Wednesday, January 18, 2017

CONVERSACIONES CON UN GRAN LIBERAL MEXICANO XXXVII



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
 
Las cartas de mi padre respondiendo a su hermano, revelaban una preocupación especial por lo que él, a pesar de su juventud e inexperiencia, ya detectaba en el ambiente de la vieja Europa. La Gran Depresión se había convertido en un fenómeno mundial el cual, era aprovechado por algunos carismáticos y demagogos líderes con gran habilidad para cimbrar a las masas. La primera guerra mundial había iniciado un movimiento interesante y peligroso. El presidente Wilson a pesar de su promesa de no involucrar a los EU en el conflicto, finalmente lo hacía y con un objetivo: el destruir las monarquías en todo el continente y abrirle las puertas a la democracia.


El derrumbe de las monarquías en Austria, Alemania, Italia, Rusia le abría las puertas a los bolcheviques ya adueñados del viejo reino de los Zares y, emergían dos hombres que harían temblar a la humanidad entera: Adolfo Hitler en Alemania con su Nacionalismo Socialista y, Benito Mussolini en Italia con su fascismo. Ambos movimientos situaban al estado como el ente todopoderoso frente a un individuo ahora parte de ese rompecabezas que, lo amalgamaba en un nuevo aparato nacional al frente del cual emergía un tirano con ropajes diferentes, pero más letales que lo que se abandonaba.

Lo más impactante de estos diabólicos movimientos era que, inclusive hasta la fecha, mucha gente al referirse a ellos de forma ignorante los etiquetan como explosiones de la derecha, y así, agregan ingredientes adicionales a ese oscuro potaje de las deformaciones ideológicas que tanto confunden. Esa geometría política, había nacido durante la revolución francesa cuando los diputados que pretendían mantener el régimen existente se ubicaban en el lado derecho del parlamento y, los nuevos revolucionarios en la izquierda. Sin embargo, cuando la “izquierda” confundiera el postulado revolucionario de igualdad que era, o debería ser igualdad ante la ley, su fuerza legitimadora perdiera uno de sus tres pilares que la sostenían.

Lo expresado por mi padre cobraba certidumbre cuando en 1933, Hitler se adueñara del liderazgo de una Alemania totalmente resentida por el resultado de la guerra, y sobre todo, por los arreglos establecidos en la firma de la paz al ser vencida y humillada. Años después la debutante Liga de las Naciones—antecedente de la ONU—mostraría su debilidad cuando en 1935 permaneciera inmóvil ante la invasión de Abisinia por parte de Italia. Mi tío en otra de sus cartas a mi padre, le expresaba su rechazo total a cualquier tipo de dictadura, inclusive, a la de Franco en España, como una fórmula de combatir el comunismo. El pensaba, y se lo expresaba a mi padre, que una sociedad libre era la mejor alternativa frente al comunismo, el fascismo o socialismo.   

La era de Coolidge en la cual constantemente desenfundaba su filosofía Laissez—Faire cuando afirmaba: “Gobierno y empresa deben permanecer separados, uno dirigido desde Washington y el otro desde Nueva York. Los hombres sabios y prudentes deben siempre prevenir el mutuo usurpamiento que los estúpidos buscan en ambos bandos. Los negocios deben de buscar una ganancia, pero tienen también un propósito moral: el esfuerzo general y organizado de la sociedad de contribuir para lograr los requerimientos económicos de la civilización…y debe descansar en la ley de servir. Debe de apoyarse en pilares como la verdad, la fe y la justicia. Es su enorme significado y su gran contribución al progreso moral, espiritual y material de la humanidad. Es por ello que el gobierno debe garantizar y promover su éxito estableciendo las condiciones de competencia en un marco de seguridad. La tarea del gobierno y la ley, es suprimir privilegios en donde quiera que los haya y proteger la propiedad aplicando remedios legales: El elemento mas importante del valor de cualquier propiedad, es la seguridad de que su pacifica utilización será públicamente defendida. Sin esa protección el valor de sus activos caería en un abismo sin fondo. Mientras más capacidad tengan los negocios para autorregularse, habrá menos necesidad de intervención del gobierno para asegurar una competencia limpia. De esa forma, puede concentrar su tarea en mejorar la estructura nacional en la cual, los negocios incrementen sus ganancias, sus inversiones, los salarios, proveyendo al mercado de mejores productos y servicios a los mejores precios posibles.” ESTABA FALLECIENDO.


Era ya el capitulo de la historia perteneciente a Roosevelt y su New Deal. En una de sus cartas don Gilberto le comentaba a mi padre como el proceso iniciado en los EU, en muchas aristas era similar a la toma del poder en México de parte de Porfirio Díaz en la cual, el positivismo de Comnte le abría las puertas al estado hercúleo. Las ideas de Comnte apuntaban hacia un proceso deliberado y racional, mediante el cual las autoridades centrales, haciendo una lectura de las leyes históricas, inexorables, que gobiernan a las sociedades, aceleran el desarrollo a través de lo que hoy llamaríamos ingeniería social. El estado es la entidad moralmente responsable de provocar progreso, pero para ese propósito se recuesta firmemente en la empresa privada pero, una empresa privada que debería girar alrededor del astro rey, el estado el cual además mantiene los números fiscales en orden. El positivismo se extendería como plaga en toda América Latina pero en los EU tendría solo un impacto menor, especialmente en los estados del sur.

Con la avenida de Roosevelt como presidente de los EU, emergería al plano internacional uno de los economistas más polémicos del siglo XX; John Mayner Keynes. Creo que con gran autoridad se puede afirmar el que, este hombre tomaría las ideas del positivismo de Comnte, para darle vida a las teorías económicas que conocidas como Keynesianismo, arroparan el quehacer de todos los países de Europa y a los EU. El manejo Laissez—Faire de manos del gobierno fuera de la economía, era ahora atacado de forma agresiva blandiendo las ideas de este hombre. Con un campo fértil y regado, las ideas de Keynes florecían como el hestafiate en los veranos lluviosos. A este punto del intercambio entre mi padre y su hermano, don Gilberto en mi opinión, establecía una postura muy especial. Por un lado y de forma no muy contundente, aceptaba que la gran avenida liberal se había desrielado. Al mismo tiempo expresaba su preocupación por ese nuevo y renovado activismo del estado que según él, desplazaba al individuo.

En México la situación política se complicaba cuando se aproximara el final del término del presidente en 1933. Los grupos políticos opositores a Calles y su PNR se agrupaban de nuevo en frentes antireeleccionistas que los unía un fuerte lazo, su descontento con los métodos políticos del callismo. Sin embargo, la forma en que eran reprimidos mostraba de forma clara, lo que sería el sello del gobierno durante las siguientes décadas, una intolerancia total a cualquier forma de expresión en desacuerdo o inconformidad. Esos grupos antireeleccionistas se pronunciaban en contra de lo que consideraban una nueva reelección del partido en el poder, al que acusaban de antidemocrático y dictatorial. Pero el gobierno controlado por Calles, ya de forma descarada declaraba seguiría una política de continuismo ideológico redoblando esfuerzos para someter al “sector enemigo” de la obra renovadora.


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