Tuesday, January 17, 2017

¿Por qué motivo no pudimos abolir la esclavitud antes y no podemos abolir al gobierno ahora?

¿Por qué motivo no pudimos abolir la esclavitud antes y no podemos abolir al gobierno ahora?

Bob












Por Robert Higgs
La esclavitud existió durante miles de años, en toda clase de sociedades y en todas partes del mundo. Imaginar la vida social humana sin ella suponía un esfuerzo extraordinario. No obstante, de vez en cuando, surgían excéntricos que se le oponían, sosteniendo en su gran mayoría que la esclavitud era una monstruosidad moral y por ende la gente debía terminar con ella. Tales individuos por lo general despertaban reacciones que iban desde el cordial regocijo hasta el escarnio severo y la agresión violenta.
Cuando la gente se tomaba la molestia de expresar sus motivos para oponerse a la propuesta abolición, desarrollaban ideas muy disimiles. En la primera columna de la tabla adjunta, enumero dichas ideas que he descubierto a través de mis lecturas. En algún momento, incontables personas hallaron en uno o más de estos motivos una fundamentación adecuada en base a la cual oponerse a la abolición de la esclavitud.


En retrospectiva, sin embargo, estos motivos se ven deslucidos—más como racionalizaciones que como razones. Actualmente se presentan prácticamente para todo el mundo, sino como completamente falaces, como endebles o, en el mejor de los casos, poco convincentes, no obstante una ocasional pizca de veracidad. Hoy día nadie esgrime estas ideas o sus corolarios a fin de sustentar una propuesta a favor del restablecimiento de la esclavitud. Si bien existen vestigios de esclavitud en el norte de África y algunos otros lugares, la idea de que la esclavitud es una institución social defendible ha fenecido. Razones que alguna vez, hasta no hace mucho, parecían ofrecer fundamentos convincentes para oponerse a la abolición de la esclavitud hoy día carecen de todo vigor intelectual.
Sin embargo, resulta extraño decirlo, las mismas ideas que alguna vez fueron esgrimidas para justificar la oposición a la abolición de la esclavitud son actualmente sacadas a relucir de modo rutinario para justificar la oposición a la abolición del gobierno (tal como lo conocemos). Los libertarios anarquistas lo suficientemente osados como para haber promovido públicamente su propuesta a favor de la abolición del Estado se habrán topado con muchos, sino todos, de los argumentos utilizados durante siglos para apuntalar la esclavitud. De este modo, podemos confeccionar un listado paralelo, tal como se exhibe en la segunda columna de la tabla.
En la tabla, mi repetición de la molesta expresión “gobierno (tal como lo conocemos)” puede parecer extraña, e incluso irritante, pero he escogido abrumar la paciencia del lector de esta forma por un motivo. Cuando la persona típica se enfrenta a un defensor del anarquismo, su reacción inmediata es la de identificar una lista de funciones gubernamentales esenciales—preservación del orden social, mantenimiento de un sistema legal para la resolución de conflictos y lidiar con los criminales, protección contra los agresores extranjeros, hacer respetar los derechos de propiedad privada, apoyar al débil o indefenso, producción y mantenimiento de la infraestructura económica y así sucesivamente. Esta reacción, no obstante, le apunta al blanco equivocado.
Los libertarios anarquistas no niegan que tales funciones sociales deban ser llevadas a cabo para que una sociedad funcione de manera exitosa. Sin embargo, niegan que debamos tener un gobierno (tal como lo conocemos) para realizarlas. Los libertarios anarquistas prefieren que estas funciones sean cumplidas por proveedores privados con los que los beneficiarios hayan acordado tratar. Cuando escribo acerca del gobierno “tal como lo conocemos”, me estoy refiriendo a la forma de gobierno monopólica y no consentida individualmente que existe actualmente virtualmente en cada rincón de la tierra.
Los lectores podrán objetar que al menos algunos de los gobiernos existentes tienen el consentimiento del pueblo, pero ¿dónde está la prueba? Muéstrenme los contratos adecuadamente suscriptos y legalizados. A menos que todos los adultos responsables sujetos a la pretendida autoridad del gobierno hayan voluntaria y explícitamente aceptado su dominación en base a términos específicos, se debe presumir que los mandatarios han simplemente impuesto su mandato. Las declaraciones propagandísticas, los textos cívicos, los sondeos de opinión, los comentarios de café, los comicios políticos, etc., son irrelevantes al respecto. A nadie se le ocurriría suministrar tales formas de evidencia para demostrar que tengo un contrato válido con la empresa Virgin Mobile, que me brinda el servicio de telefonía celular. ¿Cuándo me enviarán los gobiernos de los Estados Unidos, del estado de Louisiana y de St. Tammany Parish los contratos en los que pueda acordar (o no) adquirir sus ”servicios” en base a condiciones mutuamente aceptables?
La similitud de los argumentos en contra de la esclavitud y los argumentos en contra de la abolición del gobierno (tal como lo conocemos) debería sacudir la fe de los estadounidenses que aún se aferran a la errada concepción de que el nuestro es un “gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Desde donde me encuentro, se lo observa penosamente como un complejo institucional que reposa en las mismas endebles fundamentaciones intelectuales que la esclavitud.
Argumentos en contra de la abolición de la esclavitud y argumentos en contra de la abolición del gobierno (tal como lo conocemos)
La esclavitud es natural.
El gobierno (tal como lo conocemos) es natural.
La esclavitud ha existido siempre.
El gobierno (tal como lo conocemos) ha existido siempre.
Toda sociedad sobre la tierra tiene esclavitud.
Toda sociedad sobre la tierra tiene gobierno (tal como lo conocemos).
Los esclavos son incapaces de cuidar de sí mismos.
La gente es incapaz de cuidar de sí misma.
Sin amos, los esclavos morirían.
Sin gobierno (tal como lo conocemos), el pueblo moriría.
Allí donde la gente común es libre, se encuentra incluso peor que los esclavos.
Allí donde la gente común carece de gobierno (tal como lo conocemos), se encuentran mucho peor (Ej.: Somalia).
Deshacernos de la esclavitud ocasionará un gran derramamiento de sangre y otros males.
Deshacernos del gobierno (tal como lo conocemos) ocasionará un gran derramamiento de sangre y otros males.
Sin esclavitud, los ex esclavos vagarían sin control, robando, violando, matando y en general provocando violencia.
Sin gobierno (tal como lo conocemos), la gente vagaría sin control, robando, violando, matando y en general provocando violencia.
Tratar de terminar con la esclavitud es neciamente utópico e impracticable; solamente un embrollado soñador promovería una propuesta ten ridícula.
Tratar de terminar con el gobierno (tal como lo conocemos) es neciamente utópico e impracticable; solamente un embrollado soñador promovería una propuesta ten ridícula.
Olvidémonos de la abolición. Un plan mucho mejor es mantener a los esclavos lo suficientemente bien alimentados, vestidos, hospedados y ocasionalmente entretenidos y quitarles la explotación de sus mentes al exhortarlos a concentrarse en la vida mejor que les aguarda en el más allá.
Olvidémonos de la anarquía. Un plan mucho mejor es mantener a la gente común lo suficientemente bien alimentada, vestida, hospedada y ocasionalmente entretenida y quitarles la explotación de sus mentes al exhortarlos a concentrarse en la vida mejor que les aguarda en el más allá.
Traducido por Gabriel Gasave
Robert Higgs es Asociado Senior en Política Económica en el Instituto Independiente, autor o editor de más de catorce libros del Independent, y Editor General del journal trimestral del Independent, The Independent Review.

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