función moral y legitima del gobierno en una sociedad libre. Pero como Thomas Jefferson advirtió: “El progreso natural de las cosas es el que los gobiernos ganen terreno mientras se pierde la libertad de sus ciudadanos.”

Jefferson tenía razón. Hoy día al mexicano común  los gobiernos federales, estatales y municipales le arrebatan el 40% de sus ingresos. Al trabajador siempre ha sido obligado a pertenecer a los sindicatos controlados por el gobierno, votar por el partido que controla el sindicato. Las empresas entre impuestos, seguro social, infonavit, reparto de utilidades, no les queda remanente para seguir operando y expanderse. Además, hay muy pocas cosas que una persona puede hacer que no esté regulada por algún acuerdo gubernamental, sea al iniciar una nueva empresa, manejar un automóvil, importar, exportar, contratar los servicios de un jardinero, una recamarera, y muchas otras actividades diarias que solían ser consideradas privadas y personales.

Es muy fácil el culpar a los políticos por el crecimiento de nuestro opresivo gobierno del pasado. No hay duda que merecen parte de la culpa por no haber sido estadistas, por no haber respetado nuestra constitución, y sobre todo por haber sido deshonestos y corruptos. Sin embargo, la mayor parte de esa culpa debe recaer en todos los mexicanos. Los políticos tienden a hacer lo que nosotros a través de elegirlos les pedimos. Hemos permitido a los políticos “operar” cuando nos han prometido el quitar lo que pertenece a algunos mexicanos para dárselo a otros que no les pertenece. O los elegimos para dar privilegios a algunos ciudadanos que se les niegan a otros. 

Los programas de asistencia social son un buen ejemplo. El gobierno a través de impuestos arrebata el fruto del trabajo de muchos mexicanos para dárselo a otros. Pero hay muchos otros ejemplos: los subsidios a diferentes actividades económicas, apoyos especiales para el campo que tanto gritan nuestros “luchadores sociales,” los rescates de los bancos cuando por su ineptitud se meten en problemas, los rescates de los ahorradores estafados por léperos profesionales, los borrones y cuentas nuevas de las deudas de los ejidatarios de la época de Echeverría etc, etc. Está comprobado que mas de la mitad del presupuesto federal tradicionalmente es aplicado a este tipo de programas que sin duda llenan las características del robo legalizado---puesto que ese no es dinero del gobierno, es nuestro.  

Después tenemos los privilegios especiales: El gobierno le dice a un agricultor  que puede sembrar trigo, pero a otros no se los permite. A unos les da agua y a otros no. Hay una serie de actividades que están exentas de impuestos, pero no todas. Le dice a un grupo de mexicanos que deberán recibir cheques de Procampo por el motivo que ellos inventaron, pero el resto de los mexicanos que no están en esa situación serán discriminados al quedar fuera del programa. El gobierno le dice a un determinado grupo de industrias el ser las agraciadas para recibir préstamos subsidiados de parte de Bancomext, Nafinsa etc, dejando al resto de las actividades productivas a merced de los “ajiotistas modernos.”

Un candidato a senador o a diputado que hiciera su lema de campaña el votar para que se autoricen los gastos solamente implícitos en la constitución, estaría firmando su suicidio político. Es por eso el que nos encontramos con congresistas como Demetrio Sodi que afirma preferir el ser irresponsable con el presupuesto federal que con los pobres del país. Los mexicanos tradicionalmente hemos elegido a esa clase de demagogos a quien no les importa las consecuencias de sus brillantes ideas a largo plazo, y al estar tan “preocupados” por los pobres, no les importa confeccionar un presupuesto suicida, sin darse cuenta de que simplemente están generalizando la pobreza. 

Es por eso que al tratar de restablecer un gobierno moral y constitucional, no deberíamos de perder el tiempo tratando de cambiar las mentes y los corazones de los políticos. Debemos de tratar de cambiar las mentes y los corazones de los mexicanos. Tenemos que convencer a todos los mexicanos de que el deber sagrado de un gobierno moral y constitucional, es el proteger esos derechos inalienables de vida, libertad y propiedad. Tenemos que convencer a los mexicanos el que ha llegado la hora de la independencia, pero la independencia personal. El día en que los mexicanos hagamos nuestra la afirmación de John Kennedy al tomar posesión como presidente de los EU en 1961: “No preguntes que es lo que tu país puede hacer por ti, pregunta que es lo que tu puedes hacer por tu país.” Entonces habremos encontrado el camino.

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