Thursday, January 12, 2017

¡ACLARACIÓN NO PEDIDA¡



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
  
Desde que el diario, El Economista, de la ciudad de México me abriera sus páginas y participar en sus editoriales de Foro Económico hace ya algunos años, pienso haber descubierto mi segunda vocación. Siendo estudiante, siempre tuve la inclinación de escribir lo cual, me realizaba y me surtía de un placer muy especial al poder expresarme en una forma tan diferente.

Afirmo y aclaro no ser periodista y nunca he tenido el atrevimiento de considerarme como tal. Soy sólo un inquieto pensador con una voracidad por la lectura y por la vida. Un hombre hambriento de conocimientos a quien su personalidad compulsiva lo ha llevado por senderos que sólo hace unos años totalmente desconocidos. Soy graduado de la escuela de economía y administración del Tecnológico de Monterrey y animado por el gran Gordon Tullock, hace años estudié una maestría en economía en una de las pocas universidades liberales del mundo.   


Soy un amante de la libertad en todo lo bello de su expresión y significado. Y si a este potaje le agregamos mi formación en un rancho ganadero de Sonora, en el cual se me esculpió una personalidad de vaquero salvaje y montaraz, tendremos una fotografía completa. Pero para el toque final, le agregamos el ingrediente de ser hijo de un hombre educado en la Europa de los años 30, quien entre la Universidad de Bruselas y el London School of Economics, tuvo contacto con y fue alumno de liberales del calibre del inmortal Von Hayek.

Y para darle marco a la fotografía, me defino como un hombre que le ha tocado vivir intensamente el periodo más difícil de la historia moderna de nuestro país: El derrumbe estrepitoso del mítico edificio del Desarrollo Estabilizador con el que tanto presumían nuestros politicos. Este doloroso periodo en el cual el país se ha desmoronado ante los aterrados ojos de millones de mexicanos descorazonados, y sobre todo, cada vez más confundidos hasta empujarlos a la pérdida de sus sueños, sus esperanzas, el futuro de sus hijos.

Desde finales de los años 70, siendo el Director General de banco más joven en la historia financiera del país, tuve fuerte coalición con una aterrante realidad: El descubrir cómo Mexico se encadenaba a un marco de indefiniciones en el cual, no éramos democracia ni una clara tiranía, no éramos una verdadera republica federal, no éramos socialistas ni capitalistas, no éramos pro gringos pero tampoco pro soviéticos. Éramos una mezcolanza de turbios ingredientes que con los años se convertían en venenoso brebaje que, hervía y se preparaba para emerger a una superficie averiada y agrietada.

Fue cuando tuve la oportunidad de tomar un entrenamiento en el Banco de América que, me obligaba a pasar una semana al mes en las diferentes ubicaciones de esa gran institución. Esa experiencia me abriría los ojos a nuestra triste realidad pues aun cuando dicen las comparaciones son odiosas, para mi esta sería una impactante llamada de atención. Me abría los ojos para entender la forma en que México se hundía en ese laberinto de nebulosidades, y sobre todo, para detectar la forma en la cual un gobierno corrupto y opresivo, nos dirigía a un abismo sin fondo.

Se iniciaba así la germinación de esa semilla liberal que portaba desde mi nacimiento. El compartir luego mi residencia entre mi ciudad natal en México, Hermosillo y Tucson, Arizona en EU, me descorría el último velo de mi ceguera para abrazar esa filosofía de la libertad. A partir de un acontecimiento ocurrido ya hace 16 años, es que me atreví a iniciar la comunicación de mis ideas a través de diferentes formas, lo que finalmente me han llevado increíblemente para mí, a publicar mis escritos en varios países del mundo.

Esta ha sido una gran experiencia puesto que, jamás cruzó por mi mente las pasiones que podrían levantar mis escritos en ambos lados de la terraza. Tengo la satisfacción de haber sido la inspiración darle vida a una agrupación de jóvenes de todos los rincones del país con algo en común, su gran amor por la libertad. Tanto que se ha cocinado una Alianza de liberales que a pesar de los las tempestades de los últimos años, permanece viva y no tengo la menor duda de que algún día, llegue a jugar importante papel en las cuestiones nacionales.

Pero en el otro extremo del coliseo y con grupos diferentes, he despertado pasiones muy distintas y no precisamente de simpatía. El primer reclamo de esta contraparte es el que alguien como yo, quien según ellos abandonó el país, se atreva a criticarlo. ¡Como si la geografía fuera requisito para la libertad de expresión! Es decir, los mexicanos de allá, quieren que se legalicen los mexicanos de acullá y, sigan enviando los 20,000 millones de dólares cada año, pero se tienen que poner un bozal y no expresar sus ideas ni opiniones.

Este grupo me ha llegado a identificar como agente de la CIA, antimexicano, racista, vendedor de patria, “malagradecido, sólo porque me dedico a señalar problemas ancestrales que no permiten que abandonemos el pantano de la mediocridad. Se me ha llegado a definir, inclusive, como alguien que se avergüenza de ser mexicano. Pero cuando los perros ladran, es que nos estamos aproximando, y ello, me anima a seguir avanzando.

¡Aclaración!: Amo mi país con la misma fuerza que desprecio su sistema político. Lo amo con la misma intensidad que desprecio a sus empresarios mercantilistas pegados a la ubre del gobierno. Con la misma pasión con la que rechazo a esos intelectuales que salpican su alimento con diálogos che guevarianos, envenenando mentes en sus enanos institutos subsidiados por el estado. Lo amo con la misma energía que combato a esos socialistoides de peluquería que luego cobran a una dependencia oficial. Con la misma dimensión que me produce alergia a esos místicos hipócritas cuya filantropía constituye un negocio de relaciones públicas.

Le tiendo mi mano a ese mexicano heroico y desconocido; al empresario limpio que batalla sin colgarse del estado; el ejidatario sin tierra, sin arado y sin semilla pero con los brazos listos para tomar la herramienta; al nuevo profesionista sin trabajo, pero con animo y espíritu de lucha. Al afanoso cura de pueblo, más no al obispo altanero y barrigón. Tampoco al enano que describe Oscar Monroy, el que rinde tributo a la libertad con ofrendas depositadas en monumentos. Se hace presente en toda tributación hecha a la historia, y en todo monumento está presente con devoción oficial. Al patriotero de pólvora y banderita, de copa, de brindis so pretexto de algún héroe conmemorado, pero nada mas.

Porque él es prisionero de su propio enanismo mental. No se templa a lo heroico, ni lo imita, ni lo pretende. Y siendo lo que es, trunca la plenitud que la historia—de su tiempo, en su tarea—esperaba de él. Así, niega lo que de esfuerzo personal, único y singular tiene esa historia que debemos de escribir.

¡Pero amo a México! El país que es, lo que esos hombres no tienen. 

No comments:

Post a Comment