Thursday, January 12, 2017

LA MULTIPLICACION DE LOS PANES



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
 
Durante las últimas semanas he recibido una serie de agresiones de parte de fervientes católicos, pero sin la debida dedicatoria he tenido que interpretar el que, aparentemente durante años me he ido edificando una reputación que sinceramente no creo merecer: La de anticatólico, antirreligioso e inclusive para algunos mas despistados, desertor de las filas de la iglesia y quien se forma ahora en las de los agnósticos o ateos. Nada es más alejado a la realidad. Sigo siendo católico, pero católico liberal, pues “ello es posible.”


No es un secreto el que durante los últimos años he sufrido una metamorfosis al acomodarme los arreos del liberalismo. Lo confieso; La filosofía de la libertad individual—acompañada de un ingrediente fundamental; responsabilidad ante un gobierno encogido, me ha seducido. Uno de los principios liberales más importantes, es la debida separación de la religión y la función publica. Es decir, los liberales practicamos la política en los palacios, y los principios y valores que nos han dado la religión o nuestra formación familiar, rigen nuestras vidas.

Siendo los mercados libres y el “capitalismo democrático” pilares de la filosofía liberal, de inmediato surge un conflicto con nuestra iglesia cuando se rehúsa a conjugar sus ideas con las de ese evolucionado capitalismo liberal. Ya Max Weber durante el siglo XIX le asestaba un fuerte golpe a la iglesia de Roma, cuando publicara su magna obra “La Ética del Protestantismo y el Desarrollo del Capitalismo.” Durante los últimos siglos economistas, sociólogos, antropólogos han descubierto el que gran parte del éxito o fracaso de las sociedades, tiene claros fundamentos religiosos.

Yo he tratado simplemente de colocar sobre la mesa las posiciones de la iglesia para analizarlas, discutirlas, criticarlas, pero con el sólo propósito de aportar algo que enriquezca el potaje de nuestra religión, la cual en aspectos del verdadero desarrollo económico porta fallas sumamente graves clamando por cambios, pero los católicos no nos atrevemos a señalarlas por el temor a cuestionar el amenazante dogma, y así permanecen inmóviles, arcaicas y seguimos esperando el milagro de la multiplicación de los panes.

Uno de los pensadores de la era moderna que mas contribuyeron a la posición de la iglesia para declarar la guerra al capitalismo, fue un político italiano con etiqueta de héroe por su lucha contra los nazis durante la segunda guerra mundial; Aminotori Fanfani. La influencia de Fanfani en el pensamiento católico moderno, fue especialmente efectiva pues siendo un ferviente religioso y gran intelectual, en su calidad de residente de Roma durante años fue una de las voces mas escuchadas por el Vaticano.

Fanfani fue Primer Ministro de Italia y líder del partido Demócrata Cristiano. En su libro “Catolicismo, Protestantismo y Capitalismo” expone su tesis de cómo el catolicismo es incompatible con capitalismo, y sienta las bases modernas para ese enfrentamiento. Ese rechazo al mercado ha sido una posición muy popular entre los intelectuales católicos durante generaciones. Irónicamente esta actitud hoy dia es muy común entre católicos que como Fanfani, no solamente son anticomunistas y antisocialcitas, sino igual aceptan las bases del capitalismo como la propiedad privada, inversiones etc. Pero sin creer en una economía centralizada, igual detestan el capitalismo.

La sola palabra “capitalismo” ofende  la mayoría de nuestros lideres católicos y sin poderlo aclarar, rechazan un “algo” que de forma automática ligan con el nebuloso concepto. Pero ¿Qué es ese algo que tanto les desagrada? Bien, veamos la forma en que Fanfani lo describe:

“Capitalismo es la actitud del hombre hacia la riqueza, pensando que es el instrumento para lograr la ilimitada, individualista y utilitaria satisfacción de todas las necesidades humanas. Un hombre gobernado por este espíritu de adquirir riqueza, debe decidir entre los medios más efectivos, y los usará sin la ansiedad para lograr un resultado en el contexto de ciertos límites. En el uso de esa riqueza él buscará la satisfacción individual; y en la adquisición y el disfrute de bienes solo reconocerá un limite—la sociedad hedonística.”

Fanfani y su grupo de pensadores, trataban de despertar el catolicismo europeo de su amodorramiento social. Pero su imagen del capitalismo—explicablemente muy mediterránea—era una caricatura muy alejada de su realidad y entendían muy poco un mundo allende el continente europeo y en especial a los EU y la Gran Bretaña, por lo que nunca comprendieron la gran diferencia entre el catolicismo Anglo—Americano y el europeo, y en especial el catolicismo latino. Ellos de inmediato establecían una guerra entre catolicismo y capitalismo.

En su deformada visión de Fanfani consideraba el capitalismo como un sistema cerrado y a sus actores mercenarios que lo tomaban como el fin y no el medio.
El mercantilismo de la iglesia sostenía al igual que el marxismo, el que no había forma de conciliar el conflicto de intereses entre hombres o grupos. La ganancia de unos, era irremediablemente a costa de la perdida de otros; el hombre que ganaba era siempre en perjuicio de otro que perdía. Nacía la suma cero.

El mercado no puede evitar que lo invadan hombres de corazón corrupto y la mayoría de las veces, los males sociales son generados por deficiencias en el espíritu público, la moral de los participantes, y no a la forma como se organizan las actividades económicas. Es ridículo afirmar el que lo diabólico de sociedades en las cuales los negocios se basan en competencia y la búsqueda de ganancias, es provocado por los arreglos económicos. Tal vez Hayek estaba en lo correcto al afirmar; es en los sistemas competitivos donde los hombres malos causan menos daño.

El 90% de la riqueza mundial ha sido creada durante los últimos 150 años, y ello es cortesía del capitalismo que abrazó a los EU y Europa durante el siglo XIX. Es una dolorosa realidad que nadie enfrenta mucho menos la iglesia, el aceptar que el espíritu católico durante los últimos siglos, hizo mucho menos para liberar al mundo de sus tiranías y opresión, de lo que hizo el espíritu liberal capitalista en el cual, algunos solo detectan una inferioridad moral.

Yo lucho por una iglesia católica que finalmente entienda el que, la creación de la riqueza para abolir la miseria condenada por Cristo, solo se podrá lograr en un sistema de libertad; un sistema en el cual “todos los seres humanos” puedan aspirar al logro sus sueños. Los liberales pretendemos que los representantes de Jesucristo se conviertan en promotores de la creación, y no repartidores de riqueza cuando esta no existe.

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