Friday, January 6, 2017

Lección de Economía: Competencia no es Conflicto

Lección de Economía: Competencia no es Conflicto 


competencia
“Competir en destrucción es lo contrario a competir en producción”.
“La competencia afecta la composición de la producción, pero países enteros no pueden ganar o perder “la competencia global”. Lo único que ocurre es que, al fomentar la especialización y así ampliar la producción mundial, la competencia en el comercio internacional hace que todos los países sean ganadores”. (Interesante lección de economía sobre un tema de actualidad – por Harry Binswanger)
En un reciente discurso, el presidente Obama dijo: “Estamos viviendo en tiempos nuevos y desafiantes, en los que la tecnología ha hecho la competencia más fácil y más feroz que nunca… Países de todo el mundo están subiendo sus apuestas y dándoles a sus trabajadores y a sus empresas todas las ventajas posibles.



Pero eso no debe desanimarnos, porque sé que podemos ganarle a la competencia. Sé que podemos competir y ganarle a cualquier otra nación en la Tierra”.
Me gustaría poder echarle la culpa por esto al presidente Obama, pero el hecho es que prácticamente todo el mundo en todos los lados del espectro político, tanto americanos como extranjeros, creen en esta estupidez. Porque es una estupidez. La competencia económica es una rivalidad por ingresos de ventas, y cuando una empresa gana una venta eso significa que en ese momento no la ganan las otras. La competencia económica no es conflicto; es, incluso, una forma de cooperación; la competencia económica es determinar quién es mejor en qué, y qué métodos de producción son los mejores.
El presidente Obama llama a las situaciones competitivas de hoy más “feroces” que en épocas anteriores. Pero, dejando de lado las metáforas, la competencia es una actividad pacífica. Las empresas compiten en cuanto a cuál de ellas puede crear más valor.
Un conflicto, por ejemplo una guerra, es una actividad violenta, en la que cada lado busca directamente controlar, perjudicar, o destruir al otro. Competir en destrucción es lo contrario a competir en producción.
Veamos ahora la noción de un país “ganándole” a otro, que es la esencia del error. Una empresa dada puede ganarle a otra, pero un país no puede ganarle a otro, eso es lógicamente imposible. No digo que sea “colectivista” el hablar de países de esa forma, no lo es. Me refiero al hecho de que cada venta es también una compra, lo que un individuo compra es lo que otro vende. Si yo te vendo mi reloj, eso supone una venta para mí y una compra para ti.  Ese es el hecho incontrovertible que hace que una nación no pueda ganar o perder al competir con otras naciones.
Más en detalle: ventas y compras son intercambios, siendo el dinero sólo el intermediario. Cuando te vendo mi reloj, te estoy cambiando mi reloj por tu dinero, pero sólo porque yo tengo intención de gastar ese dinero. Cuando una empresa china cambia su producto por dólares americanos, lo hace solamente porque tienen intención de gastarse esos dólares (la inversión también es un gasto). ¿Dónde pueden gastar esos dólares? Directa o indirectamente, sólo en Estados Unidos. Sí, pueden gastarlos fuera de Estados Unidos, pero sólo porque el extranjero que acepta el pago en dólares sabe que en última instancia serán gastados en USA. Sólo la demanda de productos americanos permite que los dólares funcionen como algo más que papel mojado.
Como lo que un hombre vende es lo que otro compra, es imposible para nadie pueda ganar compitiendo con otro. ¿Por qué? Porque cada venta que uno hace también cuenta como una venta realizada por otra persona. Cada vez que él le “gana” a sus competidores expandiendo sus ventas, alguien le paga. ¿Con qué le pagan? No con papel, sino con productos (estamos incluyendo servicios en “productos”). Es decir, cada venta adicional que él hace es, automáticamente, una venta adicional que otro hace.
Vamos a concretar esto. Apple le vende un ordenador a José, anotándose una pequeña victoria en cuanto a su competencia con HP y otros fabricantes de ordenadores que también querían que José comprase sus marcas. Pero Apple está vendiendo el equipo, no dándoselo gratis a José. Eso significa que José está trocando parte de sus productos (o su trabajo, sus servicios laborales) con Apple, a cambio del ordenador. Para José, esta transacción representa tanto una venta como una compra (igual que para Apple representa tanto comprarle a José como hacerle una venta a él).
Supongamos que José es peluquero. Cortando el pelo de la gente es cómo consiguió el dinero que usa para pagar el ordenador Apple. Él troca sus servicios de peluquero por dólares, y luego troca esos dólares con Apple por el ordenador. Como el dinero es sólo el intermediario, es como si el intercambio fuesen los servicios de peluquería por el ordenador. Es como si José y Steve Jobs hubieran hecho un acuerdo de trueque: a cambio de un cierto número de cortes de cabello que José le haga a Jobs, consigue un ordenador.
Así, la victoria de Apple sobre HP es al mismo tiempo la victoria de José sobre los otros peluqueros.
Nada cambia si José trabaja en la línea de montaje de la Ford: está intercambiando sus servicios laborales (a través de dinero) por los productos que compra. Él les “gana” a todos los otros que compiten por ese trabajo, y eso es lo que le permite seguir ganando su sueldo y comprando cosas, las cosas que comprará de la empresa X y no de sus competidores.
Cada éxito de ventas en un lado de la transacción tiene un correspondiente éxito de ventas en el otro lado. Esto es un corolario de la Ley de Say: la oferta constituye su propia demanda. O: los bienes se pagan con bienes.
