Friday, January 6, 2017

La caótica ruta a un Brexit de colisión


La caótica ruta a un Brexit de colisión

La canciller alemana, Angela Merkel (izq), conversa con el presidente...
La canciller alemana, Angela Merkel (izq), conversa con el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz (c), y con la primera ministra británica, Theresa May.EFE

¿Qué va a producirse: un Brexit "duro" o "blando"? Tal vez ninguno. Existe una tercera posibilidad poco discutida pero cada vez más probable: un "Brexit de colisión".
Según esta versión, Reino Unido y la UE no logran cerrar un divorcio negociado. En su lugar, Reino Unido descarrila fuera de la UE, con consecuencias caóticas para las relaciones comerciales y diplomáticas.
Las versiones dura y blanda del Brexit difieren en sus posturas sobre la inmigración y el mercado único de la UE, pero también comparten una similitud crucial. Asumen que la UE y Reino Unido conseguirán acordar una separación ordenada.



De hecho, hay argumentos sólidos para pensar que será imposible culminar un divorcio bien gestionado, y que en su lugar se producirá un choque de trenes. Las razones de ello son tanto políticas como de procedimiento.
En lo que se refiere al procedimiento, el problema está en que las negociaciones son demasiado complicadas como para cerrarse en el tiempo del que se dispone. Reino Unido y la UE tendrán que deshacer y reorganizar una relación legal, económica y comercial tejida durante más de 40 años. Pero las dos partes dispondrán sólo de dos años para alcanzar y ratificar un acuerdo una vez que Reino Unido active el Artículo 50 y notifique formalmente su intención de marcharse.
Uno de los representantes británicos con más experiencia en Bruselas cree que es una labor inalcanzable. "No poseemos la capacidad administrativa para hacerlo", advierte, "y la UE no tiene interés". El embajador de Reino Unido ante la UE ha emitido en privado un veredicto similar; Sir Ivan Rogers advirtió a los representantes británicos que Londres podría necesitar una década para negociar un nuevo acuerdo comercial con la UE.
Si hubiera buena voluntad por ambas partes, las conversaciones podrían acelerarse. Pero ahí es donde entra la política. Existe una gran animadversión a ambos lados del canal. Los británicos esperan que, cuando empiecen realmente las negociaciones, las cosas se calmen. En realidad, es más probable que suceda lo contrario. El proceso de negociación revelará la enorme distancia que separa a las suposiciones de ambas partes. En consecuencia, es probable que la acritud mutua se incremente, y las conversaciones podrían romperse de forma irreparable.
El punto crítico probablemente sea la suma en la que la UE cifra las deudas financieras de Reino Unido tras el Brexit, que cubre desde el dinero ya comprometido, al presupuesto de la unión para las pensiones de los burócratas jubilados. Bruselas calcula que Reino Unido afronta una factura de 50.000 a 60.000 millones de euros.
Es probable que Londres reciba esa cifra con indignación. La reacción inicial será la de calificar las demandas financieras de la UE como una mala broma o un torpe intento de chantaje. Pero la Comisión Europea, que encabeza las negociaciones, es experta en asuntos jurídicos y podrá justificar ese dato.
Una respuesta pragmática de Reino Unido consistiría en intentar negociar la cifra a la baja y prolongar posteriormente el pago varias décadas, permitiendo así que las negociaciones avancen al asunto realmente crucial para la futura relación comercial del país con la UE. La realidad, no obstante, es que los partidarios de una línea dura dentro del partido conservador de la primera ministra Theresa May y de los medios de comunicación británicos probablemente imposibiliten que el Gobierno británico acepte algo que se aproxime a las demandas financieras planteadas por Bruselas.
Debido a ello, es muy posible que Reino Unido abandone ofendido las negociaciones, tras lo cual será el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) de La Haya el responsable de arbitrar la situación. El TIJ podría tardar años en tomar una decisión. Entretanto, el reloj seguirá su curso. El enfrentamiento entre Reino Unido y la UE en los tribunales internacionales imposibilitará otros progresos en el Brexit. El enfado en Reino Unido por la disputa sobre los presupuestos también impediría que Londres cambie de opinión y abandone el Brexit. En el bando europeo también se produciría un endurecimiento similar de la postura. Y eso probablemente imposibilitaría que la UE acceda a prolongar las negociaciones con Reino Unido más allá de los dos años.
Como resultado de todo ello, el Brexit tendría lugar transcurridos dos años de la forma más abrupta y dañina posible: la pertenencia de Reino Unido a la UE simplemente expiraría. Las consecuencias de este Brexit de colisión podrían ser nefastas para la economía británica. Los fabricantes, incluida la industria del automóvil, afrontarían impuestos de hasta el 10% sobre las exportaciones a la UE.
Una vez implantadas las barreras aduaneras, las cadenas de suministro paneuropeas se romperían, inundando los puertos de papeleo. Las industrias de servicios británicas, que representan una parte mucho mayor de la economía que el sector manufacturero, también afrontarían graves problemas. En concreto, los servicios financieros perderían los "derechos de pasaporte" que requieren todas las instituciones con sede en Reino Unido para operar en la UE.
La postura del Gobierno británico parece resumirse a confiar en que la UE razone, como lo definen en Londres. Un representante de Reino Unido afirma que los europeos siguen "en la fase emocional". Por desgracia, la postura de la UE está influida por los cálculos políticos aparte de las emociones, y es poco probable que se trate de una fase.
Un veterano funcionario británico me ofreció una valoración más realista. "Va a ser sangriento", advirtió, "pero vamos a tener que seguir adelante y alcanzar la otra orilla". Sonreí ante la evocación del espíritu de los tiempos de guerra. Es una lástima que esta guerra sea tan inútil y contraproducente.

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