Thursday, January 5, 2017

CONVERSACIONES CON EL TIO GILBERTO XXII



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
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En una de sus pausas le pregunto: Toño; ¿que piensas de los partidos? Yo pienso que la política la hacen las personas y no los partidos. En Sonora y en general en Mexico ha habido una enfermedad de partiditis y se ha olvidado que los partidos son configurados por los ciudadanos. Yo no creo en los partidos y nunca he creído. Sobre todo ante la situación que vivimos en estos momentos. Después de 70 años de monopolio del PRI, en el que yo sólo me acuerdo de los Pepinos en los 50s disputando la gubernatura a Don Nacho, durante todo este tiempo el PRI había sido el Dios de los mexicanos. Ahora ha ganado el PAN y quieren hacerlo el nuevo Dios de la política del estado. Yo creo en los hombres no en los partidos.


Hay una anécdota que vivió Don Gilberto Valenzuela tío de Ricardo. En los años 50s siendo él ya un hombre grande y ministro de la Suprema Corte de Justicia; lo mandó llamar el presidente Ruiz Cortinez para notificarle que “el partido había decidido hacerlo senador.” Cuando el presidente le pregunta; ¿que le parece Licenciado? Don Gilberto le responde; “lo siento mucho pero no puedo aceptar. Y no puedo aceptar porque no soy miembro del partido, nunca lo he sido y nunca lo seré, yo no creo en los partidos, creo en los hombres. Además el único que tiene el poder para hacerme Senador, es el pueblo con su voto. Déjenme jugar como independiente y que el pueblo decida.  Para eso peleamos la revolución.”     

 Lo inquiero. Toño; tu conociste a mi tío, platícame de él. Buena sugerencia revira. Don Gilberto Valenzuela es uno de los sonorenses más grandes que ha producido el estado y tristemente casi nadie lo sabe. El debería de ser una historia inspiradora para todos. Fue gobernador del estado a sus 25 años de edad, fue Secretario de Gobernación 3 veces—con de la Huerta, Obregón, y Calles—pero, sobre todo, fue un hombre incorruptible, visionario, idealista e ideólogo, íntegro hasta no poder y un apóstol del estado de derecho. Cuando Don Gilberto regresó a México después de la muerte de Obregón, Calles lo llamó para notificarle de la formación del Partido Nacional Revolucionario, y le ofreció la candidatura a la presidencia. Don Gilberto no la aceptó y le pidió a Calles recordar el origen del Plan de Agua Prieta. Hasta ahí llegó su relación con el General.  

 Esa fue la manifestación más poderosa en contra de la formación del partido que tendría el monopolio del poder durante los siguientes 71 años. Don Gilberto nunca estuvo de acuerdo, tan no lo estuvo, que aceptó ser el candidato independiente de la oposición—sin partido—a las elecciones presidenciales de ese año de 1929. Inició su campaña y Calles al darse cuenta de las grandes simpatías que levantaba, tejió lo que sería la firma de presentación priista de los siguientes años; le inventan todos los delitos listados en nuestros códigos, envía el ejército a perseguirlo. Don Gilberto entonces tuvo que abandonar el país. ¿Suena familiar? Estuvo exiliado en El Paso y en Phoenix, y no regresó al país hasta que Lázaro Cárdenas echó a Calles fuera de México, y terminar con eso su dictadura personal para que siguiera la del partido.     

En esos momentos le digo; mira Toño, tu sabes que mi tío Gilberto era además mi padrino, claro asiente. Pues después de 30 años, he dado con una serie de documentos producto de infinidad de entrevistas que tuve con él cuando viví en la ciudad de México, y he decidido escribir un libro de su vida para de alguna forma darle el lugar que yo pienso, merece en la historia no solo de Sonora, sino de México. Veo como el rostro de Toño se transforma en un rictus de alegría y entusiasmo. Muchacho, me dice casi gritando, es una de las mejores noticias que he recibido en mi larga vida. ¿Qué necesitas? Me inquiere ahora realmente excitado. Necesito de gran parte de tu tiempo para establecer lo que yo considero la conexión de don Gilberto con el presente. Yo pienso que de las personas vivientes incluyendo a mi padre y a los hijos de mi tío, tú eres quien más me pude ayudar.