Así que, la única forma de que una empresa podría ganarles en competencia a todas los demás (no sólo en su mercado, sino en todos los mercados), sería regalando sus productos. Mientras cobre por sus productos, mientra los venda en vez de regalarlos, eso supone que representan ventas para quienes le compran a la empresa.
El dinero hace un poco más difícil ver lo obvio que es esto, pero realmente podemos considerar que “comprar” es “vender dinero”. Si usásemos el oro como dinero, entonces sería más fácil de ver: cambiar oro por, digamos, ordenadores, sería, de hecho, una venta de oro. En esencia, lo llames una compra o una venta, es un intercambio. Es cambiar “valor por valor”. (El dinero también añade un lapso de tiempo en el conjunto. La venta que ganó el dinero fue anterior en el tiempo a la venta en la que el dinero fué gastado. Pero eso no cambia las cosas: para poder tener dinero para gastar, uno tiene que haber “vendido” algo por ese dinero, y da igual que ese “algo” sean bienes o servicios o trabajo.)
Ahora podrías preguntar: ¿no hay algo raro cuando comparamos el que Apple le gane a HP y el que José le gane a otro candidato en su trabajo? José no es una empresa si trabaja para Ford, y su trabajo en Ford no es comparable a Apple como empresa. Pero, en realidad, José sí es una empresa, como confirma el hecho de que él podría constituirse en empresa y hacer un contrato entre empresas con Ford (si se pusieran de acuerdo). Hoy estamos acostumbrados a ver que cualquiera alterna todo el tiempo entre ser empleado y ser consultor de su propia empresa individual. Pero la mejor explicación es ver qué pasa con la empresa donde trabaja José, que asumamos es Ford.
Ford contrata a José única y exclusivamente porque obtiene un beneficio de su trabajo. Y para obtener ese beneficio, la empresa tiene que venderle un coche (un Ford) a alguien. Así que, saltándonos a todos los intermediarios, vemos que Ford le gana la competencia a GM y a Chrysler cuando le vende un coche a Bill. Esa forma de “marcarle un gol” a la competencia es lo que hace posible que Ford le pague a José, y por lo tanto que Apple le “marque un gol” a HP. De nuevo, podemos acortar el proceso mirando lo esencial: Ford intercambia sus vehículos por ordenadores Apple.
De una forma u otra, el ganador de una competición en un mercado siempre tiene un equivalente: un ganador de una competición en otro mercado. Esa es la única forma que puede funcionar, puesto que los bienes siempre se intercambian, en última instancia, por otros bienes.
Supongamos que Apple tiene éxito llevando a la quiebra a todos los otros fabricantes de ordenadores. Eso significa que Apple recibe una gran cantidad de ingresos por ventas, y que no hay ningún otro fabricante de ordenadores que pueda recibirlos. Pero el dinero de Apple es sólo un sustituto por los bienes que acabe comprando, y esas compras que hace Apple representan ventas exitosas para los que producen esos bienes. (Y ese dinero, a su vez, provino de las ventas exitosas de productos anteriores.)
Ahora apliquemos esto al comercio internacional. Es lógicamente imposible que a un país le ganen en todos los ámbitos. Puede perder a la competencia en algunos bienes concretos, pero sólo si le gana a la competencia en otros bienes. Si China le gana a USA en el mercado de los ordenadores (de forma que todos los ordenadores que USA compra son fabricados en China), eso significa que USA le está ganando a China en alguna otra cosa, y esa otra cosa es: todos los productos que están siendo usados para pagarles a las empresas chinas por sus ordenadores. Mientras USA esté comerciando con China, está comerciando con China: está intercambiando productos americanos por productos chinos. Las importaciones americanas de productos chinos están siendo pagadas con las exportaciones de productos americanos. Cuando las importaciones aumentan, eso significa que las exportaciones aumentan (a menos, claro está, que algún país esté regalando sus exportaciones).
Lo que la competencia – sea nacional o internacional – consigue hacer es una especie de “selección natural” para la eficiencia. Las empresas, tanto nacionales como extranjeras, que son más eficientes en un mercado determinado crecen en ese mercado, y el corolario es que otras empresas, nacionales o extranjeras, crecen en el suyo. China se especializa en lo que sus empresas hacen mejor, y USA se especializa en lo que sus empresas hacen mejor. Tal vez las fábricas de ordenadores chinas se expandan a costa de Apple y HP, pero eso tiene el corolario que algún otro negocio americano – digamos, desarrollo de software o equipos agrícolas – se está expandiendo a costa de sus competidores chinos.
Por lo tanto, es imposible que los Estados Unidos ganen la competencia global. Pero es igual de imposible que los Estados Unidos pierdan la competencia global. Algunas empresas americanas ganarán y otras perderán, y lo mismo es necesariamente verdad para las equivalentes empresas extranjeras. La competencia afecta la composición de la producción, pero países enteros no pueden ganar o perder “la competencia global”. Lo único que ocurre es que, al fomentar la especialización y así ampliar la producción mundial, la competencia en el comercio internacional hace que todos los países sean ganadores. Por eso digo que el presidente Obama, una vez más, estaba diciendo puras sandeces. Al menos son sandeces de un tipo más benigno que otras que se le han ocurrido en el pasado.
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Artículo original de Harry Binswanger

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