Wednesday, January 11, 2017

Crimen organizado

– Los medios de comunicación: perritos falderos del Estado


A finales de los años setenta, los economistas de la Universidad de Rochester William Meckling y Michael Jensen, presentaron una teoría sobre el sesgo ideológico hacia la izquierda que había en los medios, que se basaba en un riguroso estudio sobre cómo consiguen mejor satisfacer sus propios intereses particulares ligado a un análisis del papel del gobierno a la hora de moldear ese interés egoísta. En pocas palabras, sus tesis era que el gobierno se había convertido en algo tan extenso y tan omnipresente que el periodista corriente dependía principalmente del propio gobierno, con todos sus políticos, sus burócratas y sus grupos especiales de interés para obtener la mayor parte de las informaciones que se transmitían al público. Si uno es un periodista que escribe de medio ambiente, por ejemplo, debe cultivar relaciones con los burócratas de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente (Environmental Protection Agency) quienes constituyen su principal fuente de noticias de actualidad sobre política medioambiental.



Si uno es periodista y escribe o informa sobre asuntos laborales, tiene que cultivar relaciones con los burócratas del Departamento del Trabajo (Department of Labor) ya que son la principal fuente de noticias de última hora sobre política laboral, etc …
Consecuentemente, cualquier periodista de noticias que sea demasiado crítico con las agencias del gobierno sobre las que informa, se arriesga a verse desconectado de su fuente de información, la sangre que da aliento a su carrera profesional. Así pues, los periodistas que quieran hacer carrera tienen esencialmente que convertirse en perritos falderos y en voceros del Estado. Tolerarán y, ocasionalmente, expondrán críticas relativamente inocuas del Estado pero es más probable que se dediquen a demonizar a quienes formulen verdaderas críticas. Lo hacen para engañar al público y hacerle creer que existe un real debate político en Washington sobre los asuntos públicos.
Siempre que aparece en escena alguien como el congresista Ron Paul, que pone en cuestión la existencia misma de cualquier institución de planificación central estatista (como la Reserva Federal), los medios lo ignorarán y/o demonizarán así como a cualquiera que comparta sus puntos de vista.
La teoría de Jensen/Meckling al respecto es correcta aunque omite algunos otros elementos importantes que son determinantes del sesgo pro-estatista de los medios. A nuestro entender Murray Rothbard en sus dos ensayos titulados “La naturaleza del Estado” y “Anatomía del Estado” colmó esas lagunas. Rothbard señaló que todos los gobiernos recurren fundamentalmente a un conjunto de mitos y supersticiones acerca de su pretendida grandeza y benevolencia acompañado de mentiras, mitos y supersticiones respecto de los “males” que trae consigo la libertad, el voluntarismo, la empresa privada y la sociedad civil. No son tanto los burócratas del gobierno quienes contribuyen a mantener y extender esos mitos y supersticiones sino las varias prostitutas intelectuales del mundo académico y de los medios de comunicación. Los “historiadores cortesanos” del mundo académico inventan continuamente retorcidos cuentos sobre los “fallos” del voluntarismo y del libre mercado para justificar una mayor interferencia del gobierno en nuestras vidas. La Economía Keynesiana, sería un ejemplo perfecto de este fenómeno. y el columnista del New York Times y del Partido Demócrata Paul Krugman sería un perfecto ejemplo de esos historiadores de la corte.
Ésa es otra de las razones por las que los medios ignoran a personas como el congresista Ron Paul. Hay unas pocas excepciones, pero en su mayoría, los integrantes de los medios han dedicado muchos años a ser los expertos portavoces de la propaganda del Estado militarista y del Estado del Bienestar. Forman parte del aparato del Estado en igual medida que pueda serlo cualquier político o burócrata del gobierno. Son la herramienta esencial de la que se vale el Estado para engañar a la población y conseguir que consienta pacíficamente la interminable expansión del Estado y el enriquecimiento económico de todos sus servidores, en especial, de los medios. La expansión del Estado siempre lleva a una menor prosperidad y a una reducción de las libertades de la población general.
La mayor parte de los medios predominantes no son más que remunerados embusteros profesionales que repiten una y otra vez cosas tan absurdas como: “Que un mayor gasto público y un aumento de los impuestos nos harán más ricos”; “Que es constitucional sacar una radiografía a cualquiera que pase por un aeropuerto”; “Que la Constitución otorga al Presidente de los Estados Unidos el derecho a bombardear cualquier país del planeta sin consultarlo con nadie, en especial sin consultarlo con el Congreso de los Estados Unidos”; “Que los padres fundadores pensaron que sería buena idea dejar la libertad de todos en manos de cinco jueces nombrados de por vida por el gobierno”; “Que la socialización de los servicios de salud hará disminuir los costes de la atención sanitaria”; “Que las recesiones y las depresiones son causadas por repentinos estallidos de codicia y por el espíritu animal”; “Que los capitalistas se enriquecen vendiendo a la gente productos dañinos o perjudiciales que ponen sus vidas en peligro”; “Que el Presidente tiene constitucionalmente derecho a ordenar el asesinato de ciudadanos norteamericanos si los considera sospechosos de ser combatientes enemigos”; etc …
Tras dedicar toda su carrera a extender esas absurdas mentiras, la aparición de personas educadas, formadas e instruidas como el congresista Ron Paul aterroriza por completo a los “medios dominantes” ya que, de una vez por todas, amenaza con exponer sus manejos como el fraude y el enemigo de la sociedad que en realidad son. Esto también explica la hostilidad mostrada por el Estado y la mayor parte de los medios de comunicación respecto de sitios web dedicados a apoyar la causa de la libertad, en particular, y respecto de Internet, en general. La existencia de fuentes de información desprovistas de guardianes que restrinjan el libre acceso a la misma amenaza con hacer saltar en pedazos el imperio de mentiras sobre el que descansan todos los poderes del Estado.

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