Monday, October 31, 2016

Los tigres de Don Porfirio





“México: Un país que se maquilla a base de LAS firmas de relaciones públicas que operan como cirujanos plásticos haciendo maravillas.”

RICARDO VALENZUELA
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Cuando Porfirio Díaz abordada el buque, Ypiranga, que lo llevara al exilio luego del levantamiento de Francisco I. Madero, con boca de profeta afirmaba: “No tiene idea Panchito del tigre que acaba de liberar.” Pero lo que le faltó advertir a Don Porfirio es que no solo sería un tigre, lo que se estaba liberando era un zoológico que luego lentamente devoraría el país.
El periodista Bernard Goldberg recientemente publicó un excelente libro titulado; “The 100 people who are screwing up America,” en él identifica a los personajes que, en estos momentos cruciales para los EU, contribuyen a mantener el país en una situación de grave problemática. Son esas las cien anclas colgadas del cuello de los norteamericanos que han provocado el país sufra una penosa enfermedad que cada día lo debilita más.


 
Pero en México también podemos incrustar el bisturí en la anatomía del enfermo y encontraremos los tumores cancerosos que amenazan la vida del paciente. Ante esa primera incisión podemos identificar la punta de un corpulento iceberg que, sumergido en las profundidades del océano, apunta hacia ese Titanic llamado México con toda la potencia de su dimensión para provocar un naufragio, o mejor, mantenerlo encallado en la mediocridad para seguirlo saqueando, cuando no se puede defender.
Esta gusanera que devora el país es simplemente la consecuencia mutante de nuestra historia. El México colonial oprimido por España y la Sagrada Inquisición. El independiente que mantuvo el mismo ropaje de la tiránica Corona española, y las cadenas de una iglesia católica con aroma a Torquemada. Llegaría entonces el revolucionario, gestor de los horripilantes abortos que durante un siglo le han servido al país noches de pesadillas, y una sociedad civil tan alfeñique que inspirara la obra de Harrison: Subdesarrollo es un Estado Mental.
El escritor, Carlos Alberto Montaner, en una de sus obras, luego de reafirmar el vergonzoso subdesarrollo latinoamericano, señala sus causantes análisis que pareciera especial para México. ¿Culpables? La respuesta es un rotundo sí, las elites del país. Los grupos que orientan cada paso de la sociedad actuando bajo cierta estructura de presupuestos intelectuales erróneos y contrarios a lo que produce el avance de los pueblos. Los responsables principales son la mayor parte de quienes ocupan posiciones de liderazgo en las estructuras sociales. Aquellos hijos de la historia quienes, con una visión nebulosa, creencias equivocadas y conductas impropias, alimentan un entorno que perpetúa la pobreza y la opresión.
Los primeros son políticos cuyo desprestigio es tal que, para ser elegidos, tienen que demostrar no ser practicantes de esa deshonrosa profesión. Que su filiación es otra, actores, empresarios, atletas, cualquier cosa menos políticos. ¿Por qué? Entre la multitud de causas sobresale la gran corrupción que por regla ha permanecido impune, pero en épocas de crisis las sociedades son vengativas con los saqueadores del país. Pero también, ante su claro deseo de perpetuar el status quo con sus interminables privilegios, temen esa sociedad les cobra la factura.
La pasarela continúa con los empresarios. Una de las ironías de México es la acusación en contra del desalmado capitalismo salvaje. Pero la verdadera tragedia es que en México hay muy pocos capitalistas sin temor al riesgo, la aventura y la innovación, Sobran aquellos jugando albures con cartas marcadas las que, mediante un rito especial, el mismo gobierno es el responsable de su distribución con las habilidades del mejor croupier. Ellos son los buscadores de rentas en sus relaciones con el poder político, no de ganancias creando valor en un mercado libre. Son empresarios que, para obtener esos privilegios, reparten su botín con los políticos responsables de las reglas. Es a ellos que se les identifica con ese capitalismo salvaje.
Continuamos con los representantes de la iglesia. Son aquellos religiosos que mantienen una prédica en contra de la libertad, economía de mercado y justifican la vulneración del estado de derecho al mismo tiempo que condenan la riqueza y bendicen la pobreza. Pero más triste es saber que adoptan esas actitudes armados de las mejores intenciones convencidos, en su ignorancia, de su defensa por la justicia social, cuando en realidad condenan a los pobres al fuego eterno de su miseria y desesperación. Y es que “el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones.”
Aparecen ahora los intelectuales. Si en alguna parte del mundo esta especie tiene Carte Blanche, es en México. La reputación que adquieren por su prosa, por la mezcla de sus colores, se extiende a todos los ámbitos de la vida pública y los convierte en sagrados todólogos nacionales. Y cuando esos seres afirman, su contenido pasa a convertirse en la sagrada escritura de nuestra cosmovisión. Por eso vimos a Monsivais debatiendo a Milton Friedman, Carlos Fuentes refutando los escritos de Hayek, la Poniatowska destrozando a Buchanan y así, generan un clima de hostilidad al establecimiento de una democracia liberal hiriendo de muerte el futuro de todos los mexicanos
Cerrando la fiesta emergen dos tipos especiales: los sindicatos corruptos y los enlamados revolucionarios enemigos del mercado, de la propiedad privada. Para ellos, la calidad del estado se mide por la cuantía del gasto social en que incurre sin entender que el propósito de cualquier sociedad sana y digna, debe ser reducirlo paulatinamente hasta que sea innecesario. No entienden que, con el entorno adecuado, los ciudadanos pueden vivir de su trabajo y progresar y ahorrar sin las trampas del gobierno. Los sindicatos liderados por los herederos de Don Fidel parecen tener como objetivo acabar con las empresas.
Este es el zoológico en el cual fueron entrenados los especímenes que identificamos como los tigres de don Porfirio y, para cerrar con broche de oro, yo incluyo el venenoso sistema educativo en manos de burócratas que durante tantos años ha deformado los idearios, valores y creencias de la juventud. Un sistema al que, irresponsablemente, cierta gente les delega la autoría en la formación ética y moral de sus hijos, sabiendo que estos soldados del sistema son los más inmorales y faltos de ética, y así tenemos el producto final:
Un país que se maquilla a base de firmas de relaciones públicas que operan como cirujanos plásticos haciendo maravillas. Pero no importa cuántos jaloncitos se dé o cuánto botox se inyecte. La suya será una fachada que no logrará cargar con el peso de la realidad que hay detrás de ella. Será el perfil de alguien que se hace una cirugía cosmética pero no logra extirpar el tumor canceroso que encubre.
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