Thursday, January 12, 2017

A GRANDES MALES GRANDES REMEDIOS



REFLEXIONES LIBERTARIAS
Ricardo Valenzuela
  
Uno de los refranes populares mexicanos más escuchados, socorridos y sobre todo más sabios en nuestro florido léxico, es aquel que reza: “A grandes males grandes remedios.” No hay duda que dependiendo de la magnitud de los males que nos agobian, debe ser al tratamiento que se aplique para aliviarlos y como es natural, al igual que en la medicina el galeno responsable de aplicarlo es piedra angular en este importante proceso.

Siempre que un país, una empresa, organización, e inclusive una familia enfrenta una grave crisis que amenaza su sobrevivencia, en su trastienda encontramos las herramientas utilizadas para hacerle frente, y en su estado de salud en el presente, comprobamos la efectividad o lo nocivo de las mismas. En la trastienda de los EU encontramos la revolución Supply—Side de Reagan; en la de Japón encontramos las armas de Mc Arthur; en la del México Porfirista encontramos la fatal Revolución Mexicana. Sin embargo, el desván de los recuerdos de uno de los países mas ricos y poderosos de la tierra; Alemania, permanece empolvado y olvidado un capitulo de la historia el cual en estos momentos de crisis global, debería ser inspiración y ejemplo para el mudo entero, y en especial para nuestro México ante la devastación post priísta.   

Sabemos que Alemania después de la Segunda Guerra Mundial quedó totalmente destruida, indefensa y a merced de los aliados. Su territorio fue cruelmente cercenado dando vida a las dos Alemanias; Oriental y Occidental. La primera bajo el yugo y la bota de la Rusia Comunista de Stalin; la segunda bajo la supervisión de los EU, Inglaterra y Francia que para abrir boca la arropaban con el proyecto de rehabilitación que sería conocido como el Plan Marshal. Los rusos sin embargo, de inmediato cubrían la presa de su cacería con ese manto sepulcral de silencio, censura y ocultamiento en el que se getaba la nueva “Republica Democrática de Alemania”—muchas décadas después el mundo horrorizado se enteraría de la vergonzosa realidad de hambre, miseria y explotación con las que los camaradas le daban vida a esa la mitad de la Alemania del sacrificio y del destino equivocado.     

Alemania Occidental porta en su expediente muchas historias de heroísmo, valor ante la adversidad, y sobre todo un indomable carácter para reconstruirla ante la humillante derrota que le servía con la furia de la comunidad internacional despertada por lo diabólico del socialismo de Hitler. Después de las reuniones y acuerdos de Bretoon Woods en donde se elaboraba la receta para la recuperación económica mundial, Alemania era ya no un país, sino una zona de miseria, devastación y muerte. Pero en el corazón de un nuevo mundo ya cautivo del Keynesianismo impreso en los acuerdos de la nueva arquitectura financiera mundial; en esa angustiada Alemania surgía a la luz un hombre y sus ideas, que se convertiría en el símbolo y abanderado del “Milagro Alemán.”

El socialismo de Hitler no había expropiado los activos de la sociedad, había usurpado algo mas valioso; sus mentes. La tarea en el horizonte de Alemania no era solo enfrentar la devastación física de la guerra, sino también la devastación mental, moral de una población tan cruelmente engañada, manipulada y violada. Esa era la tarea que enfrentaba este hombre ante la cual la totalidad de las apuestas estaban en su contra. Pero cuando un hombre anida un gran sueño en su corazón, hace de él su propósito supremo y sobre todo, “decide pagar cualquier precio” para lograrlo, poderosas fuerzas acuden a su ayuda y la visión que ha guardado en su mente, se le revela como una hermosa realidad. Ese hombre era Ludwing Earhard a quien sin exageraciones frívolas, se le puede llamar el padre de la Alemania moderna.

En el verano de 1945 la ciudad de Berlín era un gigantesco basurero. No había un solo edificio que hubiera permanecido erguido. Pero eso era solo la mínima expresión manifestada del verdadero infierno que la cubría. La gente en las calles de dedicaba a buscar sustento en los escombros; algunos comían ratas para sobrevivir; circulaban inclusive historias de canibalismo. En los meses siguientes el cáncer de las economías abrazaba mortalmente a ese agraviado país; la inflación galopante.

Los EU activaban un plan para la desnazificación, desarme y democratización del devastado país. Ante la revelación al mundo de los campos de concentración Nazis, una ola de odio e indignación surgía en el mundo entero. Los aliados exigiendo compensaciones de parte del vencido, removían los pocos bienes de capital no destruidos y así también demandaban pagos de su futura producción. El Plan Morgenthau hacia un llamado para mantener Alemania como una economía agrícola y rural y de esa forma prevenir su resurgimiento.

En el centro de este dantesco panorama es que hace su debut Ludwing Erhard como Ministro de Economía. El Plan Marshal para la rehabilitación de Europa funcionaria como una espada de dos filos; era efectivamente un torrente de capital para curar las sangrantes heridas de la guerra, pero era también la consolidación del estatismo keynesiano que abrazaría a la economía del mundo durante las siguientes décadas, en la cual el Estado desplazaba a la sociedad civil para convertirse en “el gran solucionador” de los problemas de la humanidad. Europa entera iniciaba su proceso que la conduciría a la Euroesclerosis. Los partidos social demócratas enarbolando la bandera del colectivismo tomaban control del Continente.

Sin embargo, Erhard no se deja seducir por el canto de las sirenas estatistas. Es a este punto cuando se inicia una de los capítulos de la historia económica mundial mas ignorados. Este hombre recibía la responsabilidad de revivir la moribunda Alemania en el centro de una terapia que no solo debería de ser intensiva, debía ser casi divina. Japón para su buenaventura era recogido de sus escombros por un Douglas Mc Arthur quien como Jesucristo a Lázaro, lo revivía para hacerlo marchar. Pero el orgullo alemán aun ante la derrota, no permitiría prótesis en la etapa más importante de su historia.

Remando contra la corriente mundial del estatismo, Erhard inicia una reestructuración monetaria para de inmediato domar la inflación. Esta reforma monetaria era precedida por uno de los programas de liberación de su economía mas importantes de la historia que antes de ser destruida, se encontraba encadenada vía el sofocante socialismo militar del nazismo. En un periodo en el mundo entero se dirigía en la dirección opuesta; Alemania se sacudía los candados del estatismo para establecer una economía liberal—aunque para despistar a los nuevos colectivistas, Erhard la bautizaba como “economía social de mercado.”    

El los 5 años posteriores a la guerra, el ingreso per capita crecería a casi un promedio de 20% anual; la producción industrial a un 40% anual. Fue tal el resurgimiento de la economía alemana, que de inmediato pudo pagar sus deudas de la guerra, pagó también reparaciones a Israel y de esa forma se iniciaba el periodo que seria conocido como la época de oro alemana.

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