Wednesday, January 18, 2017

CONVERSACIONES CON EL TIO GILBERTO XXIX




REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
 

Tenía ya varios días en el pequeño rancho de Toño y me resistía a dejarlo. El hombre era una fuente de historia y sabiduría de la que yo nunca hubiera bebido. Esa mañana al levantarme poco después de las 5.00 AM, al salir de mi habitación veo que Toño ya sorbía su arenoso café al frente de una gran pila de viejos documentos. Buenos días muchacho, me saluda. Muchacho pienso yo, bueno, para él sin duda lo era. Buenos días Toño le reviro. Yo ya le había anunciado mi partida para ese dia y me doy cuenta de que algo había preparado.

Ya armado con mi casi pastoso café de talega, me siento en la mesa con Toño cuando me dice; me imagino que sigues con tus planes de partir hoy hacia la civilización. Así es le respondo. Mira Ricardo, me dice ahora, no hay un hombre que yo más haya admirado que don Gilberto Valenzuela y la cruzada que tú has iniciado, me parece algo muy justo y sobre todo, muy loable. Yo ya estoy en la antesala de esta vida a la cual, como el poema de Amado Nervo, bendigo por todo lo que me dio. No se si volveremos a vernos y por ello, quiero regalarte todos estos documentos que para mi han sido un tesoro y en ellos, encontrarás todos los rincones de la personalidad de Gilberto Valenzuela los cuales, todos, repito todos, a diferencia de muchos de los grandes hombres, están llenos de luz. La luz de la verdad, de la integridad, de la sabiduría y sobre todo, de amor a Mexico.


En esos momentos empuja la pila de documentos hacia mí y me dice; son tuyos. No me deja responder cuando me dice ahora: Si por algún motivo tú y yo no volvemos a vernos, quiero que contactes a mi hijo Rosendo quien es otro de los grandes admiradores de don Gilberto. El debe de ser mas o menos de tu edad y vive en San Francisco. Rosendo estudió leyes en la Escuela Libre de Derecho, creo que también como yo inspirado por tu tío y su gran amor al principio de la legalidad. Pero él luego estudió una maestría en derecho internacional en Georgetown y parece que le gustó la vida intelectual y, ha ya acumulado no se cuantos títulos mas. Finalmente aterrizó en San Francisco y tiene un exitoso despacho en sociedad con uno de sus compañeros americanos en donde manejan cantidad de asuntos internacionales. Rosendo es un experto en la vida de don Gilberto pues te repito, es uno de sus héroes.

Le voy a escribir una carta hablándole de ti y tu cruzada y así, quede ya el terreno abonado para que en su momento establezcan comunicación. Te quiero aclarar que eres siempre bienvenido a este lugar y de ninguna manera te estoy endosando a mi hijo, pero te repito, yo al igual que tu padre, a quien no solo estimo, lo quiero como hermano, ya estamos con una pata en el estribo como dirían en Sahuaripa y, sería una pena que existiendo información como la que tenemos nosotros, si yo me petateo, no sea utilizada en una causa tan noble como esta. A que Toño le reviro, se nota que eres gran amigo de mi padre, pues al igual que él, todos los días amenaza con el famoso petateo y creo que nos van a enterrar a todos.

Al filo de la media mañana, me fundía en un fuerte abrazo de despedida con este hombre que ahora sentía conocer de toda la vida. Gracias por todo Toñto le digo, y un encargo, no te me vayas a petatear antes de que yo termine este homenaje a mi tío Gilberto. Sonríe de una forma muy especial y revira: te prometo hacer todo lo posible, pues ahora tengo otro incentivo para pelear con la pelona. Cuídate mucho Ricardo, que Dios te bendiga y te ilumine en este tan importante evento de tu vida, me dice a forma de la despedida final. Minutos después manejaba mi camioneta tahoo en medio de la increíble belleza de la sierra, por un estrecho camino que me hacia recordar mis aventuras de niño con mi abuelo recorriendo sus ranchos.

Había resuelto una de las grandes incógnitas que me frustraban en mi trabajo; la conexión con el pensamiento de mi tío Gilberto ante el Mexico actual. Es decir, a través de Donato ahora podía prácticamente invocar a mi tío para que expresara sus puntos de vista ante la grave descomposición del país desde su fallecimiento hacia ya 25 años. Pero no nada mas eso, ahora podía acudir a Rosendo, el hijo de Toño que tan interesante se perfilaba. Antes de partir me había dado una semblanza mas completa de su hijo y era impresionante. Rosendo siendo estudiante de leyes había inclusive trabajado para mi tío cuando este era Ministro de la Suprema Corte de Justicia y, junto con otro de los miembros del clan Valenzuela, Roberto Encinas Valenzuela, se habían convertido en los asistentes de mi tío en tal responsabilidad.

Roberto Encinas Valenzuela (el Chipi) al igual que Rosendo era abogado pero egresado de la Universidad Iberoamericana y, alguien quien durante todos sus años de estudiante en la ciudad de Mexico, había frecuentado a mi tío con gran intensidad por lo cual, se convertía en otra de las fecundas fuentes de información para mi. Ambos colaboraban con mi tío en la época dorada de la Suprema Corte de Justicia de Mexico, cuando grandes juristas del calibre de Mario de la Cueva…..eran los representantes de ese sistema judicial por el cual don Gilberto había sacrificado grandes cosas en su vida.

Sumido en mis pensamientos continuaba mi descenso desde el punto más alto de la hermosa sierra donde moraba ese hombre tan especial. Toño me había narrado una anécdota que me había dejado frió. En una de la ultimas conversaciones que mi tío había tenido con el Gral. Obregón, de alguna forma detectó desde entonces algo que lo hacia sospechar de las intenciones de Obregón de regresar al poder. Cuando mi tío aun con todo el cariño, respeto y admiración que le profesaba, le expresa su desacuerdo, el General le revira: “Joven Valenzuela, usted trae todavía en la boca la leche materna.” Mi tío con toda la ceremonia y respeto que le tenía le responde: “General, el tiempo dirá si usted o yo sorbemos todavía esa leche.”

Me comentaba que eso era algo que había atormentado a mi tío durante el resto de su vida puesto que, prácticamente había sido una premonición de lo que luego sucediera. Sin embargo, don Gilberto nunca comentaba tal incidente y Toño lo conocía porque el día que sucedió, minutos después tuvo una entrevista con mi tío quien se mostraba de alguna forma difícil de describir; preocupado tal vez, pero fue cuando le narró el episodio a Toño tal vez en forma de desahogo.

Manejaba sin descanso por inclusive veredas entre el bello paisaje de la sierra sonorense, y de vez en cuando echaba una mirada al cerro de documentos entregados por Toño con esa prisa por iniciar su lectura. Sin darme cuenta eran ya casi las 3 de la tarde y había llegado al cruce donde debería de tomar ya la carretera que corre paralela a la frontera de Agua Prieta a Chihuahua y, doblaba a mi izquierda para apuntar mi brújula hacia el este con destino a lo que ahora pensaba que ironía; Agua Prieta, la ciudad que había sido la incubadora de la rebelión sonorense y en la cual, don Gilberto había producido su obra maestra: El Plan de Agua Prieta.

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