Tuesday, January 17, 2017

El legado de Obama

El legado de Obama

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Por Álvaro Iriarte
Barack Obama se apronta de dejar la Casa Blanca tras 8 años al mando de Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo. La discusión por estos días se centra en el llamado “legado de Obama”, esto es, las razones por las que será recordado en la historia. Tema difícil y con elementos de ambigüedad.
En el plano de las ideas es posible hacer un primer balance de su Presidencia, y por tanto, trazar las líneas generales de lo que se consideraría el legado en esta materia.

 
Cuando postuló en 2008, la carrera a la nominación demócrata y luego a la Casa Blanca generó gran atracción para la prensa internacional: se trataba del primer político afroamericano con serias posibilidades de ganar la elección. A pesar de la cobertura en ese sentido, la verdad es que Obama hizo campaña como un norteamericano más, esto es, sin apelar a la carta racial para justificar su postulación, sus razones ni sus propuestas. Y es precisamente aquí donde radica el primer legado en el plano de las ideas: la candidatura de Barack Obama fue, en este sentido, post racial. No significa que desaparecieron los conflictos raciales, pero sí se reafirmó que en Estados Unidos cualquier ciudadano puede aspirar a dirigir los destinos de su nación, cuestión inimaginable en otras sociedades. También significa que Obama fue elegido por su personalidad y programa, más allá de su origen racial. Pero la visión del presidente Obama y sus cercanos es más bien opuesta. En su discurso de despedida pronunciado en Chicago hizo énfasis en los conflictos raciales, y sostuvo que la idea en torno a su elección y el surgimiento de un Estados Unidos post-racial nunca fue una visión realista. Además, fue muy enfático en calificar la continuación de este problema como una verdadera amenaza para la democracia.
Otro legado es el resurgimiento del debate sobre la separación de poderes y los límites de la autoridad presidencial. Ambos temas están tan vigentes como en los orígenes de la nación del norte. La progresiva expansión del poder del Presidente se ha traducido en un constante conflicto con los poderes legislativo y judicial. El Congreso se ha enfrentado con la Casa Blanca por determinar la constitucionalidad de las actuaciones del Presidente, a lo que se debe agregar que en reiteradas ocasiones una decisión judicial ha detenido la aplicación de los decretos presidenciales. Famosa es su frase “Tengo una lapicera, y tengo un teléfono”, con la que quiso transmitir que para avanzar su programa no requería necesariamente la colaboración del poder legislativo. Mientras fue candidato Obama criticó fuertemente al presidente George W. Bush por hacer uso de decretos para impulsar sus medidas, pero una vez en el poder hizo mayor uso de este mecanismo que su antecesor. Es interesante considerar que en su discurso final hizo alusión a la polarización como una amenaza para la democracia de Estados Unidos, en clara referencia al conflicto entre su administración y el Congreso controlado por la oposición, pero sin detenerse en las probables razones de fondo ni en las mayorías que reflejan los congresistas.
El presidente electo Donald Trump ha dicho que llevará adelante su administración y hará uso de las facultades del Presidente cada vez que sea necesario. Los partidarios de Obama y a la vez detractores de Trump están preocupados porque éste último gobierne sin el concurso del Congreso cuando no tenga las mayorías necesarias. Pero no se mostraron incómodos o preocupados cuando Obama hizo lo mismo.
Es irrelevante en cual de ambos legados se ponga el acento. Para bien o para mal, la presidencia de Obama ha transformado a Estados Unidos.
El autor es  abogado y Director de Investigación Instituto Res Publica Smith Fellow, Atlas Network

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