Friday, October 21, 2016

Viruta Obama y Capulina Zapatero




“La premisa Keynesiana es totalmente falsa. No existe relación entre producción, inflación y desempleo. Lo único que los planificadores provocan es caos. La producción depende del trabajo, capital, información, conocimiento y lo más importante, depende de libertad.”
RICARDO VALENZUELA
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Hace unos días se reunieron en Washington los dos paladines del marxismo light siglo XXI, Barak Obama y Rodriguez Zapatero. De inmediato se tomaron de la mano para, en el altar de Keynes, acompañados de una multitud de clérigos portando gafetes de la Teología de la Liberación, alzar sus plegarias al patrón del nuevo socialismo ahora bautizado como Neokeynesianismo. En el ambiente flotaba el azufre de Hugo Chavez.


Como consecuencia de la muerte del comunismo, el mundo se debate entre los pensadores que abogan por los crecimientos económicos agresivos permitiendo a los mercados funcionar libremente, y los que prefieren un crecimiento controlado y manoseado, supuestamente temerosos del fenómeno que fue el coco de los economistas durante los años 60s y 70s; la inflación. Los escasos liberales mexicanos tienen ya tiempo exponiendo la urgente necesidad de nuestro país para lograr esos crecimientos agresivos, y derrotar a la pobreza heredada de 200 años agrediendo nuestra economía.

Pero el renovado virus keynesiano sigue infectando el debate público a pesar de que, por décadas, en el campo intelectual ha sido desprestigio por los economistas clásicos, austriacos, liberales, monetaristas y finalmente la misma realidad. En estos momentos el debate se centra en la siguiente cuestión: ¿pueden las economías crecer peligrosamente rápido? Las respuestas tradicionales siempre bordan en los siguiente: A) Sí, y los bancos centrales deben aplicar los frenos para prevenir inflación. B) No, las economías, como tradicionalmente han crecido, todavía tienen mucho campo para expandirse antes de las presiones inflacionarias. C) Sí, pero el reducir la inflación no justifica el precio traducido en desempleo.

El que éste debate aun se desarrolle, particularmente en los EU, prueba el que muchos segmentos de la sociedad y, sobre todo, hombres en posiciones de liderazgo, permanecen siendo esclavos del difunto economista John Maynard Keynes. La premisa Keynesiana fundamental es que los planificadores gubernamentales pueden provocar aumentos en la producción y reducir el desempleo pero a costa de provocar aumentos en los procesos inflacionarios; o pueden provocar bajas en la producción reduciendo la inflación, pero cargando el doloroso costo del desempleo.

La premisa Keynesiana es totalmente falsa. No existe relación entre producción, inflación y desempleo. Lo único que los planificadores provocan es caos. La producción depende del trabajo, capital, información, conocimiento y lo más importante, depende de libertad. El empleo depende de una serie de factores institucionales incluyendo las destructivas políticas intervencionistas de los gobiernos en los mercados de trabajo. Inflación es la consecuencia de políticas monetarias irresponsables, y la intervención gubernamental distorsiona las señales del mercado impidiendo la coordinación de la actividad económica. El mundo fue Keynesiano desde finales de la segunda guerra mundial, hasta que lo envió a una espiral de inflación con reseción en los años 70s, desestabilizó totalmente los mercados llevando al poder a la Tacher y a Ronald Reagan.

Entonces, ¿por qué ante lo obvio que es el fracaso Keynesiano sus políticas continúan siendo parte tan importante del debate público? Por una simple y sencilla razón; poder, control. Los miembros del establishment, llámese mexicano, americano, ruso o la nacionalidad que gustemos, lo que buscan es control a través del activismo gubernamental. Hay muy pocos inocentes burócratas que sí creen en la planeación gubernamental. Ellos no piensan que una virtuosa sociedad resultará cuando sus miembros pueden actuar en un ambiente libre en el cual deban tener esa libertad de elegir. Pero la mayoría de ellos lo saben perfectamente, las políticas Keynesianas fallaron en producir prosperidad, pero no han fallado en cuanto a mantenerlos en control.

Para los miembros del establishment mundial y particularmente los de México, las políticas económicas liberales son como la kryptonita para Superman. No les interesa una sociedad libre, independiente y responsable porque se les terminan sus cotos de poder, el control y la mina de corrupción. Mientras más dependiente sea la sociedad, más se justifican sus intervenciones, los subsidios, los bancos de promoción, las aduanas, las reformas agrarias, las secretarías de gobierno, empresas descentralizadas, los programas de ayuda social, las miles y miles de dependencias oficiales que son los focos de esa interminable corrupción.

En los mismos EU cuando la economía empieza a crecer agresivamente, de inmediato el FED aplica el freno vía aumento de intereses argumentando; “ahí viene la inflación,” o viceversa. A los gobiernos, demócratas o republicanos, no les interesa que la economía crezca más de lo previsto porque se les acaba la jugosa industria de la pobreza. Una tercera parte del presupuesto americano, casi 4 trillones de dólares, se destina a “gasto social.” Los políticos jamás van a permitir que esos 800 billones de dólares ya no tengan aplicación. Jamás van a permitir que toda esa burocracia que vive ejecutando esa “distribución de la riqueza,” se quede sin modus vivendi. Hay demasiados intereses de por medio.

La economía mexicana no sólo puede crecer al 7% anual. Puede crecer a un 10% sin problemas inflacionarios. Son los comportamientos que han tenido Hong Kong, Chile, La India, China, y de hecho México lo llegó a tener en los 60s. Pero eso era atentar contra el control absoluto de la burocracia que ha oprimido y continúa oprimiendo al país, por eso Echeverría se encargó de darle reversa y enviar a los mexicanos a una espiral de pobreza vista sólo en la época postrevolucionaria.

La economía mexicana puede crecer a los niveles que experimenta China en estos momentos, pero a los voraces burócratas se les acaba la mina de explotación más importante de su retórica, se les acaban los pobres. Al subcomandante Marcos se le acaba la chamba, igual que a los curas de la teología de la liberación. No hay duda que la industria de la pobreza crea muchas chambas, privilegios y fortunas en México.

La clase gubernamental jamás estará dispuesta a llevar el Keynesianismo a los archivos de la historia sólo porque falló. Las políticas económicas keynesianas se siguen desarrollando ahora con el tinte Neo. Las causas del poder en los gobiernos expansivos son demasiado importantes para que la clase de los perfectos idiotas mundiales las dejen morir, de ellas depende su sobrevivencia, su vida misma.

Y como afirma un pensador español. Ni en Estados Unidos ni en España se está solucionando la crisis con el gasto y la intervención del Gobierno. En su momento hubo dinero para contener la ruina del sistema financiero. Pero eso fue sólo la cervecita para el crudo que ahora pide más. Hace dos años reventó una burbuja especulativa instigada por el laxo comportamiento del FED. Ahora está quebrando el neokeynesianismo salvaje de los aprendices de brujo progresistas.

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