Wednesday, January 18, 2017

CONVERSACIONES CON UN GRAN LIBERAL MEXICANO XXXIII



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
Me regreso a continuar las conversaciones con mi padre, pero el café se había terminado y él de nuevo se encerraba en ese misterioso mutismo en el cual, parecía desconectarse a la realidad del presente para viajar a otras épocas o a otros mundos. Sin embargo, había descubierto algo muy interesante, y sobre todo, muy valioso para mi esfuerzo. Con el estímulo debido, la mente de mi papá con el café era rescatable, cuando menos por algunas horas y así, podía acudir a esa fuente para beber la gran cantidad de información que guardaba en ese precioso archivo casi inexplorado.


Esa tarde leía casi con incredibilidad la correspondencia entre mi padre y su hermano que, abarcaba un periodo de casi cinco años. Era, por una parte, las palabras prácticamente de un padre a un hijo no solo dándole consejos ante la adversidad que vivían, era la narración e interpretación de una época de graves acontecimientos, no solo en Mexico, a nivel mundial que cambiara la faz del planeta de forma radical y para siempre. Era la primera vez, en casi toda una vida, que podía entender muchas actitudes, conductas, estados de ánimo de mi padre. Me remitía luego a los apuntes de mis reuniones con el tío Gilberto, pero nunca pude encontrar referencia a esa comunicación tan especial que ellos habían mantenido

Luego me preguntaba ¿Cómo es que las cartas de ambos terminaron en poder de mi padre? Pero no esperaría mucho por la respuesta. La siguiente mañana muy temprano preparaba el café que tanto disfrutaba mi papá en las mañanas, y como magia, de inmediato aparecía con su clásico; que bonito huele a café. Siéntate, le digo, al tiempo que le pongo enfrente su gran taza con el letrero de TATA y, de inmediato le da el primer sorbo y su tez tan blanca, le empiezan a dibujar los chapetes cuando exclama; que buen café. Era sin duda uno de sus placeres predilectos y que yo le había regresado aun en contra de las instrucciones de los médicos.

Ya que lo veo reconfortado le digo: ayer encontré las cartas de mi tío Gilberto y las tuyas en el almacén de atrás. Me mira algo extrañado pero continuo y le pregunto ¿por qué tienes en tu poder también las tuyas, es decir, las que le respondías desde Bruselas a mi tío? Sorbe otro largo trago de café, e inicia. Hace muchos años, Gilberto me las regresó pensando que tal vez yo, algún dia escribiera sobre ese intercambio que tuvimos durante tantos años. Pero la realidad es que estaba tan decepcionado de todo lo que había acontecido en este país, que no tuve el ánimo de hacerlo y ahí quedaron olvidadas durante años. Ya ni me acordaba que las tenía.

Vuelve a empinar la taza y ya con energía continúa. Esos años del exilio, para Gilberto fueron de mucho sacrificio, de sufrimiento, pero también de gran aprendizaje y madurez. El haber tenido la oportunidad de observar, como un simple espectador, y mas importante, desde otro país y lejos de la contaminación del Pacto de Calles, le daba una independencia moral e intelectual para interpretar y calificar la forma en que se aprisionaba a toda la sociedad mexicana. Las descripciones de Gilberto de cómo se iba tejiendo esa madeja de un adefesio combinando lo peor de todas las ideologías, trampas, técnicas, sistemas, métodos, económicos, políticos y sociales, eran una premonición del Mexico de los siguientes 70 años. Esa mancha vergonzosa en nuestra historia que él había tratado de evitar.

Gilberto fue uno de los muy pocos, si no tal vez el único, de los hombres de esa época que tenía las herramientas para, de forma diferente, interpretar lo que sucedía en el país. En primer lugar, era un hombre bueno e integro por naturaleza, un hombre moral y de valores intachables. Luego, sus largas estancias en Europa, como diplomático y también como estudiante, le daban una visión muy completa y diferente de la panorámica internacional pero, sobre todo, como el gran abogado que era, todo lo miraba con el microscopio de la ley y su justicia. Finalmente, el destierro lo fortalecería aun más y repito, como espectador, de forma mas clara y nítida se daba cuenta de la forma en que construía la prisión de los revolucionarios.

En esas cartas vas a encontrar la forma en que con incredibilidad Gilberto veía cómo en medio de la Gran Depresión mundial, Calles le apretaba las cadenas a los mexicanos cada vez con mas fuerza. Es mas, se aprovechaba del pánico de una población totalmente dependiente que ante el espectro de ese fenómeno nunca visto, se entregaba al sacrificio ante ese nuevo estado que ya no sería el benevolente dictador, como en la era de Porfirio Diaz. Ahora sería una larga dictadura opresiva y sangrienta que, después de todo lo que se había destruido en la revolución, hundiría al país en la demagogia, el estatismo, la injusticia y la miseria.

En una de las cartas de Gilberto, vas a leer cómo, de forma profética, me comentaba el que Calles apretaba tanto los grilletes de la sociedad, que no tardaría en aparecer un redentor de los que ya emergían especialmente en toda América Latina, para poner en marcha ese estúpido igualitarismo que por tantos años se practicó, destruyendo lo poco que había. Y hablaba así, con boca de profeta, pues luego aparecía Cardenas con su ola destructiva. Pero haría un gran servicio a Mexico: quitarle el grillete de Calles, aunque el grillete del partido ya estaba fundido al futuro de los mexicanos y con un metal más fuerte que el acero.

Continúa mi padre como alguien poseído por otra persona. ¿Tú crees que yo iba a escribir todo esto a mi regreso allá por los años 40? No estaba loco, me hubieran desaparecido al dia siguiente. Cuando regresé de Europa en los años 30 y Gilberto estaba todavía en el destierro, se me cerraron las puertas en todos lados y en todo Mexico. Con mis Doctorados en Derecho y Filosofía y Letras, mis cursos de ciencias políticas en el London School of Economics, hablando cuatro idiomas, en la ciudad de Mexico no pude conseguir trabajo ni de maestro de primaria, solo porque era hermano de Gilberto. Cada dia me levantaba con una rabia y un coraje mayor; ¿Cómo era posible que le pagaran a mi hermano sus servicios a la patria de esa manera?

Pero ese era el Mexico que se había construido por esa revolución de la que tanto hablan, y lo único que hizo fue hundir mas al país y a través de ese nuevo colador, eliminar a los hombres verdaderamente valiosos como mi hermano. Ahí está todo en esas cartas que yo no he vuelto a leer en muchos años, porque me da rabia y vergüenza. Ahí está dibujado el país que estos bandoleros dizque construyeron, este país que no ha sido mas que una ridícula tragicomedia y todavía no hay quien exponga esa verdad que durante tanto tiempo se ha ocultado. Pero lo más triste, todo mundo lo sabe pero como siempre, simplemente barren la basura debajo de la alfombra.

Yo no podía creer que el que hablaba era mi padre. Jamás lo había visto así, sí lo escuchaba siempre criticar al sistema, y sobre todo, la conducta de los mexicanos pero nunca de esta forma. Me daba cuenta ahora de la amargura con la que mi padre había vivido prácticamente durante toda su vida.

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