Todavía sin poder ocultar su entusiasmo me revira; mira Ricardo, tratándose de don Gilberto, cuenta conmigo para lo que sea. Nada mas que hay que apresurarnos en lo que debamos hacer, pues yo ya estoy en el desfiladero del final de mi vida. De inmediato se pone de pie con una agilidad impresionante y se dirige a un viejo mueble, del cual extrae una cantidad impresionante de documentos. Luego sonriendo me dice; aquí tengo un compendio de esa gran vida que fue la de Gilberto Valenzuela. Bien le digo; primera pregunta. ¿Cómo conociste a mi tío? Cierra los ojos y luego de exhalar el aire que acababa de ingerir, inicia. Yo soy también de la zona de Tacupeto, pero de familia muy humilde y mi padre fue contemporáneo y muy amigo de tus tíos mayores; Federico, Gilberto y Arturo, pero tenía una gran admiración por don Gilberto.

Continua; tal vez tu padre no lo recuerde pero estuvimos juntos en la primaria en Sahuaripa, y yo si recuerdo muy bien cuando tu tío Gilberto iba a visitar a tu abuela, doña Eustaquia. En uno de esos viajes, fue cuando se llevó a tu padre a seguir sus estudios en la ciudad de México, y cuando menos yo, no lo volví a tratar hasta que regresó de Europa casi 20 años después. Desde entonces conozco a don Gilberto, pero tengo algo en mi memoria que lo he llevado durante toda mi vida. Hubo una época en la que mi padre nos llevó a vivir a Douglas, Arizona, pues había conseguido un trabajo en la mina de esa ciudad. Cuando el contingente del ejército del Noroeste llegó a la ciudad de Agua Prieta, en abril de 1920, en donde se firmaría el famoso Plan, mi padre me llevó a saludar a don Gilberto. No tienes idea de lo impresionante que fue para mí el ver aquella cantidad infinita de hombres armados, los cuales en grandes números eran yaquis del Gral. Obregón.

Recuerdo la gran seguridad que había para proteger a los líderes del movimiento: Obregón, Calles, de la Huerta y tantos otros. No se ni como, pero mi padre se las agenció para notificar a don Gilberto de su presencia con la intención de saludarlo. Minutos después nos conducían a un gran salón, y cuando entramos, ahí estaban ellos; esos gloriosos sonorenses que ahora se rebelaban en contra de Carranza: Obregón, Calles, de la Huerta, don Gilberto quien de inmediato viene a encontrar a mi padre y le da un abrazo, cuando le pregunta ¿Qué haces por estos rumbos Antonio? Pues buscando el pan para mis hijos Gilberto, le responde mi padre. Luego me mira a mi y tocándome la cabeza le pregunta ¿Me imagino que este muchacho es Toño, no? Así es le responde mi padre. Lo toma luego del brazo para conducirlo hacia una gran mesa en la que se sentaban los Generales y les dice: “Señores, quiero que conozcan un paisano de la zona de Tacupeto” Nunca voy a olvidar como los míticos Generales se levantan para estrechar la mano de mi padre.

Ese sería el inicio de mi romance con la vida de Gilberto Valenzuela puesto que, al despedirnos le dice a mi padre; Antonio, cuando tu hijo termine sus estudios aquí, mándamelo a México para que continúe y se prepare para el país que estaremos formando puesto que, sin duda va a requerir del talento y patriotismo de su juventud. De acuerdo Gilberto le revira mi padre, y no sabes como te agradezco tu oferta. Luego me mira y me dice; a seguir estudiando Toño y te voy a esperar por allá.

Nunca imaginé que presenciaba historia, pues en ese recinto estaba por firmarse el Plan de Agua Prieta y unos días después, marchaba el contingente del ejército liberal del Noroeste hacia la ciudad de México en contra de Carranza, e iniciar la hegemonía sonorense. Pero en medio de mi confusión de niño, algo me quedaba muy claro, el verdadero líder de aquel enorme contingente, era Álvaro Obregón quien además, no ocultaba su confianza y afecto para don Gilberto.

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