Friday, January 6, 2017

La lucha del capitalismo contra los impostores

La lucha del capitalismo contra los impostores

 
Después del colapso financiero de 2008 hubo muchos dedos apuntando. La inmensa mayoría acusaba al desregulado capitalismo liberal de libre comercio. Era lo que se oía en la calle, en los medios de comunicación; los políticos hablaban constantemente de ello. Y esto favoreció a los intelectuales de la izquierda, entre los cuales se encuentra Slavoj Žižek, defensor de la teorías lacanianas y marxistas. Sin embargo, al contrario de lo que cree Žižek, los Estados Unidos no han venido practicando un capitalismo liberal. Aunque tal vez pueda defenderse que existía una versión distorsionada y rebajada del capitalismo, es algo muy lejano al capitalismo liberal que critica Žižek en su ensayo “It’s the Political Economy, Stupid!” [“¡Es la economía política, estúpido!”].[1]
Los defensores del capitalismo real tienen una batalla que realizar cada vez mayor. La propia definición de capitalismo ha sido retorcida por muchos y su reputación empañada hasta resultar confusa. Los defensores del libre mercado en todo el mundo deberían estremecerse ante el descarado estereotipo de Žižek sobre el descalabro financiero de 2008 como fruto del capitalismo.
¿Es realmente el capitalismo el causante de la crisis? Si por capitalismo se entiende la propiedad privada de bienes y riquezas, en posición al control del estadp, tenemos entre manos verdaderamente un problema si un destacado intelectual cree que nuestra economía se describe apropiadamente como capitalista. Porque lo que causó el descalabro financiero de 2008 no fue el capitalismo, sino más bien una especie de economía fascista controlada por el estado. Y cada falsa atribución hace que el capitalismo se perciba como un sistema menos viable.



¿Qué causa las burbujas especulativas?

Citando a Keynes, Žižek argumenta que en una economía capitalista, lo mercados suben y bajan basándose únicamente en la “opinión general que se tiene de cuál va a ser la opinión general”.[2] Hay una pizca de verdad en ello: el mercado a veces sube o baja basándose en lo que anticipa la mayoría. Sin embargo, lo más normal es que el mercado no baje a causa de la especulación, sino porque la realidad del estado de la compañía no se corresponda con las expectativas que la gente tenía en ella.
El mercado facilita la creación de burbujas basadas en el crecimiento especulativo, pero estas burbujas se corrigen adecuadamente cuando la gente percibe que las inversiones están sobrevaloradas. El único determinante a largo plazo es lo bien que una industria produce un producto de acuerdo con su demanda. Por lo tanto, la especulación por sí misma tiene desventajas a largo plazo. Todos los estudios independientes muestran que la inmensa mayoría de los inversores activos no mejoran las medias inversoras de los índices a lo largo del tiempo.
Si la especulación que es inherente a los mercados libres no causó el descalabro. ¿qué lo ocasionó? Fririch Hayek argumentaba que la planificación centralizada y la deuda pública, que forman parte de la ideología del estado-niñera, son quienes más contribuyen a los ciclos de negocio:
Lo que deberíamos aprender es que la política monetaria es mucho más probablemente una causa que una cura para las depresiones, pues es mucho más fácil sucumbir al clamor que solicita dinero barato, a causar esas desorientaciones en la producción, que hace inevitable una reacción posterior, que ayudar a la economía a librarse de las consecuencias de un sobre desarrollo en ciertas direcciones concretas.[3]
Aquí aparece un punto ante el que las expectativas especulativas no pueden interferir en la depresión. Aunque los inversores de Wall Street (la gente que Žižek cree que maneja los hilos) creyera que lo correcto fuera una política de dinero fácil, el sistema estaría de todas formas condenado a fallar porque sus fundamentos económicos están dañados.

