Friday, January 13, 2017

Libertad como ausencia de coacción

Libertad como ausencia de coacción

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Por Corina Yoris-Villasana
El Nacional, Caracas
En The Writings of Abraham Lincoln podemos leer la famosa frase donde Lincoln dice “El mundo no ha tenido nunca una acertada definición de la palabra libertad (…). Existen dos cosas no solamente diferentes sino incompatibles que designamos con el nombre de libertad”.  Con este epígrafe abre sus páginas The Constitution of Liberty, la obra extraordinaria de quien fue Premio Nobel de Economía, 1974, Friedrich August von Hayek, filósofo, jurista y economista de la Escuela Austríaca, discípulo de Friedrich von Wieser y de Ludwig von Mises.
Von Hayek define la libertad como “ausencia de coacción” y a esta concepción añade otro uso, el de la “libertad política”, concepto que entiende la libertad como la participación ciudadana en la elección de su gobierno, en el proceso de la legislación y en el control de la administración, para decirlo en la palabras del autor mencionado.


La primera acepción abarca la libertad individual; la segunda habla de la libertad para elegir, el consentimiento del orden político, dirá Von Hayek. El uso ambiguo de ambas acepciones, la confusión entre una y otra suele conducir a nublar el hecho “de que un individuo por sí [mismo] pueda consentir su esclavitud y de esta forma admitir su renuncia a la libertad en el sentido originario”, es decir, a la libertad como “ausencia de coacción”.  Para ilustrar esta situación, Hayek describe el siguiente escenario: “Sería difícil mantener  que un hombre que voluntaria, pero irrevocablemente, hubiera vendido sus servicios, por un largo período de años, a una organización militar tal como la Legión Extranjera, en virtud de tal acto continuase libre en el sentido que nosotros damos a la libertad”.
Esta concepción “negativa” de la libertad significa que  somos libres  cuando no se nos impide o se nos prohíbe tal o cual cosa. Dicho en sus palabras “El estado de libertad es aquella condición de los hombres en cuya virtud la coacción que algunos ejercen sobre los demás queda reducida, en el ámbito social, al mínimo”.  De capital importancia es comprender que von Hayek se opone a identificar la libertad con el poder, identificación que considera que es mera ideología. Entender la libertad de esa forma proviene de concebirla como ausencia de cualquier tipo de impedimento, lo cual conduce irremediablemente a darle como significado la capacidad que una persona tiene para destruir el mundo y recomponerlo ajustado a sus propios deseos.
Comprender los postulados de von Hayek en su Filosofía Política obliga a acercarse y estudiar las tesis desarrolladas por John Locke. Recordemos que para este pensador, el Estado ampara el derecho natural de propiedad y está definido por las condiciones individualistas de un supuesto contrato promotor. Locke plantea convenir un contrato entre los individuos que concierte un modelo de sociedad donde exista una división de los poderes ejecutivo y legislativo “para y por el bien de todos”, es decir, la existencia del bien común. Este acuerdo no es otra cosa que el “Contrato social”. Locke tiene una concepción libertaria del ser humano y von Hayek comparte esta tesis.
Cada párrafo, cada línea de la obra de von Hayek es indispensable leerla en estos momentos cruciales de nuestra vida nacional. Más allá de los posibles equívocos que muchos de sus críticos se han empeñado en señalar, creo firmemente que a nuestros políticos les hace falta una seria lectura de clásicos como el de von Hayek. Muchos confunden libertad con poder y, peor aún, al hermanar la libertad con el poder se acarrea “la identificación de la libertad con la riqueza, y hace posible explotar toda la atracción que la palabra libertad arrastra, en apoyo de la petición de redistribución de la riqueza”. ¡Vaya lección que necesitan quienes desean recomponer la situación económica y política del país!
Ante la patética escasez de productos de uso masivo, ante la criminal escasez de medicinas, ante la patibularia tozudez de proseguir con el control de cambio, ante la espiral inflacionaria que nos tiene desesperados hay una realidad trágica. En lugar de buscar soluciones a la situación, existe un empeño demoníaco en seguir aplicando medidas absurdas.
Para cerrar el artículo, cito de nuevo a von Hayek: “Se equivocan terriblemente los que creen que podemos ayudar a dominar las fuerzas de la sociedad de la misma forma que hemos aprendido a dominar las fuerzas de la naturaleza. Esto no sólo es el camino hacia el totalitarismo sino también el camino hacia la destrucción de nuestra civilización y, ciertamente, la mejor manera de bloquear el progreso”.

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