Tuesday, November 22, 2016

Lee Kuan Yew, arquitecto de Singapur



“NUESTRO LEE KUAN PEÑA DEBERÍA TOMAR NOTA O MEJOR, LEE KUAN PEJE”

RICARDO VALENZUELA
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Escuché de Singapur por primera vez a finales de los años 70, de boca de un gran economista alemán cuando tomaba un entrenamiento con Bank of América en Los Ángeles, Falco Haller. Casi con la boca abierta lo escuchaba cuando me afirmaba; “Singapur es el futuro y naciones como Cuba son el pasado.” Cuando yo le preguntaba ¿Por qué? Su respuesta era breve; “libertad económica y Lee Kuan Yew.”




Lee Kuan Yew fue el fundador y primer ministro de esta incomparable ciudad-estado fundada por el británico Thomas Stamford Raflles. El Reino Unido obtuvo la soberanía sobre la isla en 1824. Singapur declaró su independencia de Inglaterra como parte de Malasia en 1963, de la cual se separó dos años después. Lee Kuan Lee falleció el mes pasado y su muerte ha vuelto a poner el foco de la atención en Singapur, el país donde se ha creado más riqueza y prosperidad durante el último medio siglo.
Singapur se ha convertido un referente mundial en materia de política económica. Merece la pena analizar detenidamente las políticas públicas y demás decisiones que han llevado a Singapur a convertirse en lo que es hoy. Lee Kuan Yew tuvo la sabiduría para establecer un plan maestro para lograr convertirse en un lugar más próspero dentro del sudeste asiático.
La piedra angular de ese plan ha sido la libertad económica y una educación puntera. En la actualidad, es su hijo Lee Hsien Loong quien dirige el país como primer ministro, siguiendo el camino trazado por su padre. Ejemplo de la apuesta por la educación, Lee Kuan Yew portaba título de abogado expedido por prestigiada universidad inglesa. Su hijo, hoy primer ministro, es doctor en matemáticas obtenido en Cambridge, y porta una maestría en administración pública de la Universidad de Harvard.
Singapur, ayer y hoy
Hoy, Singapur es uno de los países económicamente más prósperos del mundo. Con un ingreso per cápita de $60,000 dólares, se sitúa como el país más rico del mundo. Atendiendo a su tasa de crecimiento, no es exagerado hablar de un milagro económico. A principios de los 70, el ingreso per cápita de Singapur y México eran similares, $700. El día de hoy, Singapur se presenta con $64,000 cuando en México a rastras llegamos a $12,000.
Entre 1976 y 2014, Singapur creció un 7% anualizado y en 2010, después de la crisis, creció 15%. Su futuro no puede ser más prometedor, ya que se prevé que siga ocupando el primer puesto en 2050, lo cual le permitirá lograr un ingreso per cápita de $140,000.
Con apenas 5.4 millones de habitantes, Singapur tiene un PIB de $350,000 millones. Es decir, que con el 20% de la población de México, Singapur produce un tercio de lo que produce nuestro. La renta ha crecido a una tasa del 4.3% anual en el último lustro y la tasa de desempleo se sitúa en un irrisorio 2%. Pero este paraíso económico no siempre fue tan próspero.
Cuando Lee Kuan Yew en 1959 se convirtió en primer ministro, el ingreso per cápita del país apenas alcanzaba los $500. Se creó entonces la Junta de Desarrollo Económico de Singapur, para diseñar e implementar una serie de medidas económicas. Fue cuando Lee Kuan Yew decidió apostar por el sector secundario iniciando una próspera etapa de industrialización.
Esta visión se vio recompensada en los años 70, al lograr atraer capital extranjero de compañías petroleras y convertirse en uno de los mayores centros de refinado de petróleo del mundo. En la actualidad, Singapur es uno de los líderes mundiales en multitud de industrias con un alto valor añadido, como es el caso de la industria petroquímica.

¿Cuál es el secreto de su éxito?
Podemos explicar de forma breve cuál es la clave de su éxito, y, sin duda, debemos de aludir a su altísimo grado de libertad económica. Según el prestigioso ranking elaborado por la Heritage Foundation sobre Libertad Económica, Singapur ostenta el segundo puesto del mundo, sólo por detrás de Hong Kong.
La visión de Lee Kuan Yew hizo que aprovecharan su favorable localización, a camino entre China y Europa, y su estatus de puerto internacional, para convertirse en una de las grandes referencias del comercio en los mercados asiáticos. La libertad económica de Singapur resulta evidente, entre muchos otros, por dos aspectos concretos de su economía: la baja presión fiscal y el reducido tamaño del Estado.
Al analizar la estructura fiscal nos damos cuenta que, el impuesto sobre la renta oscila entre el 0% para rentas inferiores a $20,000 y el 20% parar rentas superiores a los $320,000. Impuestos sobre las ganancias de capital o herencias son inexistentes, lo que se traduce en un gran imán para el capital internacional. El Impuesto de Sociedades es del 18% y, además, existen numerosas exenciones para empresas de nueva creación que pueden ir desde el 50% al 100%. El tipo general de la imposición indirecta es del 7%. Con este escenario, no es de extrañar que la presión fiscal sea de tan sólo del 14% del PIB.
El segundo punto clave de su libertad económica es el reducido tamaño del Estado. A diferencia de lo que ocurre en Europa, en donde en muchos países el Estado gasta el 45% del PIB, en Singapur el peso del sector público apenas asciende al 5% del PIB.
El endeudamiento público está fuertemente controlado gracias a estrictas leyes que limitan que el Estado gaste más de lo que ingresa. Además, el Estado también ha centrado sus esfuerzos en mejorar la educación de sus ciudadanos. Y es que, desde que Lee Kuan Yew tomó las riendas del país, una de sus ideas más claras para aumentar la prosperidad, era que sus ciudadanos lograsen una educación del más alto nivel. Es decir, el estadista le apostó agresivamente al desarrollo de capital humano.
El inglés fue establecido como idioma cooficial y es la principal lengua utilizada en los colegios. De manera similar, a como sucede en Finlandia -referente mundial en materia educativa-, la figura de los profesores es enormemente respetada y valorada por la sociedad. Tanto es así que su remuneración es similar a la que reciben los científicos e investigadores.
Factor clave ha sido su política de tolerancia cero contra la corrupción. Singapur es uno de los países con menores tasas de corrupción del mundo. La reducida discrecionalidad del gasto que tienen los burócratas, el reducido tamaño del Estado y sus estrictas leyes en esta materia, han hecho que Singapur sea también un país de referencia en este ámbito a nivel mundial. Ello se ha logrado con un estado de derecho aplicado por el poder judicial y su estructura de la “common law” heredada de Inglaterra.
El Estado castiga con severas penas prácticas corruptas llegando incluso hasta la pena de muerte. Con todos estos ingredientes, Singapur se ha convertido en una gran ciudad-estado y una zona libre que asegura un futuro aún más promisorio que su envidiable presente. Nuestro Lee Kuan Peña debería tomar nota o mejor, Lee Kuan Peje
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