Expectativas y la presente crisis

¡Lo peor de todo esto es no sólo que Žižek cree que los mercados funcionan por expectativas de expectativas, sino más bien en que cree que nuestro marco económico se basa en este principio!
¿Es la economía realmente una ciencia? ¿No ha demostrado la presente crisis que, como dijo uno de los implicados: “Nadie sabe realmente qué hacer”? La razón es que las expectativas son parte del juego; el cómo reaccione el mercado depende no sólo de cuánto confíe la gente en la intervenciones, sino aún más en cuánto creen que los demás confían en ellas – No se pueden tener en cuenta los efectos de la intervención de uno mismo.[4]
¿Tenemos que creer que lo correcto es hacer aquello a lo que la mayoría de la gente reacciona bien? Quizá si el crecimiento económico real se basara (como en una democracia) exclusivamente en lo que la mayoría de los inversores crean que debe invertirse.
Para Žižek, es un “cambio repentino de circunstancias incontrolables” lo que causa un pérdida de riqueza mediante la especulación.[5]
Cuando las circunstancias están verdaderamente fuera de control (como una guerra en Oriente Medio que hace subir el precio del petróleo o una sobrevaloración de las acciones en el caso de la burbuja digital), los precios deberían bajar. Lo causó en 2008 una pérdida catastrófica de riqueza en todo el mundo no fue una circunstancia incontrolable, sino más bien una circunstancia sobrecontrolada. En el caso del colapso del mercado inmobiliario es fácil acusar de “borrachera” a Wall Street, tal y como hizo el presidente George W. Bush, pero, tal y como apuntó agudamente el economista austriaco Peter Schiff: ¿quién puso el alcohol?[6]
Cuando explotó la burbuja tecnológica en 2000, Alan Greenspan inició una burbuja aún mayor (la burbuja inmobiliaria) al rebajar los tipos de interés. Y Bush apoyó el efuerzo a pesar de presentarse como el mejor amigo del capitalismo. Washington siguió el juego aprobando legislación que ayudara a estimular el mercado inmobiliario.
Žižek es lo suficientemente astuto como para comprender que una burbuja transfiere sus malas inversiones a otra, escribiendo que “el descalabro actual es el precio pagado por el hecho de que los Estados Unidos evitaron una recesión hace cinco años”.[7] En un país verdaderamente liberal y capitalista no hay forma alguna de evitar una recesión sin empeorarla. El que los Estados Unidos hayan sido capaces de al menos intentar prevenir la recesión sólo se debe a su régimen fascista.

¿Una economía capitalista?

El colapso financiero muestra el problema de fondo, que es que nuestro sistema económico no es tan capitalista como se nos hace creer. La existencia de un banco central como la Reserva Federal que ajusta la oferta de dinero no puede servir de columna vertebral para un capitalismo liberal [8] Sólo un sistema monetario en que los bancos privados controlen individualmente los tipos de interés puede servir como base para una economía capitalista. De otro modo, como el estado controla y manipula los mercados, éstos están condenados a la inestabilidad. Como escribe Hayek:
La previa inestabilidad de la economía de mercado es la consecuencia de la exclusión del regulador más importante del mecanismo del mercado; el dinero, que a su vez se regula por el proceso del mercado.[9]
El siglo XX vio la creación de lo que parecía un número inacabable de agencias gubernamentales, que hacían imposible considerar a los Estados Unidos como un país capitalista. Los Departamentos de Comercio, Energía, Agricultura, Trabajo, Salud y Servicios Humanitarios  y Vivienda y Desarrollo Urbano son sólo unos pocos de una larga lista, todos ellos nombrados para controlar cómo gestionan sus negocios compañías privadas y particulares.
Incluso el FDIC, que asegura el dinero que cada individuo deposita en el banco, afecta a nuestro sistema capitalista.
Estas agencias, junto con la Reserva Federal, realmente luchan contra el capitalismo. El papel del gobierno en una sociedad capitalista es muy simple: ofrecer transparencia y prevenir el fraude. Sólo un gobierno que haga esto y sólo esto puede estar al frente de una economía capitalista liberal real.
Parte del argumento de Žižek es su afirmación de que el capitalismo no es un sistema que simplemente funciona. Escribe que “la misma noción de capitalismo como un mecanismo social neutral es ideología (e incluso ideología utópica) en su sentido más puro”. Discute la descripción del capitalismo de Guy Sorman, en la que éste afirma que el sistema en sí no genera sueños ni cariño y no es sugestivo ni seductor. Žižek le contradice al decir:
De nuevo la descripción es obviamente falsa: si existe un sistema que encanta a sus sujetos con sueños (de libertad, de cómo tu éxito depende de ti mismo, de fortuna a la vuelta de la esquina, de placeres sin límite) es el capitalismo.[10]
Žižek tiene razón al afirmar que el capitalismo es inhrentemente ideológico. Sin embargo, lo que olvida es que estas ideologías se basan en las leyes de la economía. Incluso aunque una cultura se base en principios igualitarios, las leyes de la economía siguen aplicándose. Una cultura del capitalismo utiliza y explota las leyes de la economía.
Las leyes económicas sobre las que se funda el capitalismo no son científicas, en el sentido de que sean falsables. Mises rechazaba la noción de falsibilidad científica en relación con ofrecer respuestas a la teoría económica. Mises consideraba más bien que la ciencia económica se basaba en la acción psicológicamente consciente, tal y como la describía en su teoría de la praxeología.[11]
Los principales defensores de la economía austriaca, como Ron Paul, se refieren a la validez de estas leyes económicas basándose en un estudio de la historia: los países que han prosperado lo han hecho explotando las leyes económicas adhiriéndose al capitalismo liberal. Los países que se han inclinado por economías planificadas no han prosperado. En todos los casos, las leyes económicas persisten.

