Wednesday, January 18, 2017

CONVERSACIONES CON GRAN LIBERAL MEXICANO XXXVI



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
Era sumamente interesante para mi el leer la respuesta de mi padre a las cartas de don Gilberto, puesto que, al encontrarse en el centro del pensamiento liberal, de una Europa que todavía no sucumbía a las seducciones del nuevo socialismo ya transformado, se le hacia realmente difícil entender lo que sucedía en su país. La Universidad Libre de Bruselas y el London School of Economics, que eran sus refugios intelectuales, permanecían hasta entonces, como los mas claros estandartes del liberalismo europeo. El liberalismo de Bastiat, de Burke, de Spencer, Tourgot


Educación y economía se tomaban de la mano en una nueva promoción del estado para declarar “la bancarrota del sistema individualista.” De esa forma, en su nueva declaratoria el estado se convertía en el coordinador de las actividades económicas y en ese nuevo sentido, según ellos, la politica y la economía se confunden. La nueva misión de la escuela socialista era construir y difundir una nueva visión del mundo que, transformara en cooperación lo que ellos identificaban había sido solo un conflicto, introduciendo a los educandos al espíritu de solidaridad y responsabilidad social. En esos momentos nacía ese Mexico moderno de la borregada en el cual, el individuo se llegaba a perder en la confusión de la manada, para depender de ese ser nebuloso que ahora se identificaba como el gran padre de los mexicanos; el estado.

En esos momentos en Mexico emergía una organización política muy sui géneris que, de alguna forma tomaba ladrillos de todo tipo de edificaciones para construir la torre nacional. El Pacto de Calles, en sus estrategias, mucho se asemejaba a la autocracia de los partidos comunistas ya enraizados con profundidad en la emergente Unión Soviética, pero cada día mostraba más una semejanza a los movimientos fascistas de Italia, e inclusive, al nazismo naciente de Alemania. La famosa frase de Hitler años después: “Yo no quiero controlar los activos de la gente, sólo quiero controlar sus mentes,” dibujaba con nítida claridad la estrategia de Calles para mantener el poder.

En otras de las misivas mi tío, le explicaba a mi padre el que tal vez hubiera alguna esperanza para el país puesto que, los maderistas originales tajantemente rechazaban las nuevas políticas de Calles y, abiertamente se pronunciaban en contra de su radicalismo. Ellos todavía enarbolando la bandera del mártir de la revolución, hablaban de un humanismo liberal, pero luego se perdían en un extraño solidarismo cristiano que no rimaba con el sueño de Madero. Sin embargo, la represión ya descarada del Callismo, los neutralizaba con el estilo que adoptara la dictadura perfecta en el futuro. Ese movimiento de valientes opositores que aun conservaban algunos de los perfiles liberales, pero con un gran tinte humanista, encabezados luego por Manuel Gomez Morín fundarían el partido que finalmente expulsara al Callismo del poder: el PAN.

Continuaba don Gilberto afirmándole a mi padre que aun en medio de las penurias que ambos vivían en esos momentos, puesto que, el tío Gilberto desterrado y sin ingresos, estaba imposibilitado para enviarle dinero, por lo cual, los siguientes años debería de hacer malabarismos para poder permanecer en Bruselas y terminar sus estudios, el sabía era una muy buena decisión para apartarlo de la contaminación cerebral que produciría el sistema educativo mexicano que ya se establecía.

Leyendo específicamente esa carta, ahora me daba cuenta con gran claridad de las raíces tan profundas de nuestros problemas, y sobre todo, entendía las sabias palabras de Mark Twain: “Yo nunca permití que la escuela interfiera con mi educación.”  Me daba cuenta de lo que años después llegara a identificar como el gran activo de los países, su capital intelectual, en México se le aplicaba un freno que lo mantendría depreciado, y aun a estas fechas, permanece igual. El nuevo Pacto de Calles, de forma maquiavélica construía los muros de la gran prisión de los mexicanos mediante una fina red que ya tejía para emerger con un producto terminado que, luego fuera conocido como “el asesino silencioso.” El sistema educativo del país se confeccionaba como monopolio del estado para petrificando las mentes de la niñez y la juventud, confeccionar un potaje de gente dependiente, resentida con las clases “burguesas,” y sobre todo, el tipo de mexicano que luego pasara a culpar a la burguesía y al imperialismo de la pobreza y atraso producto de nuestra gloriosa revolución.

En una de sus misivas el tío Gilberto le comentaba a mi padre como la Gran Depresión se agravaba entre los años 1930-32, cuando 25 de las acciones industriales representativas sufrieran una caída de 370 a poco mas de 90 y, el mejor ejemplo del fenómeno eran las acciones de la United States Steel que, de cotizarse a 370, sufrió un derrumbe hasta llegar a 21. El comercio internacional se reducía drásticamente y la contracción del crédito como consecuencia de la explosión en Wall Street, enviaba mortales olas a todos los países de Europa y ello, provocaba que para 1931 las instituciones financieras europeas se encontraran en graves dificultades. En Inglaterra una nueva coalición laborista y socialista encabezada por Ramsay Mac Donald, tomaba control del gobierno para provocar el abandono del patrón oro por lo que, otros países de inmediato lo seguirían para hacer las conciliaciones en comercio internacional prácticamente imposibles. Durante el año de 1932 las exportaciones de los EU caían de 5 billones de dólares a 1.5.

Ese año de 1932 los Demócratas seleccionaban a Franklin Delano Roosevelt como su candidato a la presidencia. Sin embargo, la plataforma del partido no revelaba en lo absoluto las drásticas medidas que se activarían en la primera etapa del New Deal, y por el contrario, hablaban de reducción de gastos y un presupuesto balanceado, la remoción de los tentáculos del gobierno en la empresa privada, el lograr un dólar estabilizado y fuerte, la aplicación del estado de derecho, especialmente en lo referente a las leyes anti monopolio, respeto a la Constitución y una fuerte defensa nacional. Sin embargo, había en ello algunas pistas de lo que realmente se proponían cuando hablaban también de regulación para cierto tipo de empresas, de los mercados de valores, de los precios de servicios, como electricidad, el divorcio de la banca comercial y la de inversión, una ley para establecer seguro de desempleo y de retiro, y sobre todo, algo que realmente alarmaba a los economistas liberales, el uso de todos los poderes constitucionales para que los agricultores recibieran precios de sus productos que superaran sus costos.

Nadie imaginaba que el término acuñado por FDR había sido inspirado en un libro recién publicado por Stuar Chase, gran critico de la empresa americana, precisamente titulado “New Deal.” Chase había visitado la Unión Soviética en 1920 y de su visita nacería una gran admiración de lo que observaba. Regresaba convencido que en los EU debería de llevarse a cabo una redistribución de la riqueza la cual, incrementaría el poder de compra de la gente. Pensaba que el problema de la producción estaba resuelto, y lo que ahora se requería, era la intervención del gobierno para resolver el de la distribución. Sus principales recomendaciones eran mayores impuestos para altos ingresos, salarios más altos, viviendas públicas, y reducción de las horas de trabajo.

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