Saturday, January 7, 2017

CONVERSACIONES CON UN LIBERAL MEXICANO XXV



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
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El plan de Calles ya despertaba un descontento nacional de forma que, infinidad de distinguidos mexicanos y muchos participantes en el conflicto armado, sobre todo, impulsados por el asesinato de Obregón se preparaban para de alguna forma enfrentar ese movimiento que consideraban peligroso y amenazante. Don Gilberto, regresó de su larga reunión con el General totalmente convencido de que lo que asechaba al país, no era nada halagüeño y luego de permanecer unos días en la capital, decidía no podía ni debía permanecer al margen, aceptando así la invitación para convertirse en el candidato de la oposición. Pero todo esto tú ya lo conoces puesto que, en la lectura de los apuntes que me prestaste hace algunas semanas, tuve oportunidad de leerlo y me parece que lo captaste muy bien.


Si Toño, le respondo, pero me interesa ahora conocer tu versión como uno de los actores de hechos históricos, y tal vez el único vivo. Pues si, revira Toñto, todavía vivo, aunque a veces me pregunto por cuanto tiempo, pero en fin. Mira Ricardo, yo tuve la oportunidad de ver a don Gilberto después de su reunión con Calles, y fue para mi algo dramático. Me encontré con un hombre que en esos momentos ya sufría lo que, con esa visión profética que él tenía, miraba en el horizonte del país. Siendo él un hombre de estricto apego al estado de derecho, y sobre todo, un hombre de paz, se daba cuenta de que ninguna de esas dos cosas había logrado Mexico luego de tantos años de guerra y muerte. La democracia había sido de nuevo, como decían en Sahuaripa, alzada en alguna galera para que se empolvara con el tiempo, naciendo la nueva tiranía.

Don Gilberto, con todos los años que había estado en Europa, tenía una visión global que me atrevo a decir, en esa época en Mexico, tal vez fuera uno de un pequeño puñado de hombres visionarios que la portaban, y ello, al mezclarlo con los acontecimientos nacionales, mas lo preocupaba. Se daba cuenta de que en la esfera internacional se cocinaba un extraño potaje que, lo primero que produciría, y ese mismo año, sería el inicio de la Gran Depresión, evento que cambiaría al mundo para siempre. El identificaba la actitud de Calles, como parte de una tendencia mundial hacía una grave expansión de los tentáculos de los gobiernos, cada vez con más intervención en la vida cotidiana de los ciudadanos y la gran consolidación de un poder central casi omnipotente. Mussolini ya en 1922 lo había expresado de forma muy clara: “Todo dentro del estado, nada fuera del estado y, nada en contra del estado.”    

Un aspecto de la vida y personalidad de don Gilberto que muy poca gente conoció, es que siendo abogado, por un interés muy particular, llegó a manejar la ciencia económica como el mejor de los economistas de ese era. Ya en Francia había tenido la oportunidad de asistir al prestigiado Ecole en donde la mayoría de las asignaturas que tomó, eran en el área económica y después, en su estancia en Londres, y eso lo vivió también tu padre, asistía al London School of Economics en donde, al igual que tu padre, tuvo la oportunidad de conocer a quien luego sería un economista de fama mundial y abanderado del viejo liberalismo; Von Hayek. Esa relación con Hayek, fue lo que cimentaría las convicciones liberales de tu tío, pues el maestro, como ellos se referían a Hayek, ya entonces navegando en contra de la corriente mundial del estatismo, el nazismo y el fascismo, los criticaba ferozmente y los condenaba a una muerte violenta.

