Friday, January 20, 2017

Bye, bye Obama

Bye, bye Obama

Donald Trump, durante su conferencia de prensa del pasado 11 de enero. AFP
El próximo viernes diremos bye, bye a Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos, el adorado por la progresía mundial, otro de los premios Nobel de la Paz más injustos del serial, que no hará historia por nada consistente salvo por algo tan deshonroso como haber degradado el papel de su país como referencia mundial en favor de la Rusia de Putin. Seguro que Reagan, que derribó el Muro de Berlín, estará dando saltos de alegría desde la tumba por el magno acontecimiento. Este señor tan venerado en España ha sido, salvando las distancias, el Zapatero americano. Ha dejado el país más dividido y más alejado que nunca de los principios fundamentales que lo hicieron el más poderoso, y como consecuencia, su principal legado es irónicamente el que será su sucesor, Donald Trump.



El giro que ha dado a la política exterior -con el abandono temprano de Irak, el acercamiento a Irán y el alejamiento de Israel, vivificado durante estos últimos días- y la renuncia a asumir el liderazgo en regiones y conflictos clave han reforzado a sus rivales, que están aprovechando la oportunidad para consolidar posiciones. Es el caso de Rusia en Europa, el Cáucaso y Oriente Medio. De Irán en Afganistán, Irak, Siria y Líbano. De China en los mares de la China Oriental y del Sur. Todos estos efectos perversos del presidente progre que el día 20 desaparece del mapa están muy explicados en el Anuario 2017 de Actualidad Económica que ya tienen en el quiosco.
De puertas adentro, Obama ha demostrado de forma consistente ser un dogmático. El viraje a la izquierda que ha querido imponer a la sociedad americana, que es individualista por naturaleza y que recela del Estado protector, no ha traído los beneficios prometidos. Su propósito de aproximarla a la socialdemocracia imperante en Europa ha sido un fracaso. Es verdad que se ha reducido el déficit público de manera drástica y que prácticamente hay pleno empleo en el país, pero también que la mejora del paro enmascara el incremento de los desempleados desanimados, que ya no cuentan como población activa, y el descontento de las clases medias, que han perdido poder adquisitivo de manera dramática.
También sorprende, según los datos, que la clara recuperación económica haya beneficiado fundamentalmente a los blancos en perjuicio de los negros, cuya renta media ha descendido durante sus dos legislaturas. No, los años de Obama no han sido brillantes, en especial para los grupos desfavorecidos a los que tanto decía defender. Esta deriva ha generado una gran brecha social, un claro resentimiento contra los políticos, y un resultado evidente: Trump, cuyo mensaje en favor de recuperar la grandeza de América ha calado mucho más de lo que el establishment y la progresía planetaria esperaba.
Claro que Trump me causa zozobra. Su sesgo proteccionista y sus deseos de monitorizar bajo presión la actividad empresarial son repudiables. Pero sus propuestas de rebajar los impuestos y de impulsar, a través de las compañías privadas, la inversión en infraestructuras son sensatas. ¡Démosle una oportunidad!

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