Thursday, January 12, 2017

¡Qué competitividad! ¿Ya vio cómo robamos pantallas y aprendemos diplomacia?

Tal cual

Ángel Verdugo
México, sin duda, cuenta hoy con una reserva de talento en materia de saqueadores y destructores de propiedad pública y privada.
Sin duda, somos un país altamente competitivo; ¿ya vio usted la rapidez con la cual robamos una pantalla plana? ¿Se ha fijado que lo hacemos con tal dominio del proceso, que no sólo no somos detectados, sino que ni siquiera somos detenidos por la autoridad?
México, sin duda, cuenta hoy con una reserva de talento en materia de saqueadores y destructores de propiedad pública y privada, que somos la envidia de no pocos países. ¿Por qué no utilizamos para promover las capacidades de los mexicanos en esa materia, y con base en ellas atraemos inversión extranjera? Las imágenes que nos muestran corriendo con dos pantallas planas a una velocidad tal, que el mismo Sr. Bolt envidiaría para la prueba de los 200 metros planos, son prueba más que suficiente de lo que somos capaces.



Es más, ¿quiere usted otro ejemplo de la capacidad de aprendizaje casi instantáneo de los mexicanos? A ver, ¿en qué país un ignorante en materia diplomática —aceptado y dicho públicamente por él mismo—, es nombrado ministro de Relaciones Exteriores, y unas dos o tres horas más tarde, ya domina la materia? ¿En Alemania, en Reino Unido? Por favor, no me haga reír.
¿No adivina dónde? ¿En serio? ¡Pues en México! El ejemplo es reciente: Alrededor de las 13:00 horas de este miércoles, Luis Videgaray acepta —con la humildad que le ha caracterizado desde siempre, que es un ignorante en lo que se refiere a la diplomacia y, ya para las 18:00 horas, domina el tema como no lo haría ni don Manuel Tello en sus mejores tiempos, o Jorge Castañeda, después de varios años de andar en esto de los corredores extranjeros del poder global.
A ver, encuentre un caso así, de aprendizaje casi de café instantáneo; ante este portento de capacidad de aprendizaje y dominio de éste o aquel tema, ¿quizás deberíamos, con miras a reconocer esa capacidad de aprender a una velocidad cercana a la de la luz, llamarlo el Canciller Nescafé?
Por otra parte, también tenemos casos de lento aprendizaje; por el ejemplo, la nueva secretaria de Cultura. ¿Cuántos años lleva en el ambiente de la cultura, 20 o 25? Todo ese tiempo le tomó aprender lo necesario para ocupar la Secretaría lo cual, me dicen quienes la conocen, era una de sus grandes aspiraciones encabezar y dirigir los esfuerzos del Estado mexicano en materia cultural.
Al final, diría el clásico, tardó mucho en llegar, pero al fin llegó. Esto ya lo había analizado José Alfredo quien, en una sus obras cumbre dijo: No hay que llegar primero, sino hay que saber llegar. Los dos extremos se han juntado; el veloz que aprende lo de toda una vida en cuestión de minutos o de dos o tres horas, y la lenta, que le toma decenios dominar el tema para el cual ha sido designada.
¿Qué veremos a partir de ahora? ¿Una solución casi a la velocidad del rayo en materia de política exterior o al menos, de las relaciones con Estados Unidos y la Presidencia Trump, combinada con el paso de tortuga en la Secretaría de Cultura?
¿Y los otros problemas, que hoy empiezan a estallar de manera simultánea? ¿Qué hacer ante el más grave y dañino, el oportunismo perverso de nuestros legisladores? Éstos, que aprobaron ayer y anteayer lo que hoy critican, de repente se han convertido en defensores valientes de los que menos tienen y señalan, con índice flamígero en aras de obtener unos cuántos votos, al jefe del Ejecutivo.
El año 2017, no empieza con los mejores augurios. ¿Estará el presidente Peña a la altura del desafío?

No comments:

Post a Comment