Wednesday, January 18, 2017

CONVERSACIONES CON GILBERTO VALENZUELA XXXVIII



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela  
El tío Gilberto, se quejaba con cierta amargura de cómo el ideal democrático de Madero había fallecido a su nacimiento y, claramente veía la emergencia de otra dictadura, ya no de un hombre, la de un partido. Le comentaba luego a mi padre, cómo el destierro le daba ahora la oportunidad de estudiar profundamente la historia de los EU, la cual, en toda América Latina había permanecido ignorada cuando siempre buscando modelos, se dirigía la mirada hacia Europa, siendo que, en el viejo continente en esos momentos no existía una sola democracia y en países como Francia, su revolución había naufragado para darle campo a la dictadura de Napoleón. En sus primeras cartas señalaba el camino que había iniciado y que luego lo harían entender la forma inusual y única, lo que le daba vida a la estructura política de los EU.


Mi padre respondía esgrimiendo argumentos entendibles cuando en esos momentos Europa, aun antidemocrática, no caía todavía en las redes de Keynes y el liberalismo económico permaneciera con algunas señales de vida. Francia en especial y con ella Bélgica, habiendo ayudado en la causa revolucionaria e independencia de los EU ante su eterno enemigo; Inglaterra, atestiguaba el nacimiento de la nueva nación, y sobre todo, con las grandes controversias que el libro de Tocqueville: Democracia en América, había provocado a finales del siglo XIX, promovía que los chispazos de liberalismo económico aun se daban, pero cada vez mas débiles y tenues.

Pero don Gilberto en esos momentos, presenciaba en primera fila la forma en que Roosevelt poco a poco derribaba el edificio que habían construido hombres como Jefferson, Madison, Adams, Jackson para remplazarlo con el estado hercúleo que caracterizara a la mayoría de los países del mundo durante las siguientes décadas. Ello, de alguna forma, facilitaba el desarrollo del plan de Calles puesto que, en cierta forma, los EU con un giro del timón de 180 grados, apuntaban hacia la misma dirección, si no con la velocidad de México, si la suficiente para vibrar la estructura fundamental del país y cambiar la historia de forma dramática.

Los primeros años de la década de los 30, fueron utilizados por Calles para consolidar su plan a través de una serie de marionetas que instalaba en la presidencia de la Republica, pero todos seguían sus directrices y reportaban con él. Fue en esos años en los que surgiera la famosa frase: “El presidente vive aquí, pero el que manda vive enfrente.” Calles utilizando a sus marionetas, de forma sutil inicia lo que sería uno de los muchos cánceres de la economía mexicana en los años por venir, las expropiaciones agrarias de los supuestos latifundios, para de forma anárquica, iniciar la destrucción de la agricultura.

Comentaba luego don Gilberto, cómo muchos de los rasgos de la nueva constitución de 1917, con los cuales Obregón y los obregonistas no estaban de acuerdo, Calles los empieza a implementar agresivamente. La constitución había llegado a los extremos de proteger indebidamente al obrero a costa del patrono obligando a este, en ciertos casos, a trabajar operando con perdida concediendo a los trabajadores lo que deberían ser ganancias, y, en general, trastornando el equilibrio que debería de existir entre capital y trabajo. Como consecuencia de ello, ya el partido Laborista Mexicano había aprobado una resolución rezando: “El partido siempre ha estado de parte del proletariado, para conquistar su total emancipación, pues estima que debe, en su oportunidad, tomar posesión de las tierras, de las maquinas y de todos los medios de producción y transporte, así como el administrar esa producción y su consumo, con un sistema de organización social, que garantice la igualdad económica en todos los ramos.”   

Obregón, si no había intentado construir un México diferente a la imagen y semejanza de los EU, si había hecho un gran esfuerzo para establecer las mejores relaciones, cuando el país del norte era el ejemplo mundial del verdadero liberalismo. En la administración de Obregón, habían existido inclusive ciertas presiones de parte de algunos segmentos de los EU para acelerar ese paso y, al igual que a Fox en estos momentos, se le acusaba de no ser lo suficientemente agresivo con las reformas que el país urgentemente requería. Pero Obregón sabiamente entendía y sabía que, este era un proceso a largo plazo y es lo que lo distinguía como estadista, su visión al largo plazo, no la cura de una cruda presente con más de lo mismo y así, calmar a las masas.

Pero muerto Obregón y los obregonistas en huida, el campo estaba libre para dibujar el mapa que describiera el país de los siguientes 60 años. Además las presiones reformadoras de parte de los EU, desaparecían cuando ellos mismos llenos de pánico se embarcaban en un proceso, si no igual, si con los mismos perfiles. Ese campo tan fértil y propicio, era descrito en esos años por un autor americano: “La clase baja del pueblo mexicano, no es sólo cándida y políticamente indiferente, sino que es, además, pobre, mal alimentada, impróvida, y en grandes extensiones del país, especialmente en el sur, físicamente degenerada. Sus chozas y su pobreza ofenden a la vista. Es por ello que acudieron en miles alrededor de condotieros como Villa y Zapata, que podían ponerles la tentación del botín y premiarlos con rápida promoción. Pero como los rusos del Zar, tienen una idea completamente torcida de lo que es la libertad que debe acompañarse de responsabilidad.”

El dominio de la política en esos años de rápida decadencia, estaba monopolizado por los semi—intelectuales, peligrosa clase en cualquier sociedad de no muy sólida base, hombres de estrecho criterio, de escasa cultura, insaciables ambiciones y de instintos egoístas. No Vivian en el futuro ni en el pasado, sino solamente en un presente casi animal. Ninguno de ellos, ni siquiera Carranza, tenia el don de la visión a largo plazo, ni el sentido de proporción, ni serenidad del espíritu necesarios para dirigir la mirada a lejanos horizontes. Muchos de los partidarios habían sido o iban a ser rebeldes, y hasta que Obregón, quien si era visionario, le dio un nuevo significado al vocablo revolución, casi todo rebelde era solo un bandido.

La necesidad de gobernar con el pueblo, si existía, nunca la comprendieron. Para casi todos, la masa del pueblo era solamente un medio, no un fin. Y en cuanto surgían individuos de talento que podían haber contribuido eficazmente a la causa del progreso, los situaban como la espuma sobre la ola de la revolución. Durante todo el periodo de guerra y luego de una paz frágil e indeleble, la mayoría de la gente anhelaba eso, la paz. Varios jefes estaban dispuestos a morir por ella; pero muy pocos querían vivir trabajando por ella.  Ese era el México que asomaba a mediados de los años 30, cuando mi padre se disponía a regresar, después de casi 15 años en Europa.

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