Una combinación potente

Los defensores del estado mínimo (como Ron Paul) creen que la Constitución de los EEUU prohíbe casi toda planificación centralizada. Y lo hace limitando la función del gobierno a unos pocos servicios que no interfieran en el mercado. Así debe funcionar el capitalismo para ser fiel a sus orígenes reales.
Sin embargo los constitucionalistas estrictos tienen un problema. El texto de la Constitución es sencillo y elegante y fácil de interpretar en el contexto en que fue escrita. Sin embargo los intérpretes modernos de la Constitución, incluyendo la Corte Suprema, quieren interpretarla en un contexto distinto.
Hay un interesante diálogo entre Peter Schiff y otros nuevos expertos en el que se discute acerca de la constitucionalidad del TARP.[12] Después de que Schiff explicara que el gobierno federal no tiene autoridad constitucional para promulgar el TARP, un experto argumentó que la cláusula sobre comercio (que aparece en el Artículo I, Sección 8, Cláusula 3 de la Constitución) admitía este tipo de gasto deficitario al que se recurrió en la presidencia de Roosevelt y permitía justificar la promulgación del TARP.
La cláusula es en sí muy corta y sencilla. Dice: “El Congreso tendrá poder… para regular el comercio con naciones extranjeras y entre los distintos estados y con las tribus indias”. Con un texto así abierto a una interpretación ilimitada, no sorprende que el gobierno federal se haya alejado tanto de sus modestos orígenes. Schiff respondió al experto diciéndole:
Eso es un abuso de esa cláusula. De acuerdo con usted, el gobierno puede hacer todo lo que quiera, así que rompamos la Constitución.
Aquí Schiff da en el clavo: si el gobierno federal puede interpretar la Constitución de una forma tan amplia, no hay límite real a su poder.
Salvo que la mentalidad estadounidense hacia el gobierno no cambie de la noche a la mañana, los defensores del capitalismo tenemos un problema.

Conclusión

El destino del sistema económico estadounidense depende de una sociedad llena de gente que ha aprendido a despreciar lo que ellos creen que es capitalismo La única esperanza para el capitalismo real (y para nuestra economía) es distinguir el verdadero capitalismo liberal de las interpretaciones neoconservadoras y keynesianas que lo han reemplazado.
Los capitalistas liberales de hoy en día están de acuerdo en que cualquier dinero inyectado en la economía por la Reserva Federal incrementará directamente los precios de los productos diarios sin aumentar los salarios. La única duda es si éste entorno servirá mejor a la causa de las agendas del colectivismo extremo y el socialismo o si prevalecerá el capitalismo. Sobre ello deberíamos acudir a Friedrich Hayek cuando escribía:
La supuesta mayor debilidad del orden de mercado, la recurrencia de periodos de desempleo masivo, siempre aparece por parte de los socialistas y otros críticos como un defecto imperdonable del capitalismo. Sin embargo, lo que demuestra completamente es que es consecuencia de la prohibición del gobierno de permitir a la empresa privada trabajar libremente y disponer de una moneda que le asegure estabilidad.[13]

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