Friday, November 11, 2016

El coronel no tiene quien le escriba... y rebuzna





 RICARDO VALENZUELA

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El jueves de la semana pasada, luego de recibir información de la oficina del gobernador de Sonora como de la del de Nuevo México, me encontraba en el aeropuerto de Tucson para recibir a Michael Orshan, Secretario de Ciencia y Tecnología del estado de Nuevo México, sin la menor pista de la mágica aventura que me aguardaba. Luego de identificar al funcionario, dirigía mi auto con destino a la ciudad de Douglas, nuestro puerto de entrada a Sonora, para luego iniciar la travesía que nos debiera llevar a nuestro destino final, Huachinera, bello pueblo incrustado en la alta sierra sonorense.

 



            Aun cuando se me había proporcionado cierta información, jamás imaginé iniciaba una de las aventuras mas excitantes de mi vida. Durante las primeras horas de la travesía, Mike se debelaban a una persona por demás interesante. Originario del este de los EU, se transplantaba al estado de Nuevo México en el cual, el gobernador Bill Richardson quien, detectando la rica combinación de Mike, experto en nanotecnología, exitoso empresario, y sobre todo, armado con un claro concepto de lo que realmente es desarrollo económico, lo convencía para debutar en el servicio publico.



            Durante esa primera parte del trayecto, Mike me educaba en ese novedoso campo de la nanotecnología ante lo cual, me parecía escuchar ciencia ficción cuando develaba sus aplicaciones al mismo tiempo que, con gran seguridad, me confirmaba cómo el avance tecnológico continúa la liberación de sociedades provocando explosiones en sus economías. Sin embargo, mi mayor sorpresa fue cuando me trasmitía su idea para fusionar nanotecnología, con la mente creativa de artistas—pintores, escultores, poetas etc. —como el grupo especial que ya nos aguardaba en Huachineras.



            Fue en esos momentos cuando entendí la trascendencia de mi viaje: La posibilidad del establecimiento, en plena sierra madre sonorense, no sólo un centro artístico—cultural, sino un moderno laboratorio de la más alta tecnología existente ya penetrando los mercados. Arribábamos a Douglas en el momento en que Mike me exponía uno de los ejemplos; una especial pintura para carros que opera como una potente antena la cual, permite utilizar todo tipo de comunicaciones como teléfonos, computadoras conectadas al Internet, potentes radios, faxes, comunicación satelital etc.



            Excitado ante las afirmaciones de Mike, penetrábamos las instalaciones de migración y aduana en Agua Prieta, sólo para enfrentar la rancia e inepta burocracia federal cuando, después de una hora de espera, la presentación de kilos de documentos y sus copias pretendiendo obtener permiso para la internación temporal del auto, de forma insolente se nos negara. ¿Motivo? El equivalente de la tenencia mexicana, las placas de “Arizona,” mostraban dos días antes había vencido. No valieron argumentos ante un Coronel del glorioso ejército mexicano quien, de forma arrogante y grosera, nos negara el permiso.



            Luego de discutir la situación con mi aterrado acompañante, decidí, aun ante la posibilidad de que en el puerto de revisión al sur de la ciudad se me negara de nuevo, me internaría sin permiso exponiéndonos a una lluvia de balas de parte de los guardianes de la patria. Sin embargo, para mi sorpresa encontramos a un joven agente quien, luego de escuchar nuestros argumentos, exhibiendo más sentido común que el acartonado e inepto Coronel, cortésmente nos daba el paso. Solamente a mi regreso pude evaluar lo que un clásico y oscuro burócrata, estuvo a punto de arruinar con esa actitud que de forma especial distingue a nuestro congreso: “No pasa.” 



            Eran ya las cinco de la tarde cuando finalmente, sin permiso, nos enfilábamos hacia el sur. Fue entonces cuando Michael inicia la expansión su arsenal para, expresando el interés muy especial de los gobernadores Richardson de Nuevo México y el de Colorado, Bill Owens, formar un cluster regional de ciencia, tecnología y arte que incluya sus dos estados mas Arizona en los EU, y Sonora del lado nuestro. Si esa idea prospera, me afirmaba Mike, se procedería a establecer un laboratorio de nanotecnología similar al ya existente en sociedad con el estado de Chihuahua.



            Solo un ejemplo, me dice Michael. “Con el uso de nanotecnología, el tiempo del cruce por Nogales de los camiones de legumbre provenientes de Sinaloa, se puede reducir en un 90%.”  Otro, continua, “se pueden crear nanopartículas que atacan las células cancerosas de un paciente y muy pronto, esa será la cura.” “Con un diminuto chip incrustado en el ojo, los ciegos pueden recuperar la vista.”



            A medida que avanzábamos, mas me sorprendía este hombre forjado con claro material de empresario, pero también cuajado de las minúsculas partículas que distinguen la nanotecnologia, y sobre todo, la forma en que describía su voraz lectura de todos los grandes especialistas del tan mal entendido tema: desarrollo económico, desde los tratados de Shumpeter, hasta el mas moderno de todos; Paul Romer.



            Luego de transitar durante más de tres horas, nos sorprendía el anochecer arribando al pueblo ganadero de Moctezuma. En esos momentos apuntamos la brújula hacia el este donde, con toda su belleza y majestad, nos aguardaba la sierra madre. Durante interminables horas escalábamos la serranía hasta alcanzar alturas de 7,000 pies sobre el nivel del mar, cuando la soledad de la sierra, la impenetrable oscuridad de la noche, y los aullidos de coyotes desvelados, provocaban ya el nerviosismo de mi compañero.



            Después de que mi auto, ya rugiendo de cansancio, nos trepara en una empinada cuesta, aparece el hermoso valle y la meseta en donde se ubica Huachineras. En esos momentos con gran excitación Mike, casi gritando, exclama: “Aquí puedo ya visualizar el Silicon Valley mexicano.” Unos veinte minutos después, deteníamos el auto frente a la plaza del pueblo donde se ubica la residencia de Jesús Dávila, escultor de fama mundial originario del bello pueblo, alma del proyecto y nuestro anfitrión. En esos momentos emerge Jess de una casa semejando un museo y, sin ocultar su entusiasmo, procede a fundirnos en un abrazo.



            Cuando el reloj del pueblo sacudía las nueve campanadas, nos acomodábamos alrededor de la mesa del comedor en casa de Jess en el cual, se nos unían ese grupo de artistas (pintores, escultores, poetas) de todos los rincones de los EU y así, este mágico viaje iniciaba su segunda etapa. En mi proceso de disponer de los clásicos tamales de elote, la carne asada y las tortillas de harina, pienso en lo que me esperaba el día siguiente con el arribo del gobernador Bours y su equipo, sonreía pero luego me venía a la mente el inepto Coronel que casi frustra mi viaje.

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