Thursday, January 19, 2017

La era del intervencionismo ha llegado a su fin


A lo largo de esta campaña presidencial he dicho que no importa mucho qué candidato salga elegido. Tanto Donald Trump como Hillary Clinton son autoritarios, y no podemos esperar que hagan retroceder el estado leviatán que está destruyendo nuestras libertades civiles en nuestro país mientras destruye nuestra economía y nuestra seguridad con interminables guerras en el extranjero. Los candidatos no importan demasiado, a pesar de lo que los medios de comunicación nos quieran hacer creer. Sin embargo, las ideas sí que importan. E independientemente de qué candidato salga elegido, la batalla de las ideas ahora tiene una importancia crítica.



El día después de las elecciones es cuando debemos concentrarnos realmente en defender una política exterior pacífica y la prosperidad que esta traerá consigo. Aunque no tengamos mucho de lo que alegrarnos cuando el nuevo presidente sea elegido el martes, hemos aprendido muchas cosas nuevas sobre el estado de la nación durante las campañas. Desde el sorprendente éxito del insurgente Bernie Sanders hasta la campaña de Donald Trump, que rompió todas las reglas del Partido Republicano – y puede haber deshecho al propio Partido Republicano -, lo que ahora sabemos más claramente que nunca es que el pueblo estadounidense está harto de la política tradicional. Y lo que es más importante, están hartos de las mismas viejas y aburridas políticas de siempre.
El mes pasado, el Centro para el Interés Nacional y el Instituto Charles Koch realizaron una fascinante encuesta. A una amplia gama de miles de estadounidenses se les hizo una serie de preguntas sobre la política exterior de Estados Unidos y nuestra “guerra contra el terrorismo” de 15 años de duración. Se podría pensar que después de una década y media, billones de dólares y miles de vidas perdidas, los estadounidenses tendrían una visión más positiva de este esfuerzo masivo para “librar al mundo de los malhechores”, como prometió el entonces presidente George W. Bush. Pero la encuesta descubrió que sólo el 14 por ciento de los estadounidenses creen que la política exterior de Estados Unidos ha aumentado su seguridad. Más del 50 por ciento de los encuestados dijeron que el próximo presidente de Estados Unidos debería usar menos fuerza en el extranjero, y el 80 por ciento dijo que el presidente debe obtener la autorización del Congreso antes de llevar al país a la guerra.
Estos resultados deberían hacer que seamos muy optimistas sobre nuestro movimiento, ya que demuestra que nos estamos acercando rápidamente a la “masa crítica” donde las nuevas ideas triunfarán sobre los ejércitos del status quo.
Sabemos que aquellos en Washington interesados en mantener un imperio estadounidense en el extranjero lucharán hasta el final para hacer que el sabroso dinero del gasto militar siga fluyendo. Los neoconservadores y los intervencionistas de izquiedas seguirán predicando que debemos gobernar el mundo o todo caerá en pedazos. Pero estas elecciones y muchas encuestas recientes demuestran que les ha llegado su hora. Puede que no lo sepan todavía, pero sus fracasos son demasiado evidentes y los estadounidenses están hartos de pagar por ellos.
¿Qué debemos hacer? Debemos seguir educándonos a nosotros mismos y a los demás. Debemos resistir a aquellos que predican el “intervencionismo light” y hacer llamamientos a una alternativa real. Lo que en realidad quieren decir cuando afirman que debemos proteger nuestros “intereses” en el extranjero es que quieren usar al ejército estadounidense para beneficiar a ciertos intereses particulares. Esa no es la tarea del ejército. Debemos mantenernos en nuestros trece y luchar por un sistema de defensa no intervencionista. No más cambios de régimen. No más programas secretos de desestabilización en el extranjero. Queremos un sólido presupuesto de defensa, no un presupuesto militar imperialista. Que las tropas vuelvan a EE.UU. Que finalice la acción militar estadounidense en Siria, Irak, Afganistán, Somalia, etc. Que simplemente vuelvan a casa.
Los estadounidenses quieren cambio, sin importar quién gane. Tenemos que estar listos para proporcionar esa alternativa.

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