Friday, January 6, 2017

A todo se acostumbran los mercados


A todo se acostumbran los mercados


El año 2016 está a punto de terminar y desde un punto de vista de mercados la sensación generalizada es que nuevamente ha sido un año muy complejo de gestionar, pero con un final relativamente feliz.
La dispersión en los retornos ha ido disminuyendo gracias al rally de los dos últimos meses, pero hasta entonces no había demasiados motivos para la alegría.
Las predicciones realizadas a finales de 2015 apuntaban hacia un año 2016 con muchas incertidumbres económicas derivadas del desplome de los precios de las materias primas, la creciente inestabilidad en los países emergentes y la expectativa de subidas de tipos anticipadas por el primer movimiento de la Reserva Federal en diciembre de 2015.



Según avanzaba el año los inversores chocaron de bruces con un factor desestabilizador que para nada era uno de los previstos con anterioridad. Los procesos electorales de 2016 fueron generadores de resultados inesperados que abrieron las puertas a consecuencias difíciles de estimar.
Sin duda, la victoria de los partidarios del Brexit despertó de un golpe a la comunidad inversora que hasta entonces tenía puestos sus ojos en otros asuntos, principalmente en la situación económica y política de un buen número de países emergentes. China, Brasil y Rusia, entre otros, generaban gran incertidumbre por distintas razones, aunque en todos los casos confluían en unas expectativas de crecimiento económico muy vulnerables, agudizadas por un mercado de materias primas en caída libre.
Mientras la incertidumbre política estallaba en Europa, y en EEUU se concretaba la elección de Donald Trump como candidato Republicano, la situación en los mercados emergentes parecía estabilizarse.
El miedo a que la evolución de la economía fuese peor de lo previsto fue dejando lugar a un creciente temor generado por los movimientos políticos en distintos países. Los inversores tuvieron que digerir el nuevo escenario político y se dispararon las alarmas de cara a lo que podrían deparar las citas electorales previstas para el resto del año.
El punto álgido de volatilidad se experimentó con el Brexit, pero con el paso del tiempo sus efectos se fueron diluyendo y las previsiones más pesimistas se vieron suavizadas según avanzaba el año. La economía global no sufrió un impacto tan negativo como se esperaba y la incertidumbre provocada por los países emergentes y los mercados de materias primas se reducía significativamente.
El siguiente punto de colisión se concentró en las elecciones estadounidenses. Los días previos aumentó la volatilidad y para muchos analistas la poco probable victoria de Donald Trump era valorada como muy negativa para los mercados. Por lo general, el consenso esperaba que ganase Hillary Clinton y bajo su mandato no se esperaban grandes cambios respecto a la línea establecida por Obama.
La victoria de Trump volvió a romper los pronósticos y cambiaba radicalmente las expectativas de mercado generadas. El caso es que esta vez los mercados reaccionaron de una forma menos dramática. Inicialmente hubo algunos movimientos muy fuertes, pero estos se fueron corrigiendo rápidamente.
La reacción los días posteriores a la victoria de Trump no fue para nada como anticiparon los analistas. El mercado hizo una lectura más pragmática de la victoria republicana, enfocando su interés en los puntos más positivos de su programa.
Posteriormente tuvo lugar el referéndum italiano que, esta vez sí, cumplió con las expectativas. La derrota de la propuesta de Renzi a los ciudadanos también se estimó que fuese negativa para los mercados, aunque en este caso estaba en gran parte descontada. Al materializarse la derrota tampoco se vieron movimientos de pánico, ni siquiera en la prima de riesgo italiana o en el sector financiero nacional, que era el más sensible a la situación política del país.
El impacto en el mercado de esta concatenación de eventos políticos, en los que el resultado era inesperado y acarreaba un impacto negativo, fue suavizándose según sucedían en el tiempo.
La lectura que se extrae del ejemplo de los eventos políticos de 2016 es que el mercado tiene una gran tendencia a sobrerreaccionar ante focos de tensión imprevistos. Sin embargo, en la medida en que se repiten en el tiempo sucesos de carácter negativo con un origen similar, aunque su magnitud sea mayor, la reacción del mercado disminuye en intensidad hasta un punto en que en los siguientes sucesos apenas impactan en los mercados.
En su día esto ocurrió con los atentados terroristas, con las entidades financieras en problemas o con la inestabilidad en los países emergentes.
Por suerte o por desgracia, los mercados tienden a sobrerreaccionar ante lo imprevisto, aunque su impacto real no sea muy relevante; pero sin embargo reaccionan con tibieza, aunque su impacto real sea más importante, cuando el evento se repite en el tiempo.
Esta dinámica debe ayudar a entender el funcionamiento de los mercados y que esto a su vez facilite la toma de decisiones de inversión

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