Thursday, January 12, 2017

Negociar desde la debilidad

Carlos Elizondo Mayer-Serra
La asimetría de poder entre México y EU ha sido desde siempre el sello de la relación. Ellos construyeron un país estable, próspero y pujante. Nosotros pasamos los primeros 50 años de vida independiente en permanente inestabilidad. Los dos periodos de crecimiento largo, el porfiriato y el desarrollo estabilizador, terminaron muy mal. Nuestros vecinos no se quedaron con más territorio del país porque no quisieron o no se pusieron de acuerdo entre ellos.
Hoy la fragilidad de México es la más alta desde la crisis de a deuda externa de los años ochenta. La parte más dinámica de nuestra economía es la vinculada al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual Trump quiere renegociar. A esto hay que agregarle que nuestro gobierno es muy impopular, enfrenta serios problemas de gobernabilidad, una inseguridad al alza, gastó de más en los años de altos ingresos petroleros y es tan profunda la corrupción que más de un funcionario de primer nivel es vulnerable en una negociación ante información que revelara sus negocios oscuros.



Unos 5 millones de empleos en Estados Unidos están vinculados a productos que nos exportan. Una estrategia posible es cerrar nuestras fronteras si ellos cierran la propia. No es fácil. Si el presidente Peña Nieto mandara un tuit pidiéndole a una empresa mexicana que ya no invierta en Estados Unidos, la incertidumbre de tener un Presidente intervencionista también devaluaría al peso frente al dólar.
Lo que sabe Trump es negociar usando todos los instrumentos de poder que tiene a su disposición. No cree que Estados Unidos deba estar limitado por la red de acuerdos multilaterales construidos por ese país después de la Segunda Guerra Mundial. No ve las enormes ganancias que tuvo para su país porque vive en mundo de suma cero, el que exporta gana, el que importa pierde. Así es para un desarrollador inmobiliario, si logra el mejor terreno, le gana a su competidor. No parece visualizar las ganancias agregadas de la interacción entre ambos países ni el costo para ellos de problemas en México.
Trump valora las relaciones personales y se nota en sus nominaciones a cargos de su gobierno. Por ello, el presidente Peña debe haber decidido poner a Luis Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores, ya que Videgaray tiene una relación con Jared Kushner, el yerno de Trump, recién nombrado su asesor principal. Videgaray se encuentra en una complicada posición. Llega con baja legitimidad y tiene que aprender de algo que no sabe, tal como lo confesó. ¿Será suficiente su relación con Kushner para tratar de modificar las políticas de Trump que más pueden afectar a México? ¿Podrá convencerlo de que su verdadero adversario es China?
Con funcionarios experimentados, un país débil puede lograr mucho más de lo que su posición relativa de poder haría suponer. Así fue con el gobierno de Lázaro Cárdenas, según el libro de Friedrich E. Schuler: Mexico between Hitler and Roosevelt. La cercanía entre Videgaray y Kushner puede hacer difícil jugar una estrategia sofisticada como la de aquellos años, amén de que Trump ya dijo que no va a dejar que nuestros inteligentes funcionarios abusen de Estados Unidos.
Quienes podrían enfrentar a Trump son los empresarios de Estados Unidos afectados por sus políticas proteccionistas, pero han preferido hasta ahora doblar las manitas. ¿Podrán las instituciones de Estados Unidos frenar a un gobierno que tendrá todo tipo de conflictos de interés? No lo sé.
Creo que la mayor debilidad de Trump puede ser lo que hoy parece ser su fortaleza, su capacidad de derrumbar la moneda de México, con un simple tuit. Gobernar es mucho más complejo y si no es capaz de presidir un gobierno disciplinado puede terminar por no poder promover su agenda. Si lo llegan a ver débil, quienes hayan acumulado agravios contra él se los empezarán a cobrar. Pero no podemos apostarle a esto.
El nacionalismo y proteccionismo de la posguerra en México fue un esfuerzo para mitigar la dependencia con Estados Unidos. Era un mundo distinto. Muchos otros países siguieron una estrategia similar. Se cambió por la apertura comercial y luego por el TLCAN para enfrentar la crisis financiera en la que derivó ese modelo.
Nadie pensó que podría llegar a Estados Unidos alguien tan proteccionista como Trump. En este contexto la debilidad de nuestro país es extrema. Por ello el gobierno está dispuesto a pagar el costo político de subir el precio de la gasolina, para amortiguar la fragilidad fiscal.
Para mejorar nuestra capacidad de negociación lo ideal sería estar unidos. Sin embargo, el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico anunciado el lunes pasado es mera retórica. Se requiere un pacto donde la clase política ponga de su parte. Sugiero disminuir el costo de la democracia y de nuestra clase política en general, gastar lo mínimo en comunicación social, nombrar ya al fiscal anticorrupción con los recursos para sancionar a los políticos deshonestos y una política bien articulada de combate al crimen organizado.

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