Thursday, October 20, 2016

¡Dinero maldito que nada vale! (II)




“El dinero confeti e inflacionario puede subsistir mientras la gente no entienda lo que verdaderamente planean los gobiernos.”
RICARDO VALENZUELA
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Con el descubrimiento de América buscando nuevas rutas hacia el oriente y luego el inicio de la revolución industrial, el comercio mundial explotaba y las prácticas mercantilistas del viejo mundo provocaban el oro y plata se acumulaban en los cofres de Europa. Los EU con una primera amarga experiencia en su aventura de emitir papel moneda a finales del siglo XVIII y sin acceso al sistema inglés, el nuevo gobierno buscaba utilizar alguna moneda extranjera. Los americanos acudían entonces a su vecino del sur, todavía la Nueva España, pues era poseedora de las casas de acuñación de plata más grandes del mundo.


La riqueza producida en México y Perú, permitió el que las monedas españolas se convirtieran en las más demandadas del mundo. La plata abundante de América produjo algo especial que muy pocos historiadores mencionan; la expansión y democratización de la riqueza. Ahora estos metales podían ser utilizados por el hombre común, no solo la realeza, y el panadero pagaba su harina con monedas de plata, el harinero pagaba su trigo al agricultor igual. La plata reclutaba las clases bajas a un sistema comercial abierto creando una nueva burguesía. Nacía el hombre forjado por si mismo ya no heredero de la realeza, y los eternos siervos tenían, por primera vez, una avenida para abandonar su miseria.

Al lograr México su independencia, el nuevo gobierno inició su propia acuñación de pesos con un contenido más puro de plata. El nuevo peso mexicano—o dólar mexicano como se le llegara a conocer—de inmediato se convertía en la moneda de curso legal en los EU y así permanecería durante casi todo el siglo XIX. El prestigio de la plata mexicana sería tal, que la llevara a ser la base monetaria de la ricas cuencas del Pacifico y el Caribe, a pesar del manicomio político interno que nos llevó inclusive a perder la mitad del territorio.

Desde el siglo XVI aparecían ya algunas señales de las intenciones de los gobiernos para expropiar las monedas de sus ciudadanos y en España durante sus guerras, lo hacían para fundirlas y producir armas entregando luego a sus propietarios vales para supuestamente después redimirlos. Pero el padre del papel moneda sería el infamemente famoso John Law, quien provocara en Francia el primer fraude internacional en una sofisticada pirámide, usando papel moneda fraudulento que involucraba la colonia francesa en América; Louisiana.

La primera guerra mundial y la revolución mexicana coincidían en fechas y en otra cosa; en darle el tiro de gracia a la estabilidad monetaria. La primera a la del mundo, la segunda a la de México destruyendo lo que quedaba de aquello que llegara a ser la moneda del comercio del internacional; al dólar mexicano de plata. En 1913 los grandes banqueros del mundo habían formado ese misterioso ser que nadie vigila: El Fondo de la Reserva Federal el cual ahora, el libertario Ron Paul exige se audite por primera vez en su historia. Unos años después, Plutarco Elias Calles cerraba la pinza de la opresión en México creando, en paralelo con el monopolio político, el monopolio monetario en la figura de nuestro banco central: El Banco de México.

Los EU en 1935 inician el proceso de abandono de la plata mediante un acto de congreso, para sustituirla con el cobre. Para estas fechas y habiendo ya librado la primera guerra mundial, el mundo dejaba corrompido el patrón oro mediante la ilegal emisión de papel sin respaldo. Pero sería hasta el final de la segunda guerra mundial cuando un mundo liderado por el profeta; Keynes, paría un nuevo sistema híbrido con los acuerdos de Bretton Woods, mediante los cuales se entregaba ese nuevo monopolio feudal a los EU, con la burlona máscara de toda la potencia del oro en su retaguardia y del cual inocentemente se colgaba el resto del mundo.

Los EU con su compulsiva conducta, se daba a inundar el mundo con dólares sin respaldo para “financiar” el nuevo comercio internacional, pero los domiciliaban lejos de sus costas para no ahogarse de inflación….nacía el mercado de los eurodólares. Los exportadores empachados de papel—aparecían en la tesorería de los EU exigiendo ahora su conversión en oro. Nixon, entonces, renegando de los acuerdos decide flotar el dólar para darle vida el casino más grande del mundo. El dólar se devalúa y México se hunde en el calvario del cual todavía no salimos.

En los siguientes veinte años el oro resbalaría de $35 la onza, hasta $400 a mediados de los años 90. Es decir, en ese periodo el valor del dólar se derrumbó a menos del 10% de su cotización original, abriendo la puerta a los piratas de la especulación. Hoy día el mercado diario de compra—venta de monedas, es de 2 trillones de dólares de los cuales 20% es comercio el resto especulación. En estos momentos el precio del dólar ha ya rebasado los $1,000 dólares la onza de oro y hay quienes afirman velozmente se dirige a los $5,000.

México necesita evacuar este mundo de alcoholismo monetario con el cual nos han encadenado. De todas nuestras tragedias económicas que los políticos mexicanos han provocado, la más grave, ha sido la putrefacción de nuestra moneda. Si México no abandona la telaraña mundial tejida con monedas sin respaldo, esa araña va a devorar los despojos que dejen nuestros políticos después de sus modernas bacanales de los partidos. Si México permanece atrapado en el fraude que ejecuta el FED que ha emitido más de 3 trillones de dólares sin respaldo en los últimos meses, terminaremos en el fondo de ese océano inspirado por Keynes…y tal vez por El Infierno de Dante.

El dinero confeti e inflacionario puede subsistir mientras la gente no entienda lo que verdaderamente planean los gobiernos. Cuando descubran que el dinero en circulación se incrementa más y más cada día, mientras su poder de compra disminuye y los precios se disparan, entenderá que el dinero en su cartera se derrite aceleradamente. Es cuando algunos se dan a comprar “commodities” no por el placer de tenerlos, sino para preservar el valor de sus activos

México puede reconstruir el panorama monetario que lo asomó a la grandeza durante el siglo XIX, cuando nuestra moneda era la del mundo y el orgullo de los mexicanos. México tiene lo más importante, tiene las entrañas llenas de plata. Y si alguien va a mi tierra en Sonora para visitar un pueblo llamado La Colorada, los viejos residentes afirmaran que también esa tierra revienta de un oro despreciado e ignorado. Tal vez entonces podamos dejar de entonar esa popular canción: “Oye Bartola, ahí te dejo esos dos pesos.”

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