Monday, January 23, 2017

El TLC a los veinte años.

Mexico: 20 años del TLCAN – por Isaac Katz


El TLCAN ha cumplido su objetivo de impulsar el comercio exterior y la inversión extranjera y se espera que estas dos variables sigan creciendo.
Se cumplieron 20 años de que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, paso importante en la modernización de la economía y en el bienestar de los consumidores.
Lo primero que hay que resaltar, no directamente relacionado con el Tratado, aunque complementario al proceso de apertura comercial iniciado en 1985 con la adhesión de México al GATT, es que el fin último del libre comercio es importar aquellos bienes que se producen en otros países con un menor costo de oportunidad que el que se incurriría si esos mismos bienes se produjesen internamente.



Lástima que haya que pagar por esas importaciones y, por lo mismo, hay que exportar. Así, el objetivo del comercio es incrementar el bienestar de los consumidores, ampliando su espectro de elección de qué bienes consumir y a quién adquirirlos; por la apertura, los mexicanos somos más libres.En este sentido, la apertura comercial ha derivado en que la economía mexicana importa un promedio de alrededor de 1,000 millones de dólares diarios y exporta también una cifra similar.
A raíz de la apertura, coronada con el TLCAN (y otros acuerdos de libre comercio firmados con posterioridad), la estructura productiva de la economía es hoy totalmente diferente a como era en 1994. De entrada, mientras que antes del Tratado casi el 80% de las exportaciones eran petróleo, el día de hoy éstas solo representan el 10% del total, consistiendo la mayor parte de exportaciones manufactureras. A pesar de lo que se afirmaba en ese entonces, de que la economía mexicana no tenía ventajas comparativas significativas, el que se exporten diariamente mil millones de dólares claramente refuta esa idea.
Otro aspecto fundamental que hay que resaltar es el impacto que tuvo primero la apertura unilateral y después el TLCAN sobre los flujos de inversión extranjera directa. Previo a la apertura a mediados de la década de los ochentas del siglo pasado, la economía mexicana recibía un promedio de mil millones de dólares anuales de IED. Con la apertura, previo al Tratado, el flujo se incrementó a un promedio anual de casi 3,000 millones de dólares. Ya con el Tratado en vigor, durante los últimos 20 años, el flujo anual de inversión extranjera promedia cerca de 20,000 millones de dólares. El haber establecido en el TLCAN reglas claras de salvaguarda y de solución de controversias, fue el elemento central que impulsó la IED. Además es de resaltar que derivado de una mayor productividad, el salario promedio en empresas ligadas al comercio exterior es casi 40% superior al pagado en empresas no vinculadas al intercambio comercial internacional.
Sin duda México ha ganado mucho con el TLCAN. ¿Podría haber sido mayor la ganancia? Sin lugar a dudas, pero la apertura y el propio TLCAN no fueron en su momento acompañadas de otros cambios que eran complementarios. Resaltan al respecto tres: a) una reforma laboral que reflejara que México había dejado de ser una economía cerrada; b) una mayor apertura en telecomunicaciones que abaratara significativamente la adopción de nuevas tecnologías de información; y, c) la apertura del sector energético que hubiese abaratado significativamente los costos para la industria manufacturera lo que se hubiese reflejado en mayores ventajas competitivas. Estos tres cambios llegaron, finalmente, 20 años después.
El TLCAN ha cumplido su objetivo de impulsar el comercio exterior y la inversión extranjera y se espera que estas dos variables sigan creciendo. Falta una mayor integración y para ello se requiere la libre movilidad de la mano de obra. Ya llegará.

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