Friday, January 20, 2017

Presidente Donald Trump


Alrededor de un tercio de los congresistas demócratas han anunciado que boicotearán la ceremonia de investidura de Donald Trump, algo verdaderamente inaudito.

Donald Trump | EFE
No fue sencillo llegar hasta aquí, requirió derrotar a las dos dinastías políticas norteamericanas más poderosas de las últimas tres décadas: la de los Bush y la de los Clinton. También requirió vencer el escepticismo de todo el establishment del partido –yo también me alineé con él– y de sobreponerse a unos medios de comunicación no sólo hostiles, sino directamente implicados de hoz y coz en una oposición y una campaña de desprestigio sin límites. Pero, a pesar de todo, estamos a tan sólo horas de la 58ª ceremonia de investidura presidencial en la historia de los Estados Unidos, que proclamará a Donald J. Trump, empresario, constructor, presentador de televisión, como el 45º presidente del país más poderoso e influyente del planeta.



La elección de Trump es revolucionaria no sólo por los escollos que debió superar para concretarse, también porque representa la ruptura del statu quo posterior al fin de la Guerra Fría. Un ejemplo claro de esto es el cuestionamiento por parte de Trump de la OTAN, que señala como anacrónica porque contribuye poco a la lucha contra el terrorismo islamista, el principal desafío de seguridad de sus miembros en la actualidad. Trump tampoco ha sentido timidez alguna a la hora de aludir al hecho de que la OTAN es una entidad financiada desproporcionadamente por el Tesoro estadounidense y en la que la mayoría de los combatientes son norteamericanos, lo que ha posibilitado que desde mediados del siglo XX casi toda Europa se haya desentendido de manera irresponsable y oportunista de su propia defensa o de contribuir razonablemente a sufragarla.
Trump tampoco se ha escaqueado a la hora de romper con muchos de los tabúes impuestos por una corrección política generalizada y tiránica que controla y encorseta el discurso político en todo Occidente. Mientras que el presidente Obama literalmente proscribió el uso del término islamista para referirse a la ideología del movimiento terrorista que asuela Occidente y el mundo en general, Trump lo afirma sin pelos en la lengua, no de manera gratuita, sino porque sin identificar correctamente al enemigo es imposible atacarlo y destruirlo.
En las semanas posteriores a la elección, un Partido Demócrata desmoralizado y con su menor cuota de poder político en más de noventa años se ha dedicado de manera sistemática e irresponsable a deslegitimar al ganador. Prohombres del partido como el congresista John Lewis han tachado a Trump de presidente ilegítimo. Numerosos personajes de Hollywood han llegado al punto de llamar a la imposición de la ley marcial (en la práctica, un golpe de Estado militar) para evitar la toma de posesión de Trump, según manda la ley.
El propio Barack Obama se ha sumado a este proceso iniciando una campaña de tierra quemada en la cual ha cuestionado abiertamente la legitimidad del resultado electoral y promulgado una batería de decretos de último momento destinados a poner piedras en el camino de su sucesor. También ha tomado medidas unilaterales irreversibles, como la conmutación de la pena de prisión de un conocido traidor, el exmilitar Bradley Manning, la liberación de varios peligrosos terroristas que estaban cautivos en Guantánamo, el bloqueo al desarrollo de un territorio equivalente en extensión a cuatro veces el tamaño de España –utilizando una ley de protección de patrimonio de 1906– y una batería importante de regulaciones onerosas que tomará mucho tiempo desactivar. Además, por primera vez en la historia, el presidente saliente ha decidido permanecer en la capital tras el final de su mandato y convertirse en un supuesto líder de la oposición, figura hasta ahora inexistente en el sistema político estadounidense.
Alrededor de un tercio de los congresistas demócratas han anunciado que boicotearán la ceremonia de investidura de Donald Trump, algo verdaderamente inaudito. Lo mismo han anunciado docenas de personalidades del mundo del espectáculo y de la farándula, algunos inclusive rechazando participar en los números musicales previos a la ceremonia de investidura propiamente dicha. Pero nada de esto logrará impedir que el acontecimiento histórico y trascendental tenga lugar en la Explanada Nacional de Washington este viernes, 20 de enero de 2017, frente al edificio del Capitolio y con la asistencia de miles de personas esperanzadas por este nuevo capítulo que se inicia. Junto con mi esposa española, tendré el honor de contarme entre ellas.
Pablo Kleinman, empresario y comunicador, es miembro del Comité Ejecutivo del Partido Republicano en California.

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