Tuesday, January 17, 2017

El plan impositivo de Trump y el dólar


Gita Gopinath

Gita Gopinath is Professor of Economics at Harvard University. She is a visiting scholar at the Federal Reserve Bank of Boston, a research associate with the National Bureau of Economic Research, and a World Economic Forum Young Global Leader.

Oleg Itskhoki

Oleg Itskhoki is a professor of economics and international affairs at Princeton University.
 
CAMBRIDGE – Ahora que Donald Trump es el presidente electo de los Estados Unidos y los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso, una reforma del impuesto a las corporaciones es inminente. El paquete que se está discutiendo incluye dos elementos importantes: una rebaja del tipo impositivo, del 35% actual a 20% o incluso 15%; y la introducción de un “ajuste en frontera”, algo que suele aplicarse en los regímenes de impuesto al valor agregado (IVA), pero raras veces en los impuestos corporativos.
El ajuste en frontera supone dar un trato diferente a los insumos comprados dentro del país respecto de los importados e incentivar las exportaciones. Las corporaciones ya no podrán deducir de su renta imponible el costo de los insumos importados; al mismo tiempo, los ingresos por exportaciones estarían exentos de impuestos.


La propuesta generó un intenso debate respecto de si mejorará la balanza comercial de los Estados Unidos. Los autores hemos publicado un trabajo sobre “devaluaciones fiscales” y creemos que las perspectivas de éxito de un ajuste en frontera son mínimas, y que puede debilitar considerablemente la posición neta de activos externos de los Estados Unidos.
La idea de usar instrumentos de política fiscal para mejorar la competitividad internacional de un país se remonta a John Maynard Keynes. En el Informe Macmillan al Parlamento Británico (1931), Keynes propuso combinar un arancel a las importaciones con un subsidio a las exportaciones, lo que imitaría los efectos de una devaluación del tipo de cambio sin modificar la paridad entre la libra y el oro. En nuestro trabajo, hemos demostrado que además de esta combinación de políticas, los países con tipo de cambio fijo o que forman parte de una unión monetaria pueden lograr el mismo efecto subiendo el IVA y rebajando los impuestos al trabajo en la misma medida. Esta política de cambiar un impuesto por otro concitó mucha atención en la eurozona; Alemania la implementó en 2006 y Francia en 2012.
La propuesta del próximo gobierno de Trump de bajar el impuesto a las corporaciones e introducir el ajuste en frontera es similar a la de subir el IVA y bajar el impuesto al trabajo, porque ambas estrategias aumentan el costo de las importaciones y subsidian las exportaciones. Pero no esperamos que esa estrategia mejore la competitividad de Estados Unidos, por la sencilla razón de que el régimen cambiario del país es flexible.
Si las reformas impositivas propuestas por Trump se implementan en su totalidad, el dólar se apreciará a la par de la demanda de bienes estadounidenses: una rebaja impositiva del 20% provocará un alza del dólar por un 20%. Y esto a su vez anulará cualquier ventaja competitiva obtenida. El único modo de evitar la apreciación del dólar sería que la Reserva Federal de los Estados Unidos baje las tasas, pero como eso impulsaría la inflación local, no parece una alternativa probable.
De modo que si bien el ajuste en frontera puede beneficiar a países con tipo de cambio fijo o que forman parte de una unión monetaria, no es aplicable a países con tipo de cambio flotante, porque la consiguiente apreciación de la moneda anula los efectos de la devaluación fiscal.
Pero en el caso de Estados Unidos, el ajuste en frontera no sería neutral. La apreciación del dólar debilitaría la posición neta de activos externos de Estados Unidos, porque nada menos que 85% de sus pasivos externos están denominados en dólares, mientras que cerca del 70% de sus activos externos están en moneda extranjera. Como los activos externos de Estados Unidos equivalen al 140% de su PIB, y sus pasivos externos equivalen al 180% del PIB, una apreciación del 20% del valor del dólar provocaría una minusvalía cercana al 13% del PIB.
Las consecuencias fiscales de las propuestas de Trump serían ambiguas. Por un lado, el ajuste en frontera puede aumentar la recaudación impositiva, porque Estados Unidos importa más de lo que exporta. Como el déficit comercial estadounidense es el 4% del PIB, un ajuste en frontera del 20% crearía una recaudación impositiva adicional cercana al 0,8% del PIB. Por otra parte, la rebaja del impuesto a las corporaciones reduciría la recaudación y, básicamente, anularía cualquier ganancia obtenida del impuesto a las importaciones.
Es verdad que un ajuste en frontera tendría otros beneficios que aquí no analizamos. Puede aumentar la recaudación impositiva, al desalentar la aplicación de “precios de transferencia” entre filiales de empresas multinacionales o el traslado de la base imponible a países con impuestos más bajos. Y, por supuesto, una rebaja impositiva puede generar un estímulo económico y disminuir el déficit presupuestario.
Pero en materia de competitividad internacional, la conclusión más probable es que la propuesta impositiva de Trump (en particular el ajuste en frontera) no mejorará la balanza comercial de los Estados Unidos, y para peor, puede ser muy costosa en materia de posición neta de activos externos.

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