Friday, January 6, 2017

Los seres humanos son la verdadera riqueza de las naciones

Los seres humanos son la verdadera riqueza de las naciones

Alex Nowrasteh dice que "El valor actual de todo el capital físico de EE.UU, como las fábricas y edificios, es de alrededor de $45 billones. Pero el valor de todo el capital humano es 16 veces mayor a eso —alrededor de $740 billones. La inmigración agrega capital humano a EE.UU. de la forma más barata".

¿Cuál es la manera más rápida de aumentar la riqueza de una nación? Aumentar la inmigración de personas preparadas.
El valor actual de todo el capital físico de EE.UU, como las fábricas y edificios, es de alrededor de $45 billones. Pero el valor de todo el capital humano es 16 veces mayor a eso —alrededor de $740 billones. La inmigración agrega capital humano a EE.UU. de la forma más barata.
El potencial humano que crea riqueza se ve reflejado en las historias de individuos que superaron adversidades para lograr avances en el conocimiento científico, crear una empresa o una deliciosa receta nueva.



Por ejemplo, Sergey Brin, co-fundador de Google, una empresa tan conocida que su nombre se ha convertido en un verbo, llegó al país como un refugiado de la Unión Soviética. Es poco probable que hubiese creado junto con su compañero, Larry Page, Google en la Unión Soviética comunista o en la caótica Rusia actual (donde los empresarios como Mikhail Khodorkovsky son encerrados como resultado de un capricho).
Luego están los numerosos químicos alemanes que huyeron de la Alemania Nazi antes del Holocausto. Ellos impulsaron un renacimiento industrial que eventualmente aumentó la innovación en la industria química de EE.UU. hasta alrededor de 10 por ciento, según un estudio de los economistas de las Universidades de Stanford y Warwick.
No son solamente los inmigrantes más preparados quienes innovan y contribuyen a la riqueza de una nación. Alfredo Quiñones-Hinojosa creció en el pueblo de Palaco, México. Como dijo en la radio, “literalmente necesitaba comida. Mi estómago estaba vacío”. Como no había una manera legal para que Quiñones-Hinojosa emigrara legalmente, cruzó la frontera clandestinamente y trabajó en el sector agrícola.
Eventualmente logró graduarse de un instituto terciario, la Universidad de California en Berkeley y, finalmente, la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.
Quiñones-Hinojosa con el tiempo se convirtió en un ciudadano y ahora dirige el programa de tumores cerebrales en el Centro Médico Bayview de la Universidad Johns Hopkins, que se especializa en tratamientos quirúrgicos avanzados para una variedad de tumores cerebrales y de espina dorsal.
Las innovaciones en los alimentos muchas veces empiezan con una infusión de talento, especias y habilidades extranjeros. El japonés Nobuyuki Matsuhisa o “Nobu”, un empresario en el sector de los restaurantes, es un ejemplo de esto. Como escribió el crítico de comida S. Irene Virbila, “el canon de fusión elegante del sushi [de Nobu] ha influido en una generación (y es probable que sean incluso dos generaciones) de chefs de sushi alrededor del país”. Nobu obtuvo su experiencia en Japón y Perú antes de elegir EE.UU. como la base para su empresa mundial de restaurantes.
También hay desventajas de espantar al capital humano.
Un ejemplo notorio de esto es el del inmigrante chino Qian Xuesen, quien obtuvo su Ph.D. de Cal Tech en 1939. Durante la Segunda Guerra Mundial, Xuesen trabajó para desarrollar un cohete que pudiese competir con el V-2 de la Alemania Nazi.
En 1950, Xuesen fue acusado de ser un comunista. Sin evidencia, perdió todos sus permisos de seguridad. Se le negaron todas las oportunidades de trabajo en EE.UU; él intentó irse pero fue detenido e intercambiado por pilotos estadounidenses asesinados durante la Guerra de Corea. El gobierno de EE.UU. lo envió a China, donde diseñó sistemas de misiles. El Subsecretario de la Marina de EE.UU. Dan A. Kimball, que conocía a Xuesen personalmente, dijo “Fue la cosa más estúpida que este país alguna vez hizo. Él no era más comunista que yo, y lo obligamos a irse”.
Si cada país permitiese que florezca el libre mercado tanto como en EE.UU, el mundo no se perdería de gran parte de las innovaciones. Pero debido a que gobiernos predatorios dominan gran parte del mundo, los inmigrantes innovadores necesitan que se les permita llegar a lugares relativamente libres como EE.UU. o sus talentos serán desperdiciados —para desgracia de todos.
Un sistema racional de inmigración que permita que las personas trabajadoras vengan a EE.UU. legalmente puede agregar a nuestro capital humano —y expandir nuestra economía.

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