Tuesday, November 22, 2016

Mont Pelerin en Perú (II)



“SI LA GENTE PIENSA QUE LA ÚNICA FORMA DE AUMENTAR SU BIENESTAR ES REDUCIENDO EL DE OTROS, LA IDEA DE MERCADO LIBRE ES INCOMPRENSIBLE. SI ESTO LO COMBINAMOS CON GOBIERNOS POPULISTAS, SURGE EL POTAJE DEL DEMONIO.”

RICARDO VALENZUELA
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Era ya el segundo día de la convocatoria y puntualmente me unía a mis compañeros de viaje en el restaurant del hotel y, luego de gozar del café peruano, nos dirigíamos al salón en el cual se iniciarían las actividades y para abrir fuego, el primer tema era: “La fuerza de las ideas y los cambios económicos.” Ello provocaba grandes expectativas por los dos hombres con la responsabilidad de exponerlo. Primero, el legendario “Alito”, Arnold Harberger quien, a sus 91 años de edad emergía con su brillante mente afilada. El segundo, Rolf Luders, ex ministro de Hacienda en el Chile de los tiempos de Pinochet, ex discípulo de Alito en la Universidad de Chicago y miembro de los Chicago Boys de Chile.




Inicia Alito nadando como pez en el agua pues, siendo educador, es un tema que domina como pocos. Su mensaje sería claro, sencillo y contundente. El mundo ha sido moldeado, construido o destruido por la fuerza de las ideas. Necesitamos buenas ideas que se transformen en buena teoría para convencer al mundo que los mercados funcionan, pues tenemos todas las herramientas para probarlo. América Latina requiere de infinidad de reformas para alcanzar su potencial, pero reformas emanadas de buenas políticas que luego se apliquen sin importar la pérdida de capital político en el corto plazo. El político mira hacia la próxima elección, el estadista hacia la próxima generación. Esas políticas deben de emanar de ideas de libertad para finalmente liberar las economías, puesto que está comprobado, la libertad económica es factor fundamental en la prosperidad de los pueblos.
Pero ¿cómo exponer estas ideas a las multitudes ya contaminadas?
Pero como afirma Alberto Benegas Lynch: Las ideas no son susceptibles de venderse, se trasmiten, lo cual resulta en un proceso bien distinto. Y esto no solamente por lo manifestado en cuanto a las características propias de la comercialización, sino debido a que, en el caso de las ideas liberales, se desconoce el resultado o producto final que se propone adoptar. En este desconocimiento radica lo atractivo, lo desafiante y lo gratificante del progreso propiamente dicho.
Pensaba en dos panoramas muy diferentes. Los países nórdicos abandonaron sus esquemas social-demócratas que los empantanaran, para abrazar el liberalismo puro. En América Latina sucede lo contrario, los tímidos intentos de liberar sus economías ahora son destruidos por esa ola de nuevos populistas. ¿Resultado? Los países nórdicos portan un ingreso per cápita superior a los $50,000 dólares. Los países latinoamericanos no llegan a los $8,000.
Hacia el final del panel pensaba también en el ejemplo chileno. La forma en que un grupo de economistas, con buenas ideas, había transportado ese país de la bancarrota a ser la única nación latinoamericana considerada próspera y desarrollada. Luego pensaba en el título del libro de ese gran estadista, Lew Kuan Yew, arquitecto de Singapur, “Del tercer mundo al primero.” Las buenas ideas transformaron el burdel del oriente en la ciudad-estado más próspera del mundo.
Iniciaba el segundo panel de la mañana con el tema: Instituciones. A mí más que el tema me interesaba ver en acción a Depaak Lal, un economista originario de la India con un impresionante curriculum. Ex presidente de la Mont Pelerin y uno de los miembros del grupo de economistas liberales que han provocado el renacimiento de la India.
Las instituciones es tema neurálgico puesto que son las reglas del juego que deben garantizar que los ciudadanos no estén indefensos frente al monopolio de la fuerza que se le ha concedido al estado. Cuando esas reglas no existen o no son respetadas, la sociedad se convierte en víctima del estado. Para que ello no suceda es que existe la división de poderes. El legislativo debe controlar al ejecutivo. La justicia controla al legislativo determinando si las leyes votadas son constitucionales o no.
La independencia de la justicia es el reaseguro de los ciudadanos para no caer en la autocracia y tiranía. Justicia subordinada al ejecutivo es la ruta segura hacia la tiranía y destrucción de la libertad. Cuando los gobiernos no están sujetos al orden jurídico sin respetar la constitución, caminamos por esa ruta hacia la servidumbre.
Las instituciones son formales pero también se conforman con la conducta de los ciudadanos ante ellas. Muchos países de América Latina durante el siglo 19 adoptaron constituciones similares a las de EEUU, pero por desgracia nunca las hicieron respetar. La idea que vivimos bajo gobiernos de leyes y no de hombres, es parte del respeto al estado de derecho que debe buscar la igual aplicación de la ley a gobernantes y gobernados.
Al inicio del siglo 20, casi todas las naciones occidentales portaban un sistema de leyes funcional, el derecho consuetudinario inglés, o un sistema derivado del código napoleónico. Sistemas diferentes no estaban diseñados para proteger la propiedad ni transacciones comerciales, sino para servir a quienes ostentaban el poder. Ello, unido a la incomprensión del pueblo de cómo ocurre el desarrollo económico, provocó la gente recibiera lecciones económicas deformadas. Si la gente piensa que la única forma de aumentar su bienestar es reduciendo el de otros, la idea de mercado libre es incomprensible. Si esto lo combinamos con gobiernos populistas, surge el potaje del demonio.
Era ya la hora de la comida y nos ubicábamos en mesa de primera fila pues el expositor era un misterio. Ante la sorpresa de todos, aparece el caricaturista Danés, Flemming Rose. Este hombre había alcanzado grado de celebridad cuando publicara un dibujo de Mahoma cubriendo su cabeza con un turbante, de donde se asomaba una bomba. Ello provocó la ira del mundo musulmán que de inmediato puso precio a su cabeza e inició su cacería. Ahora entendíamos el misterio del anonimato de su presencia el Lima.
Sin rodeos inicia una vigorosa defensa de la libertad de expresión. No hay punto medio afirmaba, no debe haber compromisos porque entonces caemos en la tiranía del silencio. En plan de broma se dirige a Vargas Llosa para decirle, “se acabarían las ventas de tus libros,” ante lo cual el aludido sonriendo mueve la cabeza como diciendo NO. Termina afirmando; “no caigamos en eso, la tiranía del miedo y del silencio, porque entonces el enemigo habrá ganado”.
Terminado el programa del segundo día, nos dirigíamos al lugar donde María Blanco haría la presentación de su libro; “Las Tribus Liberales”. Caminando por las bellas calles de Lima repasaba los acontecimientos del día. Los mensajes recibidos hacían que mi cerebro produjera las endorfinas de la euforia. Ello me hacía sentirme muy bien, pero más bien me sentía al ver a Pancho Búrquez Valenzuela interactuando con gran seguridad en ese océano de mentes tan brillantes convertido en un verdadero liberal y, sobre todo, cuando él afirmaba, “todo se lo debo a mi manager”.
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