Por ello, es todavía más admirable la decisión que tomaba de no aceptar la invitación de Calles, para muy seguramente convertirse en el candidato a la presidencia de esa oposición. El ya se daba cuenta de cómo el entorno economico mundial se descomponía y, de alguna forma, se daba cuenta también de que algo inusual y grave sucedería. Don Gilberto no era un iluso, él sabía que ya Calles mantenía todas las cuerdas del poder, y de ninguna forma las soltaría. Sabía perfectamente también que, el enfrentarse al jefe máximo era una sentencia de muerte tanto politica como física, y aun así, como lo expresara en uno de sus famosos discursos, prefirió ese sacrificio que la vida de opulencia que se le ofrecía en bandeja de plata. ¿Qué más te puedo decir para dibujar a ese hombre idealista?

La historia del nacimiento del Plan Hermosillo, ya la conoces y no tiene caso que la repita. Sólo te digo que luego de su última reunión con Calles en Cuernavaca, era rumor general y nacional el que esos dos hombres habían chocado, y por ello, un sin número de simpatizantes se acercaron a don Gilberto pidiéndole aceptara una candidatura de oposición. Salió pues de la capital del país para iniciar reuniones con esos grupos en los diferentes estados.

Yo llegué a conocer tan bien a tu tío que, antes de que abandonara la ciudad de Mexico para iniciar su campaña, me fui a despedir de él e inclusive, a ofrecerle mis servicios a su causa. Don Gilberto me lo agradeció de forma muy sincera, y luego me dice algo que siempre voy a recordar: “Mira Toño, el país supuestamente ha terminado una lucha armada que se propició para liberarlo del estado feudal y de vasallaje en que se encontraba. Sin embargo, veo que el General Calles no sólo tiene intenciones de revivirlo, sino adecuarlo a sus intereses muy particulares y los de su grupo de amigos, y eso, no se debe permitir permaneciendo como espectadores. Y todo esto, Calles lo sabe perfectamente bien y está preparado. Yo por mi parte, estoy muy conciente de que cualquier movimiento que iniciemos tal vez no tenga éxito, pero el hombre no está obligado a triunfar siempre, pero si a seguir los dictados de su conciencia. Yo no puedo permanecer inmóvil”

Con ello, don Gilberto me decía que había decidido sacrificarse por la causa en la cual él creía. Me decía que no era un iluso y que, ante el poder de Calles, estaba conciente no tenia posibilidad alguna de triunfo militar o politico, pero su triunfo era el respetar los dictados de esa conciencia tan pura que portó durante toda su vida. Cómo no admirar a un hombre que acababa de rechazar el ofrecimiento de Calles para convertirse en Presidente de México en esta nueva trama en la cual, era imposible que la perdiera, y en cambio, acepta la candidatura de los grupos independientes sabiendo que sus posibilidades de ser oprimidos, e inclusive, de perder la vida, eran si no muy seguras, muy altas y probables.

No entiendo Toño, le reviro; si mi tío sabía que el movimiento que se preparaba no tenía posibilidad alguna de triunfo ¿Para que entonces lo hacía? Se queda pensativo unos segundos y me responde: Yo pienso que más que nada por lo que tanto repetiría durante toda su vida; seguir los dictados de su conciencia. Y esa conciencia le decía que Calles iniciaba el secuestro del país y él, don Gilberto, no podía ni debía ser simplemente un espectador puesto que, su conciencia no se lo permitía.

Ahora, yo estoy seguro que algo más sucedió entre don Gilberto y Calles que provocó no sólo una ruptura, sino una actitud no usual en un hombre tan ecuánime como lo era tu tío. Fue entonces que su discurso pasó a ser realmente agresivo en contra del General, a quien, entre otras cosas, acusó de la muerte de Obregón. Creo que nadie sabe lo que realmente sucedió en la reunión, pero yo tengo mis teorías. Una es que tal vez don Gilberto tuvo acceso a pruebas que señalaban a Calles como el cerebro atrás del asesinato. La otra, es que pienso que Calles, al ver a tu tío tan decidido, tal vez lo amenazó, pero la realidad es que nadie sabe pero, don Gilberto de un momento a otro se transformó. Mira, me dice luego, y en esos momentos me entrega un viejo recorte de un diario de esa